Impresiones de Julio Herrera sobre su nuevo libro «Faros. Luces del Norte»

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Faros-luces-cabo-ortegal.jpg

Recientemente he publicado mi último libro “Faros. Luces del Norte”. Es una obra que recoge a través de imágenes y breves textos la personalidad de los faros del norte de España.

Pero ¿qué entendemos actualmente por -faro-?

Sería una señal luminosa permanente situada en un promontorio y que en la oscuridad o mala visibilidad señala una situación o un peligro. Sin embargo, debemos de hacer una previa diferenciación entre faros y balizas.

    • Faros: su luz es blanca con intermitencias y suelen superar las 14 millas llegando hasta las 70 millas.
    • Balizas: de estructura generalmente mucho más sencilla, suelen ser de luz fija y de un alcance mucho menor. En ocasiones las balizas alcanzan categoría de faro y viceversa. Cuando marcan la entrada a puertos su luz es verde (estribor) y roja (babor).

Dentro de los faros, la clasificación tradicional se basa en seis órdenes:

    • 1.er orden: los de más potencia e intensidad. Se encuentran en lugares que dominan gran cantidad de kilómetros de costa. Su alcance oscila entre las 30 y 70 millas.
    • 2.º, 3.er y 4.º orden: referencia para la navegación de cabotaje y avisan de la cercanía de escollos, islas o bajos.
    • 5.º y 6.º orden: suelen marcar la entrada de una ría o un puerto.

Actualmente esta clasificación se ha visto muy afectada debido a los numerosos avances técnicos en iluminación.

Además de la diferencia por los órdenes tradicionales, los faros según su estructura tienen formas muy diversas. Normalmente constan de tres partes fundamentales más, en ocasiones casa del farero:

    1. Base
    2. Fuste
    3. Linterna
    4. Casa del Farero

BASE

Si no arranca directamente de la tierra éstas pueden ser muy variadas:

    • Un simple pedestal de hormigón: Lastres, Cabo de Ajo, Cabo Ortegal o Punta Roncadoira.
    • Arrancando del interior de la casa del farero: Ribadeo, Touriñan, Cabo Mayor.
    • Sobre primitivas estructuras: Castro Urdiales.

FUSTE 

    • Troncocónica: es la forma más tradicional y que mas identificamos con los faros. Además, suelen ser los faros más antiguos: Isla de Mouro o Castro Urdiales.
    • Troncopiramidales: la planta está formada por un polígono de cuatro, seis u ocho caras: Cabo Vilan, Cabo Torres, Silleiro, Salvora, Oms, etc.
    • Prismáticos de sección cuadrada: la planta forma un cuadrado y aquí encontramos el faro más antiguo de España: la Torre de Hércules, Luarca, o Cabo Higuer.
    • Cilíndricos: suelen corresponder a faros modernos, construidos sobre los años 80 y 90 del pasado siglo, en hormigón y respondiendo a una tipología muy similar con uno o dos balconcillos en su parte alta. (Muchos se construyen junto al primitivo faro sustituyéndolo): Cabo Ortegal, San Cibrao, Cabo de Ajo, Lastres, San Agustín, etc.
    • Diseños modernos muy variados: son los últimos faros construidos ya a finales del siglo pasado y comienzos de éste; en materiales muy dispares como: Punta Nariga, inaugurado en 1998, construido con rocas graníticas de diferentes tonos; el de Frouxeira, construido en 1992, con hormigón y con una extrañísima forma muy vanguardista e innovadora; o el faro de Gorliz, inaugurado en 1991, con una alta torre poligonal adherida a otra pequeña cilíndrica.

LINTERNA

Ocupa la parte superior del fuste y es el corazón del faro. Albergan la óptica del faro. Estas ópticas pueden ser fijas o giratorias, sobre una base de mercurio y estar accionadas por una maquinaria de relojería o un motor eléctrico. Normalmente llevan lentes dióptricas y catadióptricas.

Las más espectaculares, en las que el farero puede entrar en su interior, corresponden a los faros de 1.er orden como: el de Torres, Estaca de Bares o Machichaco.

Habitualmente la linterna se cubre con una cúpula que termina en una veleta con la fecha de construcción del faro y un pararrayos. Algunos faros tienen una linterna aérea, para que sirva de referencia a los aviones. En este caso, su cúpula está recubierta de cristales dándole un aspecto muy atractivo: Cabo Vidio, Punta Nariga o Gorliz.

