Entrevista a Julio Herrera, autor de -Luz de Tormenta-

Julio Herrera

Para mí los faros son más que una construcción humana, son como un eslabón perdido entre la naturaleza y una sociedad que cada vez está más inmersa en las nuevas tecnologías y se ha ido distanciando de unos valores, como el amor a lo auténtico, la belleza de las cosas simples o el respeto hacia la naturaleza. Además los faros y sus entornos ralentizan el tiempo haciéndonos apreciar un paisaje, un atardecer, una tormenta, o el misterio de una luz que se pierde en la inmensidad del mar nocturno.

Como un ejemplo de ese magnetismo que los faros experimentan hacia las personas está el «faro del Cabo Peñas» en Asturias, que es uno de los lugares con más encanto del norte peninsular.

¿Qué distingue a los faros del norte de la Península de otros?

La costa norte de la península ibérica bañada por el mar Cantábrico y el océano Atlántico está muy expuesta a los fuertes temporales que en determinadas épocas del año bajan del norte de Europa. Además es una costa muy abrupta y rocosa con altos acantilados de vértigo, lo que la convierte en una de las más peligrosas para la navegación de toda la Península, no en vano un tramo de ésta se denomina La Costa da Morte debido al altísimo número de naufragios.

Su climatología es muy cambiante, creando unas luces en su entorno variadísimas y de una gran calidad para trabajar con ellas, desde el punto de vista fotográfico. Muchas de las fotografías realizadas para este libro las tuve que hacer en muy poco tiempo ya que unos rayos crepusculares, un arcoíris o una mágica luz de tormenta apenas duran unos segundos y hay que estar preparado. A veces el trabajo de toda una semana de planificación, información y búsqueda de localizaciones tan solo da como resultado una fotografía pero si el resultado era lo que buscaba siempre merece la pena.

Si a todo esto unimos la belleza, variedad física y el óptimo estado de conservación de gran parte del litoral norte, especialmente en tramos de la costa asturiana, algunos casi vírgenes, estamos en un entorno de un gran valor fotográfico en donde sus faros juegan un papel relevante.

De los cincuenta faros que seleccionas en el libro ¿cuál es el más especial para ti?

Esa es una pregunta difícil de contestar puesto que estamos hablando de casi 2.000 kilómetros de costa con faros construidos en su mayoría a lo largo de tres siglos (sin contar la Torre de Hércules que data del siglo II) y en lugares muy diferentes como cabos solitarios, islas, rodeados de bosques, a la entrada de un puerto o en la desembocadura de un ría. Además, el encanto de un faro no solo está en su arquitectura sino que a veces es más importante el lugar que lo rodea.

De todas formas, como fotógrafo, amante de la naturaleza y de sus manifestaciones más extraordinarias, uno de los que más me ha impresionado y más he fotografiado a lo largo de los años es el faro de la isla de Mouro en Cantabria, especialmente durante los fuertes temporales ya que el espectáculo que crean las enormes olas rompiendo contra este sobrio faro es simplemente impresionante. Sin embargo, podría citar muchos más como los faros de Cabo Vilán, Punta Nariga, Candieira, Cabo Ortegal o Punta Roncadoira en Galicia; faros de cabo Vidio, Peñas o Lastres en Asturias; faros cabo Mayor y Castro Urdiales en Cantabria o los faros de Gorliz, Machichaco y cabo Higer en Euskadi. De cualquier forma los cincuenta faros que aparecen en el libro tienen un encanto especial.

¿Con las nuevas tecnologías para la navegación los faros son necesarios?

Evidentemente ya no son tan imprescindibles como hace cuarenta años, aunque siguen manteniendo actividad, su función se ha convertido más en una ayuda para la navegación de cabotaje que en una necesidad vital para su seguridad. De hecho, su futuro parece algo incierto ya que el número de fareros a su cargo es cada vez menor, casi todos están ya automatizados y como me decía José Luis, farero del «faro de Cabo Peñas» en Asturias que está a punto de jubilarse, ya no se forma gente nueva para la sustitución de los fareros por lo que puede que esta sea su última generación. Esta situación los hace aún más del gusto de los románticos.

