Os presentamos la última entrega parte del “farol do Cabo Espichel”, conocido en España como “faro de Cabo Espichel”. Como ya sabéis, nuestra amiga Arual lo visitó durante sus vacaciones de verano el año pasado. En esta ocasión, no vamos a ofrecer datos sobre el faro, sino que sólo os mostraremos todas las fotografías que nos ha proporcionado.
Tan solo una curiosidad, es uno de los seis faros más antiguos de la costa portuguesa. Todos ellos fueron construidos antes de 1800.
De camino al faro nos encontramos con este bonito grafiti de la torreSantuario de Nuestra Señora del Cabo Espichel. Antes de la creación del faro, se encendía una hoguera en los alrededores del santuario como guía a los navegantesAlrededores del cabo EspichelImpresionantes vistas del cabo Espichel y del faroDejamos atrás un faro y vamos camino del siguiente
Aprovechamos para agradecerle a nuestra amiga Arual tanto sus fotografías como que nos haya proporcionado algunos datos sobre este faro.
Coincidiendo con la 2.ª edición del libro -Breve Atlas de los Faros del Fin del Mundo- de Ediciones Menguantes, hemos tenido la enorme fortuna de contactar con José Luis González Macías, el autor del libro más codiciado por todos los amantes de los faros estas pasadas Navidades.
Antes de seguir, queremos agradecerle el detalle que ha tenido con nosotros, puesto que nos ha facilitado toda la información que le hemos requerido y por si eso no fuera bastante ha tenido la deferencia de enviarnos un ejemplar de su libro firmado. Muchísimas gracias por tu colaboración desinteresada, José Luis
Le hemos formulado a José Luis a una serie de preguntas para que nos describa su experiencia tanto con los faros como a la hora de escribir este interesante libro.
¿Por qué has escrito sobre los faros?
No es de fácil explicar porqué los faros son el tema elegido para un libro por alguien de interior y que no ha estado ligado nunca con el mar. Pero la fascinación procede precisamente de eso, de ser para mi algo desconocido, cargado de belleza y misterio, y que no puedo observar en mi día a día. Eso le da una especie de aura. Pero por otro lado siento un poco de pudor porque no soy un especialista faros, aunque he intentado acercarme a ellos con respeto y rigor.
El proyecto comenzó por el tejado. Tenía claro que quería elaborar un libro concebido como un atlas, con historias breves y acompañadas de gráficos, ilustraciones y mapas (estas son cosas que estoy acostumbrado a hacer). Los faros llegaron después fruto de la casualidad. Todo comenzó con el encargo de una ilustración para la portada de un disco donde tuve que dibujar unos faros y poco tiempo después cuando, a través de otro trabajo profesional, conocí un relato sobre del faro de la isla de Stephens y el Xenicus Lyalli, un pequeño pájaro neozelandés. Me dejó tan impresionado que indagué más en la historia. Al profundizar en ella la hice mía y sin quererlo fueron apareciendo más historias alrededor. Como en un torbellino, me vi atrapado por el apasionante mundo de los faros y casi dos años después acabé el libro.
¿Has visitado alguno?
El libro habla sobre faros aislados repartidos por todo el planeta. La mayoría de ellos son muy difíciles de visitar. Llegar a otros, sin embargo, no es demasiado complicado (si el mar te deja…). El título está tomado de la novela de Julio Verne El faro del fin del mundo. El escritor francés se inspiró en un faro que lució en la Patagonia argentina a finales del siglo XIX y que nunca visitó. Mi intención era la de confeccionar el libro de esta misma forma, inspirado solo por textos y fuentes de información y viajando sólo desde el sillón.
Pero a finales del pasado septiembre, cuando el libro estaba prácticamente terminado, sentí la repentina e imperiosa necesidad de estar al lado de al menos en uno de ellos… Salí con premura hacia Castellón con la idea de llegar a Columbretes en el último ferry de la temporada. En el último momento el barco no pudo salir a causa del mal tiempo. Así que tendré que esperar hasta la primavera. Es la naturaleza la que decide cuando puedes llegar o salir de un faro remoto.
¿Qué te llama más la atención de los mismos?
En muchos faros aislados se han sucedido episodios de gran intensidad. En los siglos XVIII, XIX y gran parte del XX todos estos faros estaban tripulados (ahora ya quedan muy pocos) y la vida de sus cuidadores estaba totalmente expuesta a las fuerzas de la naturaleza, el viento, las tormentas y el mar…. Los sucesos que ocurrieron en estos lugares permiten indagar en la condición humana y en las situaciones que la ponen al límite.