CASA DEL FARERO

Son muy variadas y sólo existen en los más antiguos. Suelen estar adosadas al fuste del faro o sirviendo de base. Pueden ser circulares como: la de Cabo Mayor; cuadradas o rectangulares como: Cabo Higuer, Zumaia o Cabo Torres; o en forma de U: Silleiro, Sálvora o Cabo Peñas.

Además, el tamaño varia mucho dependiendo del número de fareros que se necesitase, siendo los de 1.er orden las más grandes con dos o tres plantas.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Faros-luces-Pancha.jpg

Antecedentes de Faros. Luces del Norte

Antes de la realización de este libro trabajé en otros proyectos que me fueron acercando cada vez más al mundo de los faros como:

  • La Costa Asturiana: El litoral mágico. 2002
  • Villas Marineras. 2014
  • Luz de Tormenta. 2016

El ámbito geográfico del libro lo define el propio titulo: Luces del norte.  Recoge los faros mas interesantes del Atlántico norte peninsular, es decir, desde Biarritz hasta Baiona.

El libro se divide en 4 capítulos:

  1. Galicia:         20 faros
  2. Asturias:      14 faros
  3. Cantabria:     7 faros
  4. País Vasco:   9 faros

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es Faros-luces-hercules.jpg

¿Qué encontraremos en este libro?

FOTOGRAFÍAS. Es un libro eminentemente fotográfico que buscan captar la personalidad y la unión de los faros con el paisaje natural. Hay muchos libros sobre faros, pero pocos sobre FOTOGRAFIAS DE FAROS.

Son imágenes realizadas en atardeceres, amaneceres, temporales, nieblas, tormentas o imágenes intimistas que describen su personalidad. Para mí, los faros no son simples construcciones humanas son el último vinculo entre hombre y naturaleza. Un intento por dominar las fuerzas de la naturaleza se ha convertido en una unión con ésta como en ninguna otra construcción humana.

Como cita Manuel Rivas al inicio del libro: los faros pertenecen a un orden especial de la naturaleza… Los faros son seres vivos. Más que formar parte del paisaje, lo crean.

TEXTOS.  Además, cada faro lleva una pequeña descripción en la que figuran sus características básicas como: el alcance, altura sobre tierra y sobre el mar, una breve reseña histórica y alguna anécdota o singularidad.

Al principio del libro como no podía ser de otra manera hago dos interesantes introducciones: una sobre los faros en general y otra sobre los fareros.

Edgar Max, Bill el Largo, nos ha enviado una fotografía de su ejemplar y la hemos incluido en esta galeria. Gracias.

Las Luces del Largo. 10 Finisterraes. Los faros de Galicia

Os presentamos la décima y última entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar escogió algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y nos los ha comentado durante diez semanas desde una perspectiva muy singular, dándoles un toque muy genuino. Muchas gracias por compartir tus lecturas con todos nosotros.

Edgar se ha quedado corto al describir la calidad de las imágenes

10.- FINITERRAES. Los faros de Galicia

(Xulio Villarino)

Última reseña de este invierno de luces.

No sé dónde -ni cuándo- estáis leyendo esto, pero por aquí, -por estas costas-, llevo ya manga corta y las horas de sol se alargan. Llega el momento, casi, de desempolvar viejos mapas y trazar rutas, de planear viajes a faros perdidos y desenterrar tesoros. Ya no habrá más rolletes pseudo-literarios los viernes al alba a vueltas con los faros. Pero antes del último trago, os dejo por aquí un libro que hará las delicias de los que buscáis horizontes espectaculares y puestas de sol de leyenda. Muchos otros quedan fuera, para otro invierno, pero éste contiene unos faros muy especiales para mí y debe estar en la lista.

Son los faros de Galicia. Tal cual. De Isla Pancha a Cabo Silleiro. Tanto si los habéis visitado y conocéis al dedillo como si no, las fotos del libro son tan chulas que merece la pena atesorarlo y perderte en sus paisajes; roquedales escarpados, oleajes salvajes y brumas que te calan hasta los huesos van desfilando ante nuestros ojos… Y ellos, claro, los monolitos erigidos por el hombre en esos lindes del continente, allí donde el sol se pone y los monstruos de los mapas acechan con las fauces abiertas. Un catálogo de viejos amigos retratados con cariño y pericia por Xulio que merece una banda sonora de melodías prohibidas tocadas con gaitas prohibidas. Aunque debo tener como 7000 fotografías tomadas por mí mismo de esos mismos faros, ninguna se puede comparar a sus majestuosas tomas, así que odio profundamente al autor por eso. Lo compré en una librería de Santiago -el libro, no el autor-, justo antes de meterme en una tasca donde… Bueno, siento que eso ya es otra historia.

