Las Luces del Largo 4. Faros del Mundo

Os presentamos la cuarta entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Una de las fotografías que ilustra este libro. Skerryvore lighthouse

4.- FAROS DEL MUNDO

(AnnaMaria “Lilla” Mariotti)

Hace muchos muchos Reyes Magos, una chica de ojos marrones le regaló este ejemplar de “FAROS DEL MUNDO” a una versión mucho mucho más joven de mí mismo que vivía perdida entre tebeos de Corto Maltés y pintas de Guinness. Fue mi primer libro de faros. Y bien pudiera haber sido el último, porque es un precioso compendio con fotos espectaculares de los más hermosos faros del planeta y, desde luego, más que suficiente para calmar la curiosidad de cualquiera con cierto interés por el tema… Pero ya sabéis cómo funcionan estas cosas: se había plantado una semilla. La gente lo ve en tu estantería, -destaca bastante por sus dimensiones (37,1 x 21 cms)-, y lo tiene en mente a la hora de hacerte un regalo (“creo que le gustaban los faros, ¿no?”); viajas y visitas nuevos faros y librerías lejanas con libros de faros locales que te llaman a gritos, -a veces en idiomas que ni siquiera entiendes-, y no puedes negarte. Y antes de que te des cuenta, resulta que tienes una colección en ciernes y eres “el colgado ese de los faros”. Ya es inevitable. Da igual que los Dropkick Murphy’s acaben de sacar disco o que se haya publicado lo último de Raule, te caerá un libro de faros como regalo de cumpleaños o de lo que sea: la colección crece. Y uno, contento.

17 años después debo admitir que, en su momento, sólo hojeé las páginas deleitándome en las fotografías, -muchas de mi idolatrado Philipp Plisson-, sin prestar demasiada atención a los datos técnicos ni a la introducción sobre la Historia de los faros de Annamaria Mariotti. No sabía que, con el tiempo, visitaría algunos de ellos ni que en un momento dado llegaría a realizar un viaje en furgoneta para ver 60 faros en 25 días. El gran formato del libro se presta un poco a ello, a dejarse llevar, pasando página tras página de forma indolente, como quien ojea un catálogo de sueños o de antiguas conquistas. Las fotos de la Torre de Hércules, Bishop Rock, Cabo Byron o Kéréon, -por citar algunos-, lucen de una manera bárbara gracias al tamaño del libro y se pueden paladear en un sillón orejero como un buen whisky. Algún tiempo después, más familiarizado ya con la terminología de lámparas de aceite, lentes de Fresnel y cúpulas de vidrio, supe apreciar mejor la maravillosa edición, el esfuerzo puesto por la autora en la recopilación, la belleza de muchos de los planos de construcción reproducidos en este libro y, por supuesto, las hermosísimas instantáneas. Visiones aéreas, contrapicados, planos nocturnos, faros batidos por las olas, puestas de sol de infarto, rayos zigzagueantes… En fin, una chulada si os gustan esa clase de cosas. ¿Y a quién no le gustan esa clase de cosas?

Así que, si queréis calmar un cierto interés por el tema con un único y hermoso volumen o si queréis regalar algo a alguien en quien pueda germinar esta semilla, ésta sería mi recomendación. Si hubiera de ponerle un único “pero”, diría que está excesivamente centrado en Europa y Norteamérica, entiendo que por los motivos comerciales obvios, faltando representaciones de faros más “exóticos” que justifiquen del todo el título del libro… (Qui jistifiquin dil tidi il títili dil libri…). Pero ni me importó en su momento ni me parece forma de terminar una “reseña».

¡Salud!

Portada del ejemplar de Edgar Max

Las Luces del Largo 3. Seashaken Houses

Os presentamos la tercera entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Una de las páginas del libro en la que se aprecia la localización de algunos faros

3.- SEASHAKEN HOUSES

(Tom Nancollas)

Tened la biodramina cerca si se os ocurre comenzar este libro porque Tom Nancollas os llevará, cogidos del pescuezo, en un apasionante y personal viaje a algunos de los “faros de roca” más peligrosos y aislados de Inglaterra e Irlanda.

Lo de “apasionante” no va de balde, el tipo empieza fuerte: en las primeras páginas nos narra la destrucción del primer faro de Eddystone en la Gran Tormenta de 1703 y lo hace de tal forma que, aunque conozcas la historia al dedillo -una de esas que raya la leyenda por su grandiosidad y dramatismo-, no puedes evitar quedarte boquiabierto y apretujarte en la poltrona, agradecido de no estar faenando ahí fuera en esta noche invernal. Ya sabéis, es esa clase de libro que pide chimenea y café con unas cuantas gotas de ron y que parece que se lee mejor si el viento sopla de lo lindo y las contraventanas se estremecen.