Por otro lado, tanto la arquitectura como la construcción de estos edificios tan bellos en emplazamientos tan remotos y salvajes -y su cometido de dar seguridad a los marineros- es por si misma una historia sobre el progreso de la humanidad.
Otras cuestiones…
En el libro hay 34 faros, pero podrían ser muchos más. Uno de los aspectos más complicados fue decidir qué faros estarían en sus páginas y cuáles se quedaban fuera de él. Intenté alcanzar un equilibrio entre faros muy conocidos y faros más escondidos, y hubo un esfuerzo para que no quedaran fuera historias que tuvieran que ver con mujeres fareras o para que estuviesen representados faros de todos los continentes. Pero es imposible agradar a todo el mundo… mis amigos gallegos me reprochan, con razón, que no haya ningún faro de Galicia.
Cada faro está descrito en un ejercicio de simplificación. Existe muchísima documentación sobre faros. Lo complicado es sintetizarla y contarla de una forma sencilla y visual. La historia de cada faro está relatada parcialmente, muchas veces sujeta a un solo hecho o anécdota y construida como una obra de orfebrería para que ocupe menos de quinientas palabras. Esto era importante para mantener el ritmo de la publicación, en la que el diseño y el contenido están cuidado por igual.
Sólo podemos añadir una cosa. Muchas gracias y mucha suerte con las ventas. Un fuerte abrazo, José Luis.
Os presentamos la segunda entrada con las fotografías de la “Torre de Hércules” realizadas por el conocido fotógrafo Sindo Novoa. Nuestro amigo Sindo está presente en todas las redes sociales y si queréis saber más cosas de su trabajo tan solo debéis seguirle en el siguiente enlace:
Vamos a añadir unos cuantos datos sobre el faro, pero lo realmente interesante es disfrutar de la espectacularidad de las fotografías.
Un hermoso velero navegando por delante de la Torre..¿una estampa del siglo XVIII o XIX?
La Torre de Hércules se encuentra en Punta Eiras, una loma ubicada entre Punta Herminia y Punta del Orzán sobre una pequeña península.
La Torre de Hércules iluminada de azul
A pesar de los siglos la Torre de Hércules sigue siendo un referente mundial, quizás uno de los monumentos más fotografiados en nuestro país. Nuestro amigo Sindo es el máximo exponente de estas palabras, puesto que fotografía la Torre con cada evento en la que se ilumina o incluso desde las perspectivas más insólitas que podamos imaginar.
Panorámica desde las proximidades de la Torre de Hércules
En 1861, finalizan los trabajos de acondicionamiento del entorno del faro, consistentes en la construcción del camino de acceso y de una plataforma que rodea la base de la Torre.
La luz de la torre emerge entre todas las construcciones coruñesas
Queremos agradecerle a Sindo Novoa la deferencia que ha tenido al cedernos sus fotografías desinteresadamente para que las compartamos con todos vosotros.
Os presentamos la segunda parte del “farol do Cabo Espichel”, conocido en España como “faro de Cabo Espichel”. Como ya sabéis, lo visitó nuestra amiga Arual durante sus vacaciones de verano el año pasado.
Descripción
Es un faro construido según la tradición de diseño de las escuelas de ingeniería del siglo XIX, siguiendo un esquema clásico, ya que la torre del faro se encuentra en el centro de la construcción al igual que en otros faros de la época.
La torre de faro es hexagonal. Tiene 32 metros de altura y está dividida en cuatro plantas. Está flanqueada a ambos lados por edificios simétricos de un piso de planta rectangular. A un lado, nos encontramos con la {casa dos Motores, casa do Rádio-Farol y el taller} la sala de la maquinaria, la sala del radio y el taller. Al otro lado, nos encontramos con {un tanque de combustible ycasa do Faroleiro Chefe}, el depósito de combustible y la casa del jefe de los fareros.
El edificio que alberga el faro se encuentra a 168 metros de altura sobre el nivel del mar, por lo que la altura de la torre no es excesiva, puesto que cuenta con una posición muy elevada. La estructura central de la torre hace las veces de eje de la escalera. Presenta en las dos últimas plantas un hueco por el cual discurre el péndulo del relojero. El sistema de iluminación consiste en unas ópticas de cristal giratorias direccionales de luz blanca.
Alrededores del cabo Espichel con el faro al fondo
Curiosidades
El faro ha sido restaurado en tres ocasiones en los años 1817, 1846 y 1848.