Los faros representan todas esas cualidades que el movimiento romántico del siglo XIX manifestaba: valoración de lo antiguo y tradicional frente a las nuevas modernidades, sentimiento de soledad y de individualismo, total identificación con la naturaleza, y ansia de libertad y rebeldía. Todo el mundo se siente fascinado por los faros y su entorno, a nadie le dejan indiferente.

¿Los faros son tan inspiradores?

Son muchas las películas en las que aparece la figura del faro y en algunas es el centro del argumento. Recientemente se han estrenado dos películas muy interesantes con un faro como telón de fondo: “Keepers, el misterio del faro” del director Kristoffer Nyholm estrenada en el 2019 y “El faro” de Robert Eggers estrenada a principio del año 2020.

Los faros no son unas construcciones. Hay una pequeña cita de Manuel Rivas al inicio del libro en donde dice: …..no hay arquitectura comparable. Los faros son seres vivos. Más que formar parte del paisaje, lo crean.  Estoy completamente de acuerdo con Manuel Rivas y esta percepción sobre los faros es lo que hace que sean tan inspiradores para músicos, directores de cine, pintores o fotógrafos.

Es un elemento vivo que en la película “El faro” queda muy patente, pero también trasforma el paisaje porque no es lo mismo un cabo, una isla o un estuario con un faro que sin él.

Para mí como fotógrafo, los faros me resultan enormemente inspiradores, proporcionándole al paisaje una gran fuerza y dándole una dimensión y unas características diferentes. Además, como si fuese un ser vivo, este cambia del día a la noche, arrastrando al paisaje consigo. Cuando en la noche enciende su luz es como si despertara de un letargo y volviera a la vida.

¿Puede ser una solución a la conservación de los faros las iniciativas comerciales que han surgido en los últimos años?

Quizás una de las posibles soluciones para esa segunda vida pase por darles a los edificios otras funciones. De hecho, ya se está haciendo en algunos faros como es el caso del «faro de cabo Torres» en Asturias en el que hay una exposición permanente, lo mismo sucede con el de Cabo Peñas también en Asturias, Cabo Vilán en Galicia o el de Suances en Cantabria en el que está el centro de interpretación de un área natural protegida.

Además de estas soluciones, también se puede usar una parte del edificio como café o restaurante. Así sucede en el «faro del Cabo Vilán» y en el de «Punta Cabalo» en Galicia y por último, otra alternativa quizás la más polémica es la de convertirlos en alojamientos. Quizás esta alternativa quite algo de la magia y romanticismo a estos adustos monumentos, pero ante la perspectiva de ruina podría ser una buena posibilidad. De hecho, esto es bastante usual en otros países como Noruega. En la costa cantábrica hay un ejemplo en el «faro de la isla de Pancha» en Ribadeo donde existen dos apartamentos.

De cualquier modo no podemos olvidar que no dejan de ser edificios públicos situados en lugares enormemente seductores y que atraen a mucha gente, por lo que sus posibles usos no deberían restringir el poder visitarlos a cualquier persona.

Fuera de España ¿qué faros te han impactado más?

Todo faro tiene un encanto especial y los paisajes que los rodean suelen ser auténticamente espectaculares. Pero por citar algunos de los que más me han emocionado estarían el «faro de la Península Díaz» en el sur de Namibia. Es un faro sobrecogedor en medio de la nada, sobre una península desértica, áspera pero bella que se adentra en un mar salvaje, donde abundan leones marinos y una gran cantidad de aves.

En Islandia, el «faro de la isla de Grótta» abrazado por la aurora boreal o con las luces árticas del amanecer no tiene desperdicio. También el enorme «faro de Akranes» al oeste del país es de una belleza especial.