No me extiendo más porque algún día, espero, visitaremos juntos muchos de esos faros, hasta Finisterre. Y es que allí donde terminan las rutas jacobeas llegó a su fin también el viaje de FDT y si me decís que es muy poco formal meter publicidad de tu propia obra en una “reseña”, os diré que en esta tasca virtual todo va de la mano: piratería y literatura, faros y naufragios, cómics y leyendas.

Gracias por leer.

¡Salud!

Portada del ejemplar de Egar Max en el que nos ha hecho un guiño con el calendario de Obsequia Regalos Inusuales que le regalamos.

Las Luces del Largo 9. The Wreckers

Os presentamos la novena entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Algunas de las impresionantes fotografías que ilustran el libro

9.- THE WRECKERS

(Bella Bathurst)

Hoy hacemos trampa, amigos…

¡Una historia de mares letales, falsas luces y barcos saqueados! reza el subtítulo de esta obra de Bella Bathurst, la penúltima de este ciclo de reseñas invernales marca Bill el Largo. Como adoro las simetrías y las historias circulares, echamos un vistazo a otro libro de la autora de “The Lighthouse Stevensons” -que fue el segundo libro que comentamos por aquí-. Lo más crudo del crudo invierno parece haber pasado ya, al menos por estas tierras, y diez siempre ha parecido un buen número para esta clase de cosas. Así que vamos a ir cerrando esta extraña historia de libros ajenos, retales de luces y mares embravecidos.

En castellano la palabra “raquero” no se aproxima ni por asomo al significado del término anglosajón “wrecker”, del que se supone que procede y que designa a un tipo muy específico de saqueador: el que roba o se aprovecha de los cargamentos de los buques naufragados; gentes costeras que hacen su vida andando al raque, sobreviviendo gracias a los naufragios que tormentas y escollos les enviaban. En ocasiones, -aunque es complicado de demostrar pero las leyendas así nos lo han hecho creer y la literatura así lo ha grabado en el imaginario colectivo-, parece que algunos llegaban a encender falsas luces (oscilantes linternas en lo alto de acantilados para simular las luces de otro velero, por ejemplo) para que algún barco equivocase su ruta y embistiese los traicioneros bajíos de rigor. Si habéis leído “Jamaica Inn” de Daphne du Maurier o visto la adaptación al cine de Hitchcock, ya sabéis de lo que hablamos (y si sois lectores fieles de FDT, también)…

Bella repasa la legislación sobre el tema desde sus oscuros orígenes hasta la actualidad y visita las costas más asesinas del Reino Unido, los lugares que sólo con nombrar hacen santiguarse a los capitanes de navío más veteranos. Es un relato apasionante, y aunque puede parecer a veces que se está estirando más de la cuenta con entrevistas que quizá no aportan gran cosa o divagaciones acerca del destino de las carcasas de las ballenas varadas, es un auténtico placer para los que escapamos de la realidad con estas cosicas. Con ella de la mano -vieja amiga ya si has leído su libro sobre los Stevenson- visitamos los arenosos bajíos de Goodwind Sands, en la costa este; el tormentoso Pentland Firth del brumoso norte; las islas Scilly y el infame Cornualles, donde estaba (y está) la Posada Jamaica, la novela que asoció para siempre ese rincón de Inglaterra con esta extraña forma de piratería.

-Entonces, a ver si lo entiendo… ¿es este un libro sobre faros, Largo, o qué?-interrumpe un lector convulso.

Pues no, la verdad. Ésta vez hago de trilero. No sale ni uno.

Pero no podía faltar en este listado de libros de faros por ser, precisamente, el negativo necesario, el lado oscuro, lo que sucede en ausencia de luces. Si los Stevenson fueron una saga familiar de “héroes” salvíficos, los “Wreckers” son los villanos que medran en la sombra y la desgracia, los que acercan el cuchillo a la garganta del marinero a medio ahogar. Aunque podríamos descender al abismo del contexto socio económico de cada época y dinamitar esa interpretación de opuestos ramplona, no lo hacemos (Bella no lo hace) y nos quedamos con la búsqueda de ese reverso tenebroso algo esquivo. Tras leer el libro no queda claro si verdaderamente se llegaron a encender falsas luces para “ayudar” a las tormentas a hacer su trabajo o, más bien, los wreckers eran “villanos” en su sentido original, aldeanos, que sobrevivían con las generosas aportaciones de corrientes marinas, ciclogénesis explosivas y alevosas rocas. Queda al arbitrio de la interpretación de abstrusos apuntes judiciales y al pálpito de cada uno…