La torre del faro está decorada con alambor. Un falseo o desviación respecto de la vertical de la cara de la piedra.
En el patio trasero se hallan dos aljibes con una capacidad de 75 m3 de agua cada uno. En la actualidad, el agua se utiliza para el riego de huertos y jardines del propio faro.
La torre del faro destaca sobre la línea del horizonte
La siguiente entrada es obra de nuestra amiga Diana, una gran amante de los faros, cuya vocación frustrada fue ser farera y que ha visitado muchísimos faros. Diana nos habla de la importancia que tuvo en su pasión su abuela pero no queremos desvelar más cosas; así que lo mejor es que leáis vosotros todo lo que nos ha contado. Añadir tan solo una anécdota que no aparece en su texto.
Que en 2019, aprovechando el paso por Essaouria (Marruecos), se acercó al “Phare de Sidi Magdoul”. Desgraciadamente, por temas de seguridad fue de día. Nos ha comentado que el faro es muy bonito iluminado porque tiene tres colores de luz [blanco, rojo y verde] según los sectores a los que iluminé.
Linterna del faro de Cabo Prior, el mágico lugar que inspiró a Diana
Verano de 2006, A Coruña, Cabo Prior. Ya se había puesto el Sol. Cada vez resultaba más difícil distinguir el paisaje, al tiempo que hacían su aparición las primeras estrellas en un cielo casi raso. No tuvimos que esperar mucho para ver encendido el faro, pero no fue hasta que cayó la noche, que se hicieron visibles sus haces de luz. Uno a uno pasaban sobre nosotros, con una cadencia hipnótica, desapareciendo en la distancia, proyectados hacia esa fina línea que separa cielo y océano y que aquella noche resultaba completamente indistinguible. Allí estábamos, rodeados de oscuridad pero protegidos bajo su luz infinita, con el sonido del viento y el chocar de las olas que golpeaban las rocas del acantilado.
Había subido al faro de día, y también visto su luz desde diferentes puntos de la aldea, verano tras verano. Conocía perfectamente esos tres característicos destellos cada 15 segundos, pero era la primera vez que estaba a sus pies de noche. Hubiese vivido en ese instante de haber podido. Quizá fue esa serena alegría que sentí minutos antes la que me llevó, en el camino de vuelta, a decidir que quería unir mi vida a una de estas construcciones costeras. Cuidar de un faro y que él cuidase de mí. Una idea que, en la práctica, resultó ser tan romántica como fugaz, ya que poco después leía que el cuerpo de fareros era un cuerpo, tristemente, condenado a la extinción. Mi destino, en ese aspecto, estaba sentenciado antes incluso de soñar con ello: no sería jamás ninguna guardiana de estos vigías de la noche.
Desde aquella noche de agosto he seguido apreciando los faros, buscando su luz siempre que estoy en la costa y emocionándome cuando -por fin- me encuentro con ella, tratando siempre de adivinar y descifrar ese código que les hace únicos, imaginando los miles de posibles escenarios de quienes han visto su luz desde el otro lado, en la oscuridad del mar.
No tengo una explicación lógica, ni soy capaz de identificar un motivo siquiera por el cual empecé a sentir -y sigo sintiéndolo- esa fascinación por ellos. Claro que tampoco la he buscado con demasiado interés. Los faros son mi huida, referente y refugio inalterable, una puerta a otros mundos más amables. La causa de por qué lo sienta así no es más que algo anecdótico en comparación a la felicidad que supone para mí el estar junto a uno de ellos y ver su luz.
Necesitaría varias vidas (¡y otros tantos sueldos!) para visitar todos los faros que tengo guardados en mi lista. En esta misma línea, toda aquella persona que cruce más de cuatro palabras conmigo acabará escuchando, más temprano que tarde, la palabra “faro”. Es simplemente inevitable. Y eso mi abuela lo sabía muy bien, tanto que recortó y guardó los décimos de la serie «Faros de España» que pasaron por sus manos, incluyendo -como no podía ser de otro modo- el del Cabo Prior. Nunca visité ninguno con ella, pero se alegraba cada vez que le enseñaba una fotografía de alguno en el que había estado. Sonreía y, señalando la pantalla en la que aparecía la imagen, decía:
¿Y tú? ¿Tú dónde estás? Que no te veo.
¿Yo? Pues… ¡sujetando la cámara!
Homenaje a la abuela de Diana que se molestó en recopilar estos faros para su nieta.