Y lo de “personal” tampoco se queda corto. La narración destila pasión, un elemento que jamás debería faltar en un libro de estas características. No creo que ni el más ferviente aficionado al tema lograse leer con deleite 225 páginas que se limitasen a detallar las características técnicas y la historia constructiva de un puñado de edificios que jamás podrás visitar. Lejos de ser la perorata de un experto, el autor nos lleva de la mano en un viaje de descubrimiento que nos hace sentir que estamos aprendiendo juntos. Consigue contagiar al lector desde el comienzo, al menos en mi caso, como si un colega entusiasta insistiese en compartir contigo lo que más le gusta en el mundo y, además de contártelo en un bar, te llevase de viaje con él en barco y helicóptero a algunos de los más recónditos y maravillosos lugares del archipiélago británico. A lo largo del viaje hay Guinness y Whisky, burdeles decimonónicos, exorcismos, historia del IRA y, claro, faros. Todo un lujo.

Los “faros de roca”, por cierto, son aquellos que se alzan en un escollo en pleno mar para alertar de peligrosas rocas sumergidas. Hasta su construcción, los nombres de algunos de esos afilados bajíos eran mencionados con pavor por los marineros y temidos incluso por capitanes de mares lejanos; no en vano algunos de los más afamados han reclamado miles de vidas humanas a lo largo de centurias de navegación. La historia de los faros que pusieron fin a ese terror, las anécdotas personales del autor y las de las gentes que encuentra a su paso, -a través de la prosa fluida de Tom-, hacen que la lectura del libro sea un placer sencillo y gratificante. Consigue transmitir toda la extrañeza y la magia de esas “casas batidas por el mar”, esos edificios construidos, aparentemente, sobre las aguas y que son aún testimonio de la testarudez del hombre y su empeño en domar los océanos.

Quizá el mejor elogio que se pueda hacer del libro es decir que, tras cerrarlo, sientes que se ha creado en tu interior la necesidad de abandonar tu poltrona y realizar el viaje por ti mismo. Tras tomar suficientes tragos de ron, eso sí. O pastillas de biodramina.

Salud!

Portada del ejemplar de Edgar Max

Las Luces del Largo 2. The Lighthouse Stevensons

Os presentamos la segunda entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

2.- THE LIGHTHOUSE STEVENSONS 

(Bella Bathurst)

Si amáis Escocia y los faros, éste es vuestro libro.

Ahí debería terminar la “reseña”, la verdad, pero voy a teclear algunas estomagantes impresiones más al amparo de la chimenea y la cerveza negra. En estas fechas podría haber elegido reseñar “Cuento de Navidad” de Dickens. Hay un párrafo en el que el fantasma de las Navidades del Presente se lleva volando a Mr. Scrooge para mostrarle cómo celebran las festividades en otras partes del globo y la primera parada es un faro aislado, construido en un escollo, que bien pudiera ser Eddystone o Bell Rock. La espectral pareja contempla cómo los dos fareros cantan devotos villancicos y brindan con grog en armoniosa hermandad. Es bonito. No lo he visto nunca en el cine, pero es una gran escena… El caso es que no voy a reseñar ese libro sino el de Bella Bathurst.

Os aviso que hay spoilers importantes a continuación: todos los personajes mueren, ninguno de los faros que construyen se derrumba, Escocia se une con Inglaterra. ¿Vamos?

Durante muchos años supe, de forma vaga, que los antepasados de R. L. Stevenson habían sido constructores de faros. Probablemente lo leí en algún sitio y desde entonces, simplemente, lo había asimilado como un detalle anecdótico que añadía un aura de romanticismo y aventura indomable a la figura ya mítica de Louis. Cuando visité Escocia y pude ver algunos de los faros que los Stephenson habían construido en las Shetland, casi doscientos años antes, entendí que todo ese salitre, esos paisajes desolados y esas gentes -todavía hoy pintorescas a mis ojos-, eran las que pululaban por muchas de las páginas del que fuera mi autor fetiche. Faros, mares salvajes, islas azotadas por el viento, whisky ahumado y legado vikingo se amalgamaron en mi cerebro en aquellos años forjando un imaginario que quise hacer propio. (De hecho, nombré a un personaje que me habría de acompañar largo tiempo en mis propias obras Bill “el Largo” en honor del Silver de Stevenson). Pero jamás profundicé en la auténtica aventura que fue la construcción de aquellos faros imposibles, como Muckle Flugga, hasta que no cayó en mis manos el libro de Bella Bathurst “The Lighthouse Stevensons” bastante tiempo después.