Otro faro que me ha transmitido grandes emociones es el de «Cabo Espartel» al atardecer. Este hermoso faro, el primero construido en Marruecos, es un símbolo de unión entre dos continentes que a la vez están cercanos y lejanos.

¿Cuál es tu próximo reto?

Actualmente estoy trabajando en varios proyectos:

Uno es un manual de fotografía sobre como fotografiar el paisaje en situaciones muy cambiantes y rápidas de luz como sucede en los amaneceres, atardeceres, tormentas, arcoíris, auroras polares, temporales marinos, rayos crepusculares, etc. Son imágenes de todo el mundo con las que quiero transmitir mis conocimientos y experiencia para no perder ese instante que a veces solo dura unos segundos y es crucial para conseguir la imagen.

Y por supuesto, sigo trabajando en varios proyectos sobre faros, siempre buscando luces especiales y momentos evocadores.

Entrevista a Celia Santos García, autora de «El Faro de los corazones extraviados»

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¿A quién no le llaman la atención los faros? Ya sea por curiosidad, admiración, amor respeto o, por qué no decirlo, miedo. Tienen ese punto entre romanticismo e inquietud que resulta irresistible. Me gusta pensar que, aunque son elementos creados por el hombre, se han mimetizado con la naturaleza.

Hace diez años mi vida dio un giro, y como mucha gente, yo también necesitaba un faro al que dirigirme. Así nació este cuento. Lo envié a una editorial sin esperanza, pues no había publicado nada. Y la sorpresa vino cuando aceptaron el texto. El editor fue quien me sugirió a Sonia Sanz como ilustradora, y no pudo estar más acertado. La magia surgió al instante. El trabajo fue tan absolutamente enriquecedor. Dividimos el texto para cada una de las ilustraciones y comentábamos cada una de ellas. No tuvimos ni una sola discrepancia. Era importante tener muy claro el concepto, pues Sonia lustra a mano, en acuarela, sin efectos digitales. Un método laborioso, por eso podíamos permitirnos hacer mil pruebas. El resultado está a la vista. Imagen y texto empastan de forma sublime.

A partir de entonces, leía libros y veía todas las películas que tuvieran que ver con los faros. Incluso descubrí que existen faros de tierra, llamados Humilladeros. Construcciones en forma de columna o cruz (cruceiro) que se situaban a la entrada o salida de los pueblos. Algunos tenían arriba del todo una imagen de un santo o una virgen con una vela encendida. Estos “faros” servían a los caminantes para orientarse de noche.

En cualquier caso, los faros ya son parte de mi educación sentimental. Tras «El faro de los corazones extraviados» llegó otro cuento, «Indy, una moto de cuento». Fue entonces cuando di el salto a la literatura de adultos con mi primera novela «La maleta de Ana», una historia sobre mujeres españolas emigrantes en los años sesenta y setenta en Alemania. Un año y medio después se publicó «Más rápida que la vida», una historia sobre un personaje real, Dorothy Levitt, la primera piloto de carreras del Reino Unido. Pero he seguido escribiendo cuentos. Tengo unos cuantos en el disco duro de mi ordenador esperando ver la luz. Ahora estoy escribiendo mi tercera novela, la biografía novelada de una mujer fascinante que tiene 96 años y es mi vecina. Vivió dos guerras, un exilio y mucho más… Hasta aquí puedo contar, jejeje. Pero soy una persona curiosa y me gusta escribir de todo. Todos hemos crecido con los cuentos. Fueron nuestras primeras lecturas, nuestras primeras narraciones orales incluso antes de aprender a leer.

En estos momentos de incertidumbre, miedo y encierros, si queréis encontrar un faro, sólo tenéis que buscar en las estanterías, coger un libro, abrirlo y dejar que su luz os guíe. Porque esa luz no se apagará nunca.