Los faros me han regalado cantidad de momentos que guardo con todo el cuidado que me es posible. Instantes más o menos fugaces en mi memoria, algunos ya reducidos a simples fotogramas con el transcurso de los años, aunque siempre sin perder su brillo. La ilusión de verlo por primera vez. La duda de si volveré algún día. Que se encienda. Que se encienda y se detenga el tiempo.
Gracias a todas aquellas personas que han cuidado, y siguen cuidando, de ellos.
Fanad Head lighthouse otro de los innumerables faros que ha visitado Diana.
Y gracias a ti, Diana, por hacernos partícipes de esta narración tan emotiva. Es lo más parecido a un cuento.
-22 de enero de 1906. Debido al mal tiempo y a una visibilidad limitada, el buque de vapor estadounidense -SS Valencia- colisiona con un arrecife cercano a Pachena Point {Vancouver Island}. Fallecieron ciento treinta y siete personas de las ciento setenta y tres que viajaban a bordo. Algunos supervivientes pudieron alcanzar la costa y tras caminar tres millas [4,828 kilómetros] llegaron hasta “Cape Beale lighthouse”, dónde el farero Thomas Patterson los acogió. Desde el faro se avisó por teléfono a la localidad de Bamfield para comentar lo ocurrido. Como consecuencia de este trágico accidente, el Gobierno canadiense ordena la construcción de doce faros en la zona. Por este motivo, se construyó entre otros faros: “Sheringham Point lighthouse” en Sheringham Point, isla de Vancouver, provincia de -British Columbia- Columbia Británica (Canadá).
-22 de enero de 1910. Se crea un almacén particular de víveres en Puerto Montt, provincia de Llanquihue {región de los Lagos} destinado al consumo de los trabajadores que construyen el “faro Cabo Raper”. Esta medida se lleva a cabo para eludir los aranceles tributarios, puesto que los víveres que se traían desde Punta Arenas hacia Puerto Slight eran gravados con un arancel. El faro se encuentra en el extremo oeste de la península de Taitao, región de Aysén (Chile).
-21 de enero de 1944. En plena Segunda Guerra Mundial, son evacuados los fareros del “phare de la Vieille” por temor a los ataques aéreos de los aliados. La luz permanecerá apagada hasta el 1 de enero de 1945, aunque la Guerra no finalizó hasta el 2 de septiembre. El faro está situado en el islote Ar Gorle Bella, mar de Iroise, comuna de Plogoff, departamento de Finisterre, región de Bretaña (Francia).
-21 de enero de 1988. Se inscribe en el {NRHP} -National Register of Historic Places- Registro Nacional de Lugares Históricos de EE. UU., “Bass Harbor Head light station”. El faro se halla en Bass Harbor Head, Mount Desert Island, Tremont, condado de Hancock, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).
-21 de enero de 1988. Se inscribe en el {NRHP} -National Register of Historic Places- Registro Nacional de Lugares Históricos de EE. UU., “Doubling Point light station”. El faro está ubicado en el río Kennebec, Arrowsic, condado de Sagadahoc, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).
-21 de enero de 1988. Se inscribe en el {NRHP} -National Register of Historic Places- Registro Nacional de Lugares Históricos de EE. UU., “Egg Rock light station”. El faro se encuentra en Egg Rock, Frenchman Bay, condado de Hancock, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).
Seguimos mostrando los faros portugueses que visitó nuestra amiga Arual durante el verano pasado. Todas las fotografías que publicamos nos las ha proporcionado de forma desinteresada e incluso nos ha facilitado muchos datos sobre los faros. Por consiguiente, le estamos muy agradecidos.
El tercer faro del que os vamos a hablar es el “farol do Cabo Espichel”, conocido en España como “faro de Cabo Espichel”.
Ubicación del faro en la península ibérica
Ubicación
Se encuentra en el cabo Espichel, -freguesia- parroquia de Castelo, municipio de Sesimbra, distrito de Setúbal (Portugal).
Localización exacta del cabo y del farol do cabo Espichel
Historia
Las primeras referencias sobre un faro en esta localización datan de 1430 cuando la -irmandade de N. Srª do Cabo Espichel- Hermandad de Nuestra Señora del Cabo Espichel, construyó un pequeño farol, antecesor del actual.
En 1758, el marqués de Pombal crea un -Serviço de Faróis- Servicio de Faros, y ordena la construcción de seis faros. Fruto de ese espíritu reformista surge la necesidad de construir este faro.
El faro actual empezó a construirse en 1790 a unos seiscientos metros del Santuário de Nossa Senhora do Cabo Espichel. Apenas hay constancia de los datos sobre su construcción.
