Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (5ª parte)

Historia de los técnicos-mecánicos de señales marítimas

Hasta finales del siglo XVIII era un trabajo durísimo, sobre todo, para aquellas personas que trabajaban en los faros de madera y carbón, puesto que tenían que hacer fuego al aire libre y soportar las inclemencias del tiempo. Por desgracia, a la dureza del trabajo había que añadir las condiciones de vida, ya que en muchos casos los fareros no disponían de aljibes en los faros y tenían que realizar ellos mismos su propio abastecimiento de agua. En los faros ubicados en el mar cuando las condiciones climatológicas eran adversas los fareros podían estar semanas sin recibir nada del exterior.

Llegamos al siglo XIX, con la invención de la linterna (luces con espejos o lentes), los trabajos se simplificaron, pero, aun así, no perdieron la dureza que siempre ha caracterizado a este oficio. Las lentes y los espejos tenían que ser pulidos constantemente; los mecanismos de relojería tenían que ser lubricados, etc. Por otra parte, todos estos avances exigían una mayor cualificación de los torreros. La invención de la radio y su posterior uso en los faros sirvió para mitigar el proceso de aislamiento que durante siglos vivieron los torreros y sus familias.

Sin duda, un invento que revolucionó los faros fue la electricidad, aunque para desgracia de los fareros ésta no empezó a implementarse en los faros hasta finales de este siglo. Por suerte, la electrificación conllevó mejoras en las tareas de los fareros, consiguiendo aliviar la carga de trabajo. Se incorporaron tareas nuevas, pero menos fatigosas que las anteriores.

Afortunadamente, en el siglo XX todas las tareas relacionadas con los faros cambian de forma radical. En primer lugar, gracias a la electricidad y, después, por la automatización de los faros. Este último hecho fue tan significativo que conllevó la desaparición de los fareros después de siglos de abnegada dedicación.

Queremos destacar el modelo de los fareros finlandeses porque el Gobierno finlandés reguló en todo momento las condiciones laborales de los mismos. De ese modo, mientras en España se le permitía al torrero que conviviese con sus hijos en edad de escolarización en Finlandia desde 1921, estaba regulada la educación obligatoria, por lo que los hijos de los fareros no podían permanecer con sus padres en los faros. Correspondería a los psicólogos evaluar la conveniencia de la aplicación de esta norma en los distintos países.

A pesar de todos los avances tecnológicos, que mejoraron de forma notable el día a día de los fareros, no podemos olvidar que tanto éstos como sus familias tenían que seguir enfrentándose a otros problemas diariamente. Los principales que podemos mencionar eran: el aislamiento y el abastecimiento. Como consecuencia del aislamiento físico se produjeron muchas muertes por accidentes o simplemente por falta de atención médica, que hicieron que sus vidas no fuesen placenteras. Valga como ejemplo decir que, en los casos de parto, la mujer del farero no contaba con más ayuda que la de su marido. En cuanto al abastecimiento, más de lo mismo, las condiciones meteorológicas condicionaban que se les pudiera proporcionar alimentos con cierta periodicidad.

Continuará…

Autor: Los faros del mundo

Egresado del primer máster de "Historia y Patrimonio Naval" de la Universidad de Murcia, que pretende conseguir y difundir la mayor cantidad de información posible sobre el fascinante mundo de los faros.

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