Lo abordé con la inexplicable aprensión que me generan siempre las biografías, pero bastaron las dos primeras frases para que la venciera completamente: “The ferryman has a hangover. I have a hangover”. Vaya, me dije, ¡este es mi tipo de autora! Y probablemente mi tipo de biografía. Los párrafos siguientes me demostraron que no me equivocaba y, en verdad, las doscientas sesenta páginas se leen en un suspiro (de salitre). Bella entreteje magistralmente la historia de la construcción de algunos de los más emblemáticos y espectaculares faros de Escocia con los dramas y las victorias de una dinastía de ingenieros que se empeñaron en domeñar las costas salvajes de su amado país en aras de forjar un mañana mejor para todos. La autora nos sumerge de lleno en una época crucial para Escocia, (“the Scottish Enlightenment”), que redefinió las características de un país desgarrado entre los convulsos avances del progreso y la revitalización romántica de su pasado. Gracias a ella aprendemos como en una buena clase de historia, -casi sin querer-, acerca de un tiempo en que la ingeniería era sinónimo de aventura, tenacidad y audacia y las ideas de “bien común” y “progreso” no se habían abaratado aún en los tenderetes de los mercachifles de la modernidad.

Página tras página asistimos a las labores titánicas del precursor de la saga familiar de constructores de faros, Robert Stevenson, que consiguió aunar sus deseos de ascenso social y mejora del bien común a base de construir luces en las tinieblas contra viento y marea -of course- y también contra los titubeos de una administración inoperante, los recelos de muchos lores y aún el desprecio de una población costera que se beneficiaba de los naufragios desde tiempo inmemorial. Bathurst nos muestra al hombre, al héroe y al patriarca férreo que dispuso el transcurso de las vidas de sus hijos como una más de sus obras sin perdonar la flaqueza o el error en su prole.

La información técnica que se nos proporciona es fácilmente asimilable y jamás tediosa, los apuntes personales siempre pertinentes -sin lugar a juicios de moral o conducta por parte de la narradora, que más bien parece ser la bisnieta de aquellas gentes narrando de forma nostálgica y admirativa su historia familiar-, y las lecciones de vida inolvidables. Más allá del asombro de los propios logros constructivos en circunstancias imposibles y de las anécdotas que merecerían bellísimas páginas de cómic para ilustrarlas, sobrecogen los detalles humanos, como conocer la vida de Alan Stevenson (tío de Louis), un tipo con una sensibilidad artística y una inteligencia agudísima que le llevaron a ser amigo y defensor de los grandes poetas de su época, -Coleridge incluido-, y que renunció a sus propias pretensiones literarias en aras de satisfacer las ilusiones y esperanzas de su, en ocasiones, tiránico padre. También, por supuesto, es sobrecogedora la ambivalencia que intuimos en Louis, el gran ausente del libro, -el nieto renegado-, al saber que el éxito de sus piratas y la sombra de sus aventuras ficticias habían oscurecido para siempre el trabajo de dos generaciones de héroes auténticos que habían vivido por y para las luces del Norte.

Algunos de los pasajes más emotivos del libro son remembranzas que la autora toma prestadas de los apuntes de Louis, cuando éste escribe sobre las impresiones que los viajes de reconocimiento al norte le generaban, o sobre el abuelo al que no llegó a conocer. A él, a Robert Stevenson, el gran pionero y líder de la familia, le dedica estas líneas imaginando las sensaciones que debieron asaltarle en su lecho de muerte: “But there was something else that would cut him to the quick: the loss of the cruise, the end of all his cruising; the knowledge that he looked his last on Sumburgh, and the wild crags of Skye, and the Sound of Mull with the praise of which is letters were so often occupied; that he was never again to hear the surf break in Clashcarnock; never again to see lighthouse after lighthouse (all younger than himself and the more part of his own device) open in the hour of the dusk their flowers of fire, or the topaz and the ruby interchange on the summit of the Bell Rock”.

Tan hermoso que casi se escucha el embate de las olas y el rascar de la plumilla en el papel…

Finalizada la lectura de esta obra, mi enfoque ha cambiado de tal forma que podría llegar a ver la vida de R. L. Stevenson como el detalle anecdótico, el epílogo exótico, de la verdadera aventura.