Más allá del tema principal, -y de la posibilidad de un estudio profundo de las causas políticas del fenómeno-, abunda la información sobre las maneras de vivir y las creencias de los habitantes de estas costas mortíferas. Ahí es donde, en mi opinión, está el tesoro de este libro: en los apuntes que vas cogiendo para apuntalar tus propias futuras historias ambientadas en un mundo donde al náufrago es mejor dejarlo morir, -puesto que Dios es el que envió la tormenta y salvarlo es quebrar SU voluntad-, y donde gente acuciada por el hambre se emborracha y se entrega a bacanales desmedidas cuando toneles y toneles de licor llegan a la costa como un regalo divino; donde las casas están fabricadas con tablones de barcos naufragados y en cada jardín hay un mascarón de proa; donde la cubertería de un granjero de Orkney pueda tener grabadas las iniciales de un capitán de navío y sus sábanas ser de la mejor seda…

Así que no hay faros hoy, sólo hienas marinas, pero los habrá la semana que viene…

¡Salud! 

Ejemplar del libro de Edgar Max

Las Luces del Largo 8. Cuaderno de faros

Os presentamos la octava entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Yaquina Head lighthouse uno de los faros mencionados en el libro

8.- Cuaderno de faros

(Jazmina Barrera)

Me lo recomendó un amigo, uno de estos que escriben cosicas y encima se las publican, otro amante de los faros. A él, a su vez, se lo había hecho llegar otro amigo sabedor, supongo, de su infame filia. Así funcionan estas cosas, claro.

Me hice con él en cuanto pude y devoré este “Cuaderno de faros” en un par de ratos de insomnio. Aunque “paladeé” hubiese sonado más apropiado, la verdad. A caballo -de espuma- entre el ensayo, el libro de viajes y el diario más introspectivo, las páginas de esta obrita están repletas de faros visitados por la autora y faros leídos por la autora: experiencias, impresiones y faros literarios se funden en una narración de ritmo sincopado que se lee con el mismo deleite que puedas sentir al encontrar un viejo álbum de fotos que creías perdido con tus propias vivencias de juventud. Y es que, aunque conozcas los faros de los que habla, -por haberlos visitado en vivo o en libro-, la voz de Jazmina Barrera los pinta de color sepia, -el de “su” nostalgia-, en tu mente. Y si no los conoces, tras haber leído el libro, creerás haberlos visitado tú mismo. Como si te hubieran implantado apacibles recuerdos con la máquina aquella de Total Recall.

En sus páginas redescubres a viejos amigos, como los Stevenson por ejemplo, y haces paradas en lugares comunes; lugares semióticos, mapas emocionales por los que sientes que has transitado años atrás, reflexiones que, quizá, nos hayan asaltado a todos los que, de alguna forma, “coleccionamos” faros… Esas reflexiones de la autora parecieran pertenecer a otro mundo, uno sin teléfonos celulares ni internet; uno donde Walt Whitman todavía se pasease por los bosques componiendo poemas y a cada vuelta del camino, en un claro en la fronda, un pintor paisajista estuviese descorchando una botella de vino para un improvisado picnic. Cada párrafo, cada faro, se tiñe de nostalgia y anhelo; aunque se trate de líneas garabateadas en el momento mismo de vivir la experiencia, la nostalgia está ahí ya, como una raíz negra difícil de extirpar.

Creo que he conectado bárbaramente con los escritos de esta autora mejicana, casi escuchando el “click” en mi cabeza; yo, que acumulo cuadernos de bocetos repletos de faros y playas, de acantilados y barcos pesqueros y puertos y bares donde fui inmensamente feliz, sé que todas esas rayitas hechas en el momento sólo son vanas tentativas de eternizar el instante, de congelar ese momento de Nirvana total, de mantener a tu tripulación eternamente joven. Y de mantener, también, los faros llenos de vida, rodeados de gaviotas y barcos pesqueros, y emitiendo su luz por siempre, sin automatismos, gracias a un farero. Así que, pienso, bocetos, tatuajes y canciones son muletas que ayudan a caminar, por lo que nos quede de vida, atesorando los recuerdos más preciados. Hubiese querido que este “Cuaderno de faros”, simpatiquísimo, durase cien o doscientas páginas más; que la autora me comentase por completo las memorias del viaje de Robert Stevenson y Walter Scott, -leídas ya tiempos atrás-, y que hubiese podido visitar cientos de faros más para contárnoslos todos. Porque sé que los recuerdos de estos raticos, leyendo este libro en la quietud de la madrugada, -mientras la tripulación duerme, joven y hermosa y llena de sueños-, se alargarían también en mi memoria, congelando así los instantes de felicidad en que ha trocado mis desvelos.