En 1812, se notifica la existencia del faro, el cual está situado a una altura de 620 pies [188,976 metros] y puede verse desde una distancia de 30 millas. En 1865, el almirante Pereira da Silva lo describe como: «un faro que tiene 17 lámparas Argand con reflectores parabólicos y emite una luz fija blanca. La altura de la torre de la linterna hexagonal es de 6,8 metros».
En 1886 se instala una nueva linterna con un aparato óptico de 1.er orden que utiliza una lámpara de vapor de petróleo. Está equipado con un mecanismo de relojería que produce una característica de 4 destellos en la luz. Además, se instala una señal de niebla.
Hoy os presentamos una reseña sobre un libro que se ha publicado recientemente. Nuestro amigo Eduardo Padial tras leerlo nos ha enviado esta interesante recensión que transcribimos fielmente.
Con más miedo que vergüenza, como diría el torero, me atrevo a hacer una pequeña reseña del libro “Breve Atlas de los Faros del Fin del Mundo” de José Luis González Macías, editado por Ediciones Menguantes, una editorial independiente especializada en libros de viajes.
Poco puedo decir del autor más que es un joven diseñador gráfico, que se declara “de secano”. Un marinero en tierra, como diría Alberti. Reconoce, él mismo, no poca locura quijotesca al enfrentarse a una obra como esta habiendo vivido siempre lejos del mar. Y lo ha bordado, a mi humilde entender.
La misma edición del libro se ve tratada con mimo. En una excelente edición en tapa dura, con un diseño exterior que ya, de por sí, es muy atractiva. El libro hace un viaje por 34 faros repartidos por toda la geografía, en lugares aislados, alejados e, incluso, un tanto tétricos. Se aleja de la descripción romántica y bucólica de los faros y a un pequeño relato -historias trágicas-, algunas se acompaña con una ilustración (quiero entender que del propio autor) del faro en cuestión. De cada uno de ellos, amén de la historia que lo acompaña, completa su descripción “física” con su localización geográfica (coordenadas), un mapa de situación y una pormenorizada descripción técnica (fecha de obra, puesta en marcha, luminaria, altura…).
El autor tiene el curioso detalle de acompañar el plano alzado del faro con una escala que nos indica tanto su situación sobre el nivel del mar como su comparación con una figura humana, lo que hace ver en muchos de ellos su considerable altura y su contundente construcción.
Un libro muy ameno, que nos permite conocer un poco más la historia de algunos faros, desconocidos algunos, y que creo que no debe faltar en la biblioteca de cualquiera de nosotros, aquellos que admiramos estos edificios que van más allá de la mera construcción civil y que no sólo han prestado y prestan un servicio a las gentes del mar.
Muy ocurrente la fotografía enviada por nuestro amigo Jesús Zaplana
Breve atlas de los faros del fin del mundo. José Luis González Macías
Ediciones Menguantes. León. España. 1ª edición, Octubre 2020
-12 de enero de 1984. Se inscribe en el {NRHP} -National Register of Historic Places- Registro Nacional de Lugares Históricos de EE. UU., “Cobbossee lighthouse”. El faro se halla en el lago Cobbosseecontee, ciudad de Winthrop, condado de Kennebec, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos). Es conocido coloquialmente como “Ladies Delight lighthouse”.
-12 de enero de 2000. Se designa {HD} -Historic District- Distrito Histórico de EE. UU., “Currituck Beach lighthouse”. El faro se encuentra en Currituck Beach, -Outer Banks- islas barrera, Corolla, condado de Currituck, estado de Carolina del Norte (Estados Unidos).
-12 de enero de 2008. Lotería Nacional de {LAE} Lotería y Apuestas del Estado emite una serie denominada «Faros de España». En el sorteo que se celebra hoy, los décimos aparecen con la imagen del “faro de Ajo” y la siguiente leyenda: Cabo de Ajo {Cantabria}. Altura de la torre 16 metros. Construido en 1985. [Puertos del Estado].
-12 de enero de 2022. La Autoridad Portuaria de Castellón finaliza la instalación de señalización en todos los faros que gestiona. Esta campaña denominada «la ruta de los faros de Castellón» abarca siete faros: Columbretes, los dos de Castellón, Irta, Nules, Oropesa del Mar y Peñíscola. Se ha implementado para informar sobre la historia de cada uno de ellos y también sirve como homenaje a los fareros que los gestionaron y estas míticas construcciones.