Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (5ª parte)

Historia de los técnicos-mecánicos de señales marítimas

En el siglo XX todas las tareas relacionadas con los faros cambian de forma radical, gracias a la electricidad primero, y a la automatización de los faros, después. Este hecho fue tan significativo, que conllevó la desaparición de los fareros después de siglos de abnegada dedicación.

Queremos destacar el modelo de los fareros finlandeses porque el Gobierno finlandés reguló en todo momento las condiciones laborales de los mismos. De ese modo, mientras en España se le permitía al torrero que conviviese con sus hijos en edad de escolarización en Finlandia desde 1921, estaba regulada la educación obligatoria, por lo que los hijos de los fareros no podían permanecer con sus padres en los faros. Correspondería a los psicólogos evaluar la conveniencia de la aplicación de esta norma en los distintos países.

La invención y posterior uso de la radio sirvió para cortar el proceso de aislamiento que durante siglos vivieron los torreros y sus familias. Tenemos que recordar que por culpa de ese aislamiento físico se produjeron muchas muertes por accidentes o simplemente por falta de atención médica y que hicieron que la vida de esas personas aisladas no fuese nada fácil. Valga como ejemplo que, en los casos de parto, la mujer del torrero no contaba con más ayuda que la de su marido.

Fuentes Bibliográficas

-Autoridad Portuaria de Ceuta. Ministerio de Fomento

Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (4ª parte)

Historia de los técnicos-mecánicos de Señales Marítimas

El trabajo de farero en todos los lugares del mundo ha sido arduo y muy complicado. Las condiciones adversas han sido comunes para todos, aunque lógicamente, no podemos comparar la calidad de vida del farero de Cabo de Palos [Cartagena] con un farero de una isla recóndita en Finlandia. Pero sí lo podemos hacer en lo que se refiere a medios técnicos para desempeñar sus tareas. Eran básicamente la mismas, pero se enfocaban de forma diferente, puesto que los medios de los que disponían unos y otros eran antagónicos. Así, un farero de Finlandia habrá sufrido mucho más las inclemencias del tiempo: viento, nevadas y heladas principalmente. Además de un aislamiento de larga duración, desde finales de otoño hasta principios de primavera mientras que el farero de Cabo de Palos probablemente puede que no sufriera ningún temporal a lo largo del invierno, no estaba aislado y su estancia en el faro sería mucho más placentera. Si ambos fareros se hubiesen visto inmersos en un desgraciado incidente, por lo general, un naufragio; el finlandés habría estado sólo o con un compañero y el farero de aquí habría tenido la opción de avisar a la población cercana. Por eso, podemos afirmar que se encontraban con distintos medios para afrontar un rescate a las víctimas del naufragio.

Las actividades que realizaban los trabajadores adscritos a un faro fueron simplificándose según transcurrían los años. La instalación de la electricidad en los faros hizo que muchas funciones desaparecieran. Así, desaparecieron tareas como el recorte de la mecha de la lámpara de aceite y se introdujeron nuevas tareas como la sustitución de las bombillas.

Hasta finales del siglo XVIII era un trabajo durísimo, sobre todo para aquellas personas que trabajaban en los faros de madera y carbón, puesto que tenían que hacer fuego al aire libre y soportar las inclemencias del tiempo. Por desgracia, a la dureza del trabajo había que añadir las condiciones de vida, ya que en muchos casos los fareros no disponían de aljibes en los faros y tenían que realizar ellos mismos su propio abastecimiento de agua. En los faros ubicados en el mar cuando las condiciones climatológicas eran adversas los fareros podían estar semanas sin recibir nada del exterior.

En el siglo XIX, con la invención de la linterna (luces con espejos o lentes), los trabajos se simplificaron, pero, aun así, no perdieron la dureza que siempre ha caracterizado este oficio. Las lentes y los espejos tenían que ser pulidos constantemente; los mecanismos de relojería tenían que ser lubricados, etc. Todos estos avances exigían una mayor cualificación de los torreros. La invención y posterior uso de la radio sirvió para cortar el proceso de aislamiento que durante siglos vivieron los torreros y sus familias.

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Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (3ª parte)

Historia de los fareros o técnicos-mecánicos de señales marítimas

Mientras en los países sajones se generalizó a principios del siglo XX el término lighthouse keeper o lightkeeper, “farero” o “guardián de faros”; aunque en ocasiones también se les denominaba -wickies- en clara alusión a su trabajo al recortar las -wicks- mechas, para encender la linterna del faro. Aquí, en España se les seguía llamando torreros de faros.

Las peticiones elevadas al Ministerio de Fomento por parte de los miembros de la Asociación del Cuerpo de Torreros de Faros para que se actualizase esta denominación fueron numerosas, pero tuvieron que esperar décadas para que se modificase. Exactamente, hasta el 16 de septiembre de 1939, fecha en la que el subsecretario del departamento de Obras Públicas del Ministerio de Fomento le comunicó al director general de Puertos y Señales Marítimas mediante un oficio, que en vista del expediente instruido por la Asociación del Cuerpo de Torreros de Faros se tenía a bien cambiar la denominación del actual «Cuerpo de Torreros de Faros», que pasaba a ser conocido como <Cuerpo Técnico-Mecánico de Señales Marítimas>. Esta denominación se mantiene en la actualidad.