Gracias, Jazmina.

¡Salud!

Ejemplar del libro de Edgar fotografiado delante del faro de Mesa Roldán

Información sobre los faros en el mes de febrero (3ª parte)

Febrero

1919. Thomas Jefferson Steinhise asciende de categoría y pasa de ser ayudante del farero de “Tangier Sound lighthouse”; un faro situado en Tangier Island {Virginia} a convertirse en el farero de “Lower Cedar Point lighthouse”, ubicado en Lower Cedar Point, río Potomac, condado de Charles, estado de Maryland (Estados Unidos).

-1920. Un violento temporal de Levante azota la costa cartagenera, dejando aislado al torrero del “faro de islas Hormigas” y a su familia durante quince días. No se les pudo proveer de víveres y agua durante ese tiempo. Finalmente, todos fueron rescatados por un buque de la Armada. El faro se encuentra en el islote de las Hormigas, La Manga del Mar Menor, Cartagena, Región de Murcia (España).

-1929. Dos torreros destinados en la provincia de Almería, Andalucía (España) solicitan en nombre y representación del Cuerpo de Torreros de Faros, el cambio de denominación por otra mucho más adecuada, «Oficiales de Faros y Señales Marítimas». La solicitud fue desatendida por el Ministerio de Fomento.

-1992. Se electrifica mediante el uso de energía fotovoltaica el “faro de la Isla de Sálvora”. Se complementa durante la primera parte de la noche con la energía de los grupos electrógenos. El faro está situado en la isla de Sálvora, bocana de la ría de Arosa, archipiélago de Sálvora, Riveira, provincia de A Coruña, Galicia (España).

Las Luces del Largo 7. Eso no estaba en mi libro de Historia de los Faros

Os presentamos la séptima entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Los dos artífices de esta entrada: Mario, farero y escritor y Edgar, profesor y dibujante. Ambos en la linterna del faro de Mesa Roldán

7.- Eso no estaba en mi libro de Historia de los Faros

(Mario Sanz Cruz)

Últimamente he tenido ocasión de conducir por la pronunciada cuesta que lleva al Faro de Mesa Roldán unas cuantas veces. Dejas atrás Carboneras, la central térmica y la Playa de los Muertos -adonde las aguas solían arrastrar los cadáveres de los pescaderos perdidos en la mar- y serpenteas por una carretera que haría las delicias de los protagonistas de “El salario del miedo” hasta subir a lo alto de la Mesa de Roldán. A tu derecha queda el torreón, -algo solitario sin Daenerys Targaryen y sus acompañantes alados en Juego de Tronos-, y enfrente el faro de Mario. Más allá del precipicio, el Mediterráneo. Como suelen decir en tripadvisor los que esta zona visitan, “sólo por las vistas ya merece la pena”.

Si os cuento todo esto es porque en el faro hay un farero. Un tipo peculiar. Es Técnico de Señales Marítimas y autor de numerosos libros y guiones. Con paciencia, esfuerzo y meticulosidad ha reunido a lo largo de sus muchos años de servicio una colección espectacular sobre la Historia de los Faros, una especie de gabinete de curiosidades destinada a enloquecer de placer a la gente que ama el mar y los faros o que, simplemente, siente curiosidad por el tema. Por sus estancias puedes ver múltiples modelos de faros y barcos, antiguas bombillas y boyas, aparatos de radio, mapas y cartas náuticas, megáfonos, sirenas, oxidadas partes de los sistemas rotatorios; fotografías de fareros pasados, extravagancias, calendarios, cuadros, láminas, viejas ánforas y libros, muchos libros… Cualquier cosa que se os ocurra, en definitiva, que esté relacionada con nuestro tema tiene cabida en su museo. Y Mario, encima, lo enseña con placer a todo aquel que esté interesado en verlo… Y por amor al arte. A la salida tienes la opción de dejar un par de doblones si quieres echar una mano al mantenimiento de esta galería de maravillas náuticas.