En resumen, que si amáis Escocia y los faros, este es vuestro libro.

¡Salud! 

Portada del ejemplar de Edgar Max

La luz del faro. El cuento de Navidad

Un buen regalo para el día de Navidad es el que nos traen desde LuzDosTres con un viejo conocido por todos vosotros. Nos referimos a Mario, farero de Mesa Roldán. Un vídeo espectacular con una historia o mejor dicho un cuento que… no, no os decimos más, tenéis que verlo y luego opináis.

LuzDosTres es una comercializadora eléctrica creada en el año 2021 por Grupo Dominion, compañía española que cotiza en bolsa con una amplia experiencia en el campo de la energía y la tecnología.

La Luz del faro: El cuento de Navidad

https://youtu.be/lcU_MGQo9ZI

Estas Navidades que no te cuenten cuentos ni para desearte unas Felices Fiestas. Sin montarse películas ni historias enrevesadas.

Las Luces del Largo 1. Les Phares Pop Up

Os presentamos una nueva sección dentro de este blog. Se trata de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Phare des Pierres-Noires, Finistère

1.- LES PHARES POP-UP

(Dominique Ehrhard/ Anne-Florence Lemasson)

Quizá no sea lo más acertado comenzar esta serie de “reseñas” de libros de faros con una obra que no he leído por aquello de que está en francés y mis conocimientos de la lengua de Voltaire no van mucho más allá de “Une bière, s’il vous plâit”, pero este libro hace saltar por los aires cualquier barrera idiomática a golpe de pop-up. Es esta una obra tridimensional que despliega sus encantos móviles en cuanto lo abres, transportándote no sólo a las costas más bravas del Atlántico en un recorrido por cinco de los faros más emblemáticos de Francia, sino también a la lejana infancia.

  • ¡Oh, venga! Ese tropo es más rancio que un bocata de escarolas -interrumpe uno.
  • Va de veras. Quizá no sea muy original, pero así es como lo siento -me defiendo.
  • ¿Cómo consigue semejante magia, amigo Bill? -pregunta otro, ojiplático.

Simplemente lo abres y el hechizo actúa, es instantáneo: vuelves a tener cinco años y tus ojos alucinados son los de un crío que flipa al ver cómo esos faros gigantes se alzan desde las páginas del libro. Hablo de hechizos y magia porque toda la paciencia y sabiduría que hay detrás de la artesanía de estos libros se me antoja cosa de alquimia. La que transforma, en este caso, el papel en agua, piedra y hasta viento ululante.

Tras una breve introducción histórica sobre lo que -intuyo- fueron los avatares de la construcción de estos monumentos en las costas francesas, se inicia el itinerario: comenzamos en Chassiron y nos adentramos en las salvajes costas bretonas visitando los faros de Les Poulains, Eckmühl, Ar-Men y Pierres-Noires. Por el pop-up de Les Poulains, en Belle-Île, casi esperas ver pasear a una diminuta pareja de jóvenes amantes, como si estuvieras presenciando un episodio de “El cuentacuentos”, aquella vieja serie de Jim Henson en la que la narración del protagonista cobraba vida en el tapiz del fondo o en las figuras pintadas en la jarra de cerveza… Pero la quietud de ese Nirvana que es Belle-Île dura poco y enseguida cobran vida las olas que azotan a los gigantes. Cada desplegable es más espectacular que el anterior, llevándose la palma los dos últimos, cuyo efectista modelaje representa el sueño húmedo de cualquier amante de los faros y la pesadilla más odiosa de cualquier farero. (No en vano, según la clasificación tradicional de los destinos de los fareros en “Infierno”, “Limbo” y “Paraíso” que se menciona en el texto -si no me equivoco-, los faros construidos en rocas a varias millas de la costa serían los destinos “infernales”). Ar-Men y Pierres Noires son dos de los más conocidos y peligrosos faros de la costa Atlántica y el modelare de los desplegables les hace justicia. Joder, si hasta escuchas el bramido de las olas.

Cada faro lleva consigo un mapa de la costa en que se encuentra ubicado y datos técnicos (fecha de construcción, altura, año de automatización, coordenadas…) para rematar la faena pedagógica. En mi caso, la nostalgia de revisitar de esta forma algunos de los faros emblemáticos de mi juventud fue lo que me hizo abalanzarme sobre este libro y desembolsar a tocateja los 25 pavos sin pensármelo. Pero creo que a cualquier amante de los faros o de los libros hermosos le puede interesar pasearse por sus páginas y disfrutar sus encantos. A fin de cuentas, es eso u 8 botellas de sidra… Y el libro no deja más resaca que la del mar de papel de sus entrañas.