Celia Santos

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Ilustraciones de Sonia Sanz Escudero

Publicaciones sobre faros de Mario Sanz Cruz

Desde que me hice farero en el faro de Mesa Roldán, en 1992, momento en que empecé a zambullirme en el curioso mundo de los faros, y hasta la fecha, tengo siete libros publicados sobre el tema.

Para empezar, leí todos los diarios de servicio de los fareros que me precedieron, que por suerte, en Mesa Roldán están completos, no como en otros faros, que han desaparecido. Esto me sirvió para conocer lo dura que había sido la vida de mis compañeros y para entender lo complicada que es la relación del humano con el mar y de los humanos entre ellos, cuando se relacionan en un lugar aislado. Las minuciosas anotaciones del primer farero encargado, Eustasio Page, y su peculiar carácter, me movieron a seguir indagando en los diarios manuscritos. Había tantas cosas interesantes contadas en primera persona, que me vi en la obligación de publicarlas para que no cayesen en el olvido. Así surgió mi primer libro sobre faros: Faro de Mesa Roldán – Apuntes para una historia, publicado por el Instituto de Estudios Almerienses (Diputación de Almería), en 2003. En mis subtítulos dejo entrever, a veces inconscientemente, que el libro no es el final de nada, sino el principio de cosas nuevas.

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(Puede descargarse, gratuitamente, en la página web del Instituto de Estudios Almerienses)

Después, mi avidez lectora siguió devorando los diarios de servicio de todos los faros de Almería, en los que, desgraciadamente, hay muchas lagunas y libros desaparecidos, que hicieron más difícil la tarea. Aun así, me cautivaron los avatares de la familia Gandolfo, omnipresente en los faros almerienses; la importancia del faro de Cabo de Gata, testigo de naufragios y muchos sucesos; los problemas del faro de Sabinal, hundido por el mar; el aislamiento radical del faro de la Isla de Alborán, donde sus fareros pasaron hambre, sed y todo tipo de penurias, y las demás historias de los faros de Almería.

De este trabajo surgió: Faros de Almería – Mucho más que señales marítimas, publicado por el Instituto de Estudios Almerienses (Diputación de Almería) y la Autoridad Portuaria de Almería, en 2007; que en su subtítulo apuntaba a lo que pasaría después.

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(Puede descargarse, gratuitamente, en la página web del Instituto de Estudios Almerienses)

Tras la publicación de este libro, quedaba huérfana de información sobre faros la costa granadina, que siempre había estado unida a la de Almería en este tema de señalización marítima.

Tras un encargo de la Autoridad Portuaria de Motril, me puse al trabajo junto con mi compañero Francisco García Morón, que, en esas fechas, era el farero de Sacratif. Investigamos, hicimos entrevistas a los fareros y familiares que pudimos localizar y conseguimos publicar: Faro de Sacratif – Faros de la costa de Granada, editado por Puertos del Estado / Autoridad Portuaria de Motril, en 2010. En él destaca la historia del importante faro de Sacratif, pero sorprende lo relativo al casi desaparecido Farillo de Carchuna y la reconversión de las torres vigías en los faros de Castell de Ferro y La Herradura.

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Paralelamente, mi amiga Nuria Ruiz-Cavestany me pidió ayuda para hacer una página web y un pequeño libro sobre los faros del País Vasco. Le envié toda la información que tenía para que lo hiciese ella, pero acabé haciéndolo yo, con su ayuda, sobre todo fotográfica. De esta colaboración se derivó: Un recorrido por los faros de la costa vasca, editado por Elixir films, en 2011. Esta publicación es una guía para conocer, someramente, los faros vascos. El libro es reversible, ya que si lo coges por un lado está escrito en castellano y si lo tomas por el otro está en euskera.