Pero más allá de deleitar a decadentes autores de cómic nostálgicos de un mundo romantizado que nunca conocieron, Mario y su museo tienen una misión, como los Blues Brothers. Sabe que él es uno de los últimos representantes de un oficio en extinción y que los faros tienen un futuro brumoso en un mundo plagado de satélites y en vertiginosa evolución. Sueña con que los faros no se apaguen nunca y que sus instalaciones, patrimonio cultural de todos, sean reconvertidas en museos locales para la divulgación de su historia, la de los hombres y mujeres que vivieron y murieron a pie de torre, dejando sus mejores años para mantener viva una luz salvífica. Me parece un hermoso sueño. Un sueño accesible, que habría que cuidar y mimar hasta que se haga realidad y permita, a su vez, soñar con un mundo perdido a nuevas generaciones de decadentes autores de cómic. Lugares maravillosos donde poetas y antropólogos acudan de la mano en peregrinación y donde los niños aprendan de otros tiempos, donde no todo estaba al alcance de un click.

Así que, amigos artistas, si queréis dibujarle un faro a Mario y mandárselo, estoy seguro de que tendréis una jarra de cerveza, algún día, esperando en el Fiddler’s Green.

Si no podéis visitar semejante maravilla y echar un rato de charla con él, -lástima-, sí podéis conseguir su obra “Eso no estaba en mi libro de Historia de los Faros”. Es lo más parecido. Pero os advierto que deberéis consumirlo a trago corto. Tras los diez primeros minutos de lectura había subrayado ya tantas cosas y hecho tantas anotaciones que comprendí que debía relajar el ritmo. Y es que Mario nos lleva y nos trae por sus páginas con la cadencia de un mar picado, como la charla de un viejo aventurero que hilvana anécdotas para aprendices de brujo. Faros de aquí y de allí, historias de naufragios, de locura y muerte, de abnegación y heroísmo; anécdotas de fareros más pícaros que el Buscón; tormentas, terremotos, tragedias y mil cosas más… Todo en 300 páginas que has de leer con café, lápiz y un atlas a mano.

Luego quizá, ojalá, podáis venir a visitarle, acribillarle a preguntas y, por supuesto, disfrutar de las vistas.

¡Salud!

Algunos de los libros escritos por Mario en una de las vitrinas que conforman su museo

Las Luces del Largo 6. Fyrar Runt Östersjön

Os presentamos la sexta entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Mapa con todos los faros existentes en los diferentes puntos de la costa del mar Báltico.

6. FYRAR RUNT ÖSTERSJÖN

(Magnus Rietz)

Sólo de mirarlo ya me entra frío y me invade la nostalgia.

Lo compré en una librería de Gotemburgo en diciembre de 2019, cuando todavía no sabíamos que un mundo de confinamientos y mascarillas nos aguardaba faca en mano a la vuelta de la esquina. Los ejemplares iban precintados y no se podía hojear el interior, pero me la jugué igualmente, sin tener tampoco ni idea del significado del título. Tampoco me fijé en si todas esas coronas suecas eran muchos euros. Ya sabéis, esos impulsos cuando estás de viaje, el dinero parece de mentira y no quieres ni pensar en regresar al hogar.

Cuando lo abrí por fin en el Olhallen delante de unas pintas experimenté un extraño momento de asombro que ahora, en verdad, es bastante vergonzante (sobre todo para un profesor de Ciencias Sociales). Un mapa a doble página de un mar se desplegaba ante mí plagado de numeritos y sin un solo topónimo. Supuse acertadamente que cada numerito era un faro pero, estúpidamente, no reconocí el mar. Ni siquiera, por unos segundos, tras mirar la orientación de la rosa de los vientos. Esperaba encontrarme la fachada occidental de Suecia y estaba claro que eso no lo era. Me sentí memo total hasta que un trago de cerveza negra después entendí la cuestión: sólo tenía que girar el libro para reconocer el mar Báltico. Eran, pues, los 181 faros del Báltico. Y yo un tarugo.

Siempre he visto los mares interiores con algo de tibieza y no pude evitar sentir cierta decepción. Pedí otra ronda de porter y lo fui hojeando. Poco a poco, un universo de faros totalmente desconocidos se desplegó ante mis ojos. Aprisionados en mares de hielo algunos, vetustos y abandonados en islotes otros, bañados por la aurora boreal unos cuantos, sepultados por metros de nieve los que más… Trago a trago, página a página, me fui encariñando con los faros fríos y misteriosos de Suecia, Dinamarca, Alemania, Polonia, Lituania, Letonia, Estonia, Rusia y Finlandia. Pese a no entender ni papa de sueco estaba claro a qué país pertenecía cada uno y, al menos, los metros de altura y el año de construcción. Para mí, suficiente; las espectaculares fotografías hablaban por sí solas. El autor mostraba el mismo deleite en retratar la belleza desolada de los parajes y los detalles de las lentes; también cierta prolijidad a la hora de recrearse en los desmanes de la climatología y el abandono. Algunos -pocos- fareros sonrientes, embutidos en monos para el frío extremo, despiertan una simpatía rayana en la lástima; dan ganas de invitarles a un vodka. En definitiva, es un muestrario hermoso y glacial.