Finalmente, el 27 de octubre de 1939, se recibió oficialmente en el “faro de Candás” un oficio en el que se notificaba la modificación de la denominación del actual «Cuerpo de Torreros de Faros», pasando a ser conocido como <Cuerpo Técnico-Mecánico de Señales Marítimas>. Esta comunicación fue trasladada al resto de los faros españoles. Este faro está situado en Candás, concejo de Carreño, Principado de Asturias (España).

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Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (2ª parte)

Historia de los torreros de faros en España

Aquí, a diferencia de otros países, la finalidad de todos los que trabajaban en los faros era alcanzar la categoría de torrero, puesto que era lo máximo a lo que se podía aspirar dentro de un faro. En otros países los torreros podían abandonar los faros y pasar a realizar tareas administrativas, como Estados Unidos; que se solicitaba el traslado a las oficinas del -Lighthouse Service- Servicio de los faros. En el Reino Unido, los fareros podían trabajar en las oficinas de la -Trinity House- la corporación que se encargaba del mantenimiento y funcionamiento de los faros británicos.

Siendo torrero en España se podía vivir bien, aunque en ocasiones el salario era justo y llegaba tarde. La mayor ventaja era que te garantizaba una pensión tras la jubilación. Sin embargo, la profesión de torrero no estaba al alcance de todas las personas; no ya por un nivel cultural alto ni por exigencias físicas, sino por otra serie de condicionantes que determinaban quienes estaban cualificados para desempeñar esta profesión.

En primer lugar, había que estar acostumbrado a la soledad porque las condiciones de trabajo en todos los faros no eran iguales y en algunos faros no se tenía un compañero o un ayudante. Esa adaptación era bastante complicada, ya que la vida en sociedad es algo inherente al ser humano. A continuación, se debía tener una predisposición a lo que en la actualidad se denomina «movilidad geográfica», puesto que, a lo largo de la vida laboral de un torrero, éste podía trabajar en distintos emplazamientos. La movilidad geográfica estaba justificada porque así se trataba de compensar a aquellos torreros que desempeñaban sus funciones en faros aislados o que tras muchos años en el cuerpo necesitaban trabajar en faros menos exigentes. También se utilizaba la movilidad para castigar a aquellos torreros que habían cometido infracciones. Analizándolo fríamente, estos cambios de destino eran necesarios porque no era lo mismo el trabajo en un faro ubicado en una población que el trabajo desempeñado en un faro completamente aislado en el mar o en una zona remota.

Para paliar esa soledad, se construyeron viviendas adosadas a las torres. En dichas casas, se alojarían los torreros y sus familias. El hecho de que el torrero pudiera estar acompañado por sus familiares hacía un poco más llevadera su larga estancia en el faro, pero eso no era suficiente, puesto que tanto él como su familia estaban completamente aislados del resto de la sociedad. Por ejemplo; un problema tan trivial en la actualidad como la asistencia médica, en un faro aislado durante los meses de invierno se podía convertir en una causa de muerte por desconocimiento y, sobre todo, por la falta de medios para subsanarlo.

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Torreros o fareros, la misma profesión con distinta denominación (1ª parte)

Historia de los torreros de faros

Lógicamente, no podemos olvidarnos de una figura esencial en el funcionamiento de los faros, el torrero. Antiguamente, denominado atalayero y, posteriormente, «torrero», porque su labor la ejercían en torres. También se les ha llamado “fareros” o incluso “faristas”. En la actualidad, se denominan técnicos-mecánicos de Señales Marítimas. Esta figura está prácticamente extinguida debido a la automatización de los faros, pero hay que recordar que durante varios siglos estos hombres y mujeres fueron importantísimos, ya que, sin ellos, los faros no habrían tenido ninguna utilidad.

La profesión de torrero solía pasar de generación en generación a pesar de la singularidad del trabajo. Estaba mal remunerada y, sobre todo, no era apta para todo el mundo, puesto que era un trabajo muy exigente y requería de una dedicación exclusiva. Los torreros eran aquellas personas que vivían en los faros y que tenían como misión principal encargarse del correcto funcionamiento de éstos. En los orígenes de esta profesión, sus tareas eran completamente diferentes a las que desempeñan hoy en día debido sobre todo a la electrificación de los faros, primero, y a la automatización, después. Así, pasaron de tener que controlar los depósitos de combustible y recortar la mecha de los capillos y limpiar las lentes entre otras muchas actividades a supervisar periódicamente un programa que dirige el funcionamiento del faro.

La literatura y el cine han idealizado durante décadas esta profesión, pero por desgracia, lo que nos transmiten no se parece en nada a lo que de verdad padecían los torreros y sus familias. Hablamos de aquellos torreros que desempeñaban su trabajo en faros aislados o en alta mar.

En algunos países era un requisito imprescindible para poder optar a un empleo en los faros que se hubiera pasado unos años trabajando como marinero. Por lo general, la gente que solía trabajar en los faros había nacido en la costa y, por ende, conocían la mar.

Una cualidad, que en la actualidad no tiene prácticamente importancia, es que muchos de los antiguos torreros sabían nadar, puesto que en los faros ubicados en el mar la única forma de acceder era en bote y muchas veces, la mar no estaba en calma. Además, si se producían naufragios en las proximidades de los faros, éstos debían socorrer a los náufragos y sin saber nadar poca cosa se puede hacer para rescatar a alguien.

Continuará…