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En 2012, para celebrar que al año siguiente los faros de Mesa Roldán, Cabo de Gata y Roquetas, cumplían la cifra redonda de 150 años, mi gran amiga y gran poeta, tristemente desaparecida, Pilar Quirosa-Cheyrouze y yo, promovimos un libro homenaje conjunto. Diseñado, genialmente, por mi maestro y amigo Ernesto Pedalino, en él participaron ciento ochenta y tres escritores y artistas de diferentes disciplinas, de toda España y parte del extranjero. Cada participante aportó, desinteresadamente, su visión sobre los faros, y conseguimos crear un precioso puzle que se llamó Lo demás es oscuridad, publicado por la asociación cultural Destellos-Artefacto, en 2013.

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De ese libro se derivó una magnífica exposición itinerante sobre faros que sigue activa.

Entre tanto, yo había ido escribiendo relatos de ficción, y varios de ellos habían sido publicados en diferentes libros conjuntos. En 2015, recopilé todos los que tenían que ver con el mundo de los faros y se los pasé a mi amiga Itziar Hernando, para que los ilustrase con su artística mano y su singular forma de ver la vida. Mis relatos tratan de contrarrestar la mala fama de los faros en el cine y la literatura clásica, que casi siempre los muestra como lugares de tragedia, locura y horror.

De esta colaboración surgió Faros sobre un mar de tinta, editado en 2016 por “Playa de Ákaba”, la editorial de Noemí Trujillo y Lorenzo Silva.

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Desde el principio de mi vida en faros, había ido coleccionando anécdotas e historias relativas a los faros y los fareros; sacadas de las numerosas investigaciones que había realizado para mis libros, de entrevistas a fareros y familiares, de las muchas lecturas de libros especializados en el tema, prensa, revistas y un largo etcétera. Una recopilación de estas historias había estado rodando por las editoriales durante años, hasta que en 2019, le presenté el borrador a Manuel Pimentel, que, una vez leído, propuso incluirlo en una de las colecciones de su editorial. Así vio la luz Eso no estaba en mi libro de historia de los faros, editado por Almuzara, en 2020, que vio la luz pocos días antes de que se declarase la pandemia del COVID-19.

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Además, podéis encontrar una larga serie de artículos, relatos en libros conjuntos y colaboraciones mías y entrevistas en televisiones, radios y páginas web, por si os interesa bucear en el tema.

Eso es todo, por el momento, pero aún me queda mucho por contar. Espero tener tiempo para hacerlo.

Abrazos y destellos para todos desde el faro de Mesa Roldán.

Mario Sanz Cruz

Entrevista a Edgar Max, creador de Bill el Largo

Desde este Blog amigo me preguntan cómo se me ocurrió Bill el Largo y por qué me gustan los faros… Lo cierto es que ambas respuestas van de la mano. En la primera viñeta que dibujé de un tebeo de Bill el Largo ya sale un faro, el de la Vieille. Y ahora os diré por qué.

Corrían malos tiempos en el 2004 pero los capeaba como podía: de bares, con amigos, mucha música y mucho alcohol. Acababa de terminar el CAP y enganchaba trabajo temporal de mierda con trabajo temporal de mierda. Mi madre había muerto muy joven, hacía pocos años, y el mazazo todavía me impedía caminar derecho. En cuanto juntaba un par de pagas,  dejaba el curro y me dedicaba a leer, dibujar y estar de bares. Si me hubiesen dicho entonces que iba a acabar siendo profesor de Historia a 1000 kms de Zaragoza me habría reído con fuerza. Tenía una actitud muy punk y no hubiese imaginado nada más alejado de mis intereses: los tebeos, la música, los bares. Tom Waits acababa de sacar el REAL GONE y bajo la influencia de su “Circus” dibujé una lámina muy oscura con el lanzador de cuchillos que luego sería Bill el Largo.