Ahora, en mi recuerdo, la imagen de aquella tasca atestada de parroquianos, con las mesas juntas a más no poder, ruidoso y desenfadado, se asocia siempre a la de este tochaco de faros congelados y elegantes incluso en su decadencia. Y parecen remembranzas de otra vida y otro mundo.

¡Salud! 

Una de las impresionantes fotografías que ilustran este libro

Portada del ejemplar de Edgar Max

Impresiones de Paula Vallar Gárate, autora de la acuarela solidaria

En una anterior entrada os hablamos de la iniciativa solidaria de María, propietaria de “Acuarela Enmarcaciones”. Ella solicita la colaboración altruista de los artistas locales para conseguir fondos que se donan íntegramente a la «Cocina Económica Santander», una organización benéfica que funciona en Santander.

Pegatina de la cocina solidaria

Hemos tenido la enorme fortuna de poder intercambiar impresiones con la artista Paula Vallar Gárate, autora de la lámina que se puso a la venta.

La imagen escogida es la boya número 14, y el motivo es porque, para quien navega, es una boya bastante representativa, pues, al contrario que las demás, esta es una construcción no flotante. Es de ladrillo, y se la llama La Comba. Al fondo, el faro que se ve, es el de la isla de Mouro. Es un faro muy conocido de Santander, sobre todo cuando la mar se pone brava, porque las olas chocan contra la isla sobre la que está construido, y crea una imagen bonita e impactante. No me suele gustar describir lo que representa el conjunto de la imagen… prefiero dejarlo a la imaginación.

Un saludo y feliz día 😉

La famosa Boya número 14

Para todos aquellos que queráis conocer la obra de Paula o estéis interesados en hacerle algún encargo os dejamos los enlaces a sus páginas.

Logo de la artista

No podemos terminar esta entrada sin agradecerle expresamente a Esmeralda Udías del Castillo dos cosas: la primera, que nos hablase de esta interesantísima iniciativa y la segunda, que nos hiciera llegar la lámina solidaria. Esa lámina nos ha servido para ilustrar las palabras de Paula Vallar. Muchas gracias, Esmeralda.

Las Luces del Largo 5. Lighthouse

Os presentamos la quinta entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Algunos de los personajes entrevistados que aparecen en este libro

5.- LIGHTHOUSE

(Tony Parker)

No suelo poner calificaciones numéricas a los libros, pero éste sería un 10 con mención honorífica.

Tony Parker fue un entrevistador y recopilador de historias orales británico de enorme relevancia en el mundo anglosajón del siglo XX. En sus entrevistas los protagonistas, -madres solteras, criminales convictos, pervertidos, vagabundos, parias…-, se sinceran a gusto y revelan vivencias y recuerdos en ocasiones durísimos. De él se decía que tenía el don de generar confianza plena en los entrevistados simplemente con sus silencios. Por suerte para nosotros empleó esa habilidad en dar voz a los que en aquel entonces (bueno… hoy igual) no la tenían y nos dejó sus libros como testimonio vivo de la marginalidad.

En 1975 publicó este libro, “Lighthouse”, en el que entrevistaba a la última generación de fareros de Gran Bretaña. El romanticismo de un oficio en extinción y su naturaleza única convierten a los entrevistados en sujetos que comparten con el resto de protagonistas de Parker una cierta exclusión; en este caso no por su moralidad transgresora, su origen humilde o sus decisiones fatídicas, sino por su propia condición de gente que vive en un limbo, entre el cielo y el mar, encargados de cuidar una luz para salvar barcos que, si todo va bien, jamás verán.