  • ¡Oh, venga! ¡Qué final más cursi! -apunta uno.
  • Lo cursi no quita lo valiente -me defiendo, pero en las tripas siento que algo de razón tiene.

¡Salud!

Phare d’Ar-Men, Finistère
Phare des Poulains, Sauzon

Inauguración de la exposición «Faros, Naufragios y Leyendas» de Edgar Max

El pasado sábado, 27 de noviembre, según lo acordado entre Mario, farero de Mesa Roldán, y el capitán Bill el Largo se inauguró la exposición «Faros, Naufragios y Leyendas».

Mario fue el maestro de ceremonias y tras una breve introducción le cedió la palabra a Edgar Max, creador de Bill el Largo, y autor de los dibujos que conforman la exposición. El capitán Bill el Largo habló ante su tripulación (un público amigo) y más le valía serlo y aplaudir porque de lo contrario al finalizar el acto conocerían de primera mano cómo se las gasta Bill, todo el que no mostrase su admiración hacia las palabras del afamado capitán habría pasado por la quilla. Tras la arenga cargada de vastos conocimientos sobre los faros y en concreto sobre el que nos encontrábamos, el “faro de Mesa Roldán”, Bill el Largo alzó su brazo y le dio un gran trago a su cerveza negra, la que le acompañó desde el inicio del acto.

El capitán Bill el Largo se despidió deseándonos ¡Salud! a todos los presentes y nos invitó gentilmente a disfrutar de su exposición.

A continuación, os mostramos una selección de las fotografías que hicimos durante la presentación de la exposición. En la próxima entrada subiremos las fotografías de todos los dibujos de la exposición.

Información sobre los faros en el mes de diciembre (2ª parte)

Diciembre

-1908. Los dueños de la goleta <Electric Flash> ofrecen a la -Lighthouse Board- Junta de Faros, un -peapod- de 14 ½ pies [bote de pescadores de 4,4196 metros}, en vez del bote salvavidas que se destruyó en la colisión con “Spring Point Ledge lighthouse” en Spring Point Ledge, Portland Harbor, Portland, estado de Maine, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos). La Junta de Faros aceptó el cambio.

-1917. Se dota de una lámpara de acetileno {especialmente indicada para las islas} al “faro de la isla Coelleira” en la isla homónima, municipio Vicedo, comarca de La Mariña Occidental, provincia de Lugo, Galicia (España). La nueva lámpara tiene un alcance de once millas y suprime el servicio del guardián del faro.

-1918. El comandante del buque hidrográfico <ARA Piedra Buena> P-36 y jefe de dependencias del Ministerio de Marina en Tierra de Fuego y Cabo Vírgenes, el teniente de fragata Francisco Stewart, recorre la zona del cabo San Pío con la intención de localizar una ubicación idónea para la construcción de un faro. El cabo se encuentra en el departamento de Ushuaia, provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (Argentina). El faro se construirá en marzo del año siguiente.

-1941. Desde el buque faro “Walnut” se lanza un bote salvavidas para rescatar a la tripulación del hidroavión estadounidense -U.S. PBY Flying Boat-, derribado en Midway Lagoon tras entrar en combate con dos cruceros y un destructor japoneses, que estaban bombardeando Midway Island <también conocida como atolón de Midway>, Pacífico Norte {territorio no incorporado de los Estados Unidos}. Por suerte, pudieron rescatar a toda la tripulación del hidroavión, pero dos de ellos estaban gravemente heridos.

“Faros, Naufragios y Leyendas” de Edgar Max

Sábado 27 de noviembre de 2021

Mario Sanz Cruz, farero de Mesa Roldán, escribe en el libro de registro del faro:

  • No ha habido incidencias durante la noche con la luz. Ha amanecido a las 7:58 a. m. Vientos flojos del SO.
  • Procedo al apagado de la luz. Volveré a encenderla a las 17:22 p.m. (30 minutos antes del ocaso).
  • Anoche fondeó cerca de la playa de los Muertos un barco de dudosa procedencia. Ocultaron la bandera cuando estaban a una distancia prudencial para que no pudiera identificarlos. La tripulación del barco desembarcó y han estado merodeando por los alrededores del faro