Tenía una novia que trataba de anclarme los pies al suelo, sabía que podía irme con la riada en cualquier momento. Me hizo mucho bien. Un día de septiembre se fue a trabajar de profesora a la Bretaña y me dijo que me fuese a vivir con ella, nueve meses, a un pueblecito “perdido” llamado Vitré. Como soy así de listo, me negué, prefiriendo seguir en Zaragoza atado a unos cabos sueltos de malditismo que ahora se me antojan muy tontos. Qué bofetada me daría de poder regresar al pasado en un Delorian… Pero bueno, seguí trabajando en una fábrica de aluminio -turno de noche en INALSA- y en cuanto junté unos ahorrillos me fui a visitarla unas cuantas semanas. Noviembre en Bretaña.

Supongo que fue el viaje que cambió mi vida. Descubrí que el vino no necesita Coca-Cola para estar bueno y otras cosas casi igual de importantes: la sidra bretona, la niebla bretona, la tozudez bretona… ¡Ah, y los majestuosos paisajes de Bretaña! Sin ninguna preocupación, más allá de dibujar y complacernos, recorrimos los fines de semana la Bretaña entera y me enamoré de sus costas. Ahora entiendo que, luego, Bretaña se convirtió en mi Camelot perdido: verdor perenne, mares embravecidos, tumbas de poetas, un folclore riquísimo, faros hermosísimos y (casi) ninguna inquietud en la cabeza. Noches enteras de sidra y Tom Waits, de Hugo Pratt y sexo -no con él, claro-, de dibujos y muchas risas. Cuando visitamos el finisterre bretón, la Pointe du Raz, entendí que ahí iba a comenzar algo importante.

Lo que comenzó fue “La Gente de Ankou”, mi primer tebeo con Bill el Largo de protagonista. También una filia que me acompañaría hasta hoy, el amor por los faros y los acantilados. Luego la vida siguió y los trabajos de mierda en Zaragoza se sucedieron. Visitamos Escocia e Irlanda y se forjó en mi un amor inmortal por la fachada atlántica y esa cosa que vagamante llamamos “lo celta”. Empezó a reflejarse en mis dibujos cada vez más. Me sentía en casa en cualquier bar de Donegal, trasegaba pinta tras pinta, me empapaba gustoso bajo cualquier llovizna y me aprendía hasta las letras más complicadas de los Dubliners. Pero el tiempo pasaba y mi madurez, por así decir, no llegaba… La novia que tanto bien me hizo y yo partimos los panes de forma muy dolorosa y el destino, con su particular forma de retorcer los senderos, me trajo a Almería… ¡Con lo que a mí me gustaba el Norte!

El resto es Historia. Reconvertido en profe, conocí a una sirena de pelo rizado que me descubrió las bondades del Sur.  Yo la tiraba al Norte cada vez que podía, ella me anclaba ambos pies en el terruño sureño. Visitamos Gales, Islandia, las Orcadas, las Shetland, Noruega, y muchísimos sitios más, buscando faros, nieblas, auroras boreales, ballenas, gaitas y cervezas de alto octanaje. Al principio a regañadientes ella, luego cómplice. Durante el resto del tiempo, me enseñó calas de ensueño, tapas para perder el sentido y gentes encantadoras en esto que llamamos “sur”. Se forjaron extraños lazos inquebrantables. Bill el Largo nos acompañaba en cada viaje acumulando guiones para futuras historietas. Adoptamos de tótem a las ballenas y a los puffins. Trajimos grumetes al mundo.

Ahí fuera hay un mundo negro y devorador, -“la Nada” de la Historia Interminable-, y está siempre el acecho. Al final nos tragará a todos. Pero entretanto hacen falta balizas luminosas, faros, cuantos más mejor para ayudar nuestra navegación. Hace falta reconstruir nuestro Camelot perdido e invitar a cuanta más gente puedas; hace falta llenarlo de risas y música y luz, porque bastante negrura hay fuera ya. Así que supongo que por eso me gustan los faros… Y así nació Bill el Largo. Dos por uno.

¡Salud!

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Autorretrato de Edgar Max, su familia y Bill el Largo usada en el webcomic «Faros de tinta».

Programa “El faro” en Efecto Mariposa. 1050 AM Radio Urugay

Hola amigos, queremos comentaros que esta tarde nos han llamado desde la cadena de radio pública de Uruguay, «Efecto Mariposa» para participar en el programa tan interesante que han grabado para hablar entre otros temas de la película “El Faro” -Lighthouse- y de nuestro blog losfarosdelmundo.com

Os dejamos el anuncio que han hecho en las redes sociales del programa.

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Cartel anunciador de la película -The Lighthouse- el Faro.

Hoy, “El faro” – Un perturbador viaje a la locura (¿O a la liberación?) – Proteo, Prometeo, y la historia de los faros.

Efecto Mariposa·Jueves, 23 de enero de 2020

El faro [The Lighthouse] es una película estadounidense-canadiense del género de terror psicológico, dirigida por Robert Eggers (2019). Grabada en blanco y negro, está protagonizada por Willem Dafoe y Robert Pattinson, quienes interpretan a dos fareros que comienzan a perder la cordura cuando una tormenta los deja aislados en una remota isla de Nueva Inglaterra.

Según Eggers, la historia comenzó como un intento de su hermano Max Eggers de hacer una versión contemporánea del relato de Edgar Allan Poe «The Light-House». Cuando el proyecto se detuvo, Robert se ofreció a trabajar con su hermano, cambiando la historia por un thriller de época con los elementos de Poe eliminados.

Una cinta intensa, la clave para entenderla es comprender la importancia del mito, las fábulas y el folklore para Eggers, un cineasta conocido por profundizar en su investigación antes de hacer sus películas.

NUESTROS TEMAS:

  • EL FARO – ¿UN VIAJE HACIA LA LOCURA O HACIA LA LIBERACIÓN? Entrevista – Wilmar Umpierrez – Periodista, crítico de cine.
  • PROTEO Y PROMETEO: DOS REFERENCIAS EVIDENTES (ENTRE MUCHAS) EN LA PELÍCULA.
  • MÚSICA PARA REPASAR EL CINE BLANCO Y NEGRO EN EL SIGLO XXI.
  • HISTORIA Y FAROS DEL MUNDO Entrevista – Chema Lima – Egresado del máster de “Historia y Patrimonio Naval” en la Universidad de Murcia. Es autor del Blog: “Los faros del mundo.com”; dedicado a difundir todos los datos referentes a los faros.
  • ISLAS DESHABITADAS Y MISTERIOSAS, CON PASADO ATERRADOR
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Imagen de Proteo (en griego antiguo Πρωτεύς Prôteús). Es un Dios del mar,​ cuyo nombre sugiere el «primero».
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En la imagen, Prometeo (en griego antiguo Προμηθεύς,) Significa «previsión», «prospección». Es uno de los titanes de la mitología griega.

En el siguiente enlace podéis escuchar todo el programa. Nuestra aportación aparece en el segundo bloque, pero os rogaría que oigais íntegramente porque merece la pena.

http://radiouruguay.uy/el-faro-un-perturbador-viaje-a-la-locura-o-a-la-liberacion/?fbclid=IwAR13ZOLGQfe_vbyDcG64-WeP6_f1jD7El46I25WLvgYkITaEtjLIms4ogII

Desde esta mini entrada queremos agradecer a la radio que hayan contado con nosotros puesto que hay miles de blogs que hablan sobre los faros, a Daina Rodríguez, la presentadora por la entrevista tan profesional que ha hecho. Y no queremos olvidarnos de Gabriela Giudice, la productora del programa y artífice de la entrevista. A todos un millón de gracias por hacerse eco de un tema tan interesante (por lo menos para nosotros).

Para aquellos que no sepáis dónde podéis seguir este programa, os diremos que se encuentra en el dial 1050 AM de Radio Uruguay. Además, de las redes sociales:

Twitter: @EfectoMariposaR

Facebook: @efectomariposaradio