Puedo deciros que la obra trasciende de tal forma nuestro tema habitual que lo recomendaría a cualquier lector interesado en… Bueno… en el jodido ser humano y sus maravillosas miserias. Funciona así: un breve párrafo descriptivo del personaje que va a hablar -normalmente un farero fumando como un carretero y bebiendo café o una esposa de farero fumando como una carretera y bebiendo sherry- y a continuación las respuestas del personaje. Nunca aparecen las preguntas, dan igual. Tony Parker se difumina, desaparece detrás del humo del tabaco y el ruidillo de la bobina de la grabadora, y de repente estáis sólo tú y el entrevistado frente a frente. A veces es tan íntimo y absorbente que se te olvida que no es una novela. “Sólo” gente de verdad hablando de experiencias reales en faros aislados, o en puertos transitadísimos, de su forma de entender su trabajo y la propia vida, de la soledad y la rutina, de su amor u odio por el mar (de todo hay), de la responsabilidad, del sacrificio y de la pérdida. Poco a poco estos hombres y mujeres se van dibujando en tu mente, cada uno con su particular forma de hablar, con su personalidad abierta en canal. Los que preferirían estar en otra parte, los taciturnos que aman las torres aisladas y se cabrean si el mal tiempo les impide incorporarse a tiempo tras sus cuatro semanas de permiso, los que han perdido compañeros de faro en accidentes absurdos y misteriosos, pero mortales; las mujeres abnegadas que aceptan esa vida con resiliencia a prueba de bombas y las esposas que lamentan cada cambio de destino maldiciendo el desarraigo y al propio mar que le separa de su esposo… Las rencillas y las relaciones personales que se establecen entre ellos convierten la obra, por si fuera poca cosa, en una especie de colmena humana que supera con creces al mejor folletín y te sorprendes esperando con ansia que aparezca la entrevista con ese “fulanito” del que tan mal han hablado los otros. Como comer pipas, oigan.

Este desfile de personajes te hace pasar las páginas sin darte cuenta que la madrugada ha llegado y en breve empieza tu guardia. Con estupor recuerdas que esta buena gente que hace un instante te estaba hablando al oído está jubilada hace ya muchos años, -otros estarán muertos-, y da cierta pena comprender que ya no hay fareros encargados de apagar la luz. Que un automatismo gobierna una estructura vacía, hoy día carente de auténtica funcionalidad según muchos, y que aunque sigan girando sus linternas en la noche, lo hacen sin el componente humano. Y lo podrán seguir haciendo para gaviotas, focas y ballenas aunque un virus, por ejemplo, acabe con la especie humana… Si cierro con una nota melancólica es porque ese, precisamente, es un pensamiento recurrente que mencionan varios protagonistas del libro: en la guardia nocturna, encaramado a una balaustrada en mitad del océano, muchas veces el farero se pregunta si el mundo habrá llegado a su fin y quizá sea él el último superviviente de la Humanidad. Y al leerlo, me vienen a la mente los terrores del niño que, antes de dormir, se inquieta pensando qué pasará si sus padres se duermen antes que él; si todo el mundo se duerme antes que él y, por lo que sea, sólo quedan sus ojos abiertos en la oscuridad.

“You extinguish the light at sunrise and every time it’s my watch and I do it; it gives me a thrill. It’s like you´re in charge of starting the day; the light’s done its job so you’re letting the sun take over. It feels really good”.

¡Salud!

Portada del ejemplar de Edgar Max

Información sobre los faros en el mes de enero (2ª parte)

Enero

-1886. Se entrega en el -Lighthouse Depot- Depósito del Faro, la estructura de hierro de la torre de “Romer Shoal lighthouse”. Posteriormente, el faro se ensamblará sobre un muelle construido en -Romer Shoal- un banco de arena ubicado en la entrada a -New York Bay- bahía de Nueva York, estado de Nueva Jersey (Estados Unidos).

1897. La -Lighthouse Board- Junta de Faros, a pesar de los numerosos problemas surgidos con la calidad del cemento utilizados en la construcción de “Spring Point Ledge light”, decide abonarle la tercera parte de lo estipulado en el contrato a Thomas Dwyer. El faro se encuentra en Spring Point Ledge, puerto de Portland, Portland, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).

1897. La -Lighthouse Board- Junta de Faros, autoriza al primer ingeniero del distrito de faros a reservar 3.200 $ para la adquisición de la lente y el aparato de iluminación de “Spring Point Ledge light”. El faro está situado en Spring Point Ledge, Portland Harbor, Portland, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).

1904. Los miembros de la Junta de Faros inspeccionan Tasman Island, Cape Pillar y las rocas Hippolyte con la finalidad de elegir el mejor enclave para la ubicación de un faro. Tras elaborar un informe, el almirante Fanehawe decide que el faro debe construirse en la isla de Tasmania. Así, se levanta “Tasman Island lighthouse” en la isla de Tasmania, estado de Tasmania (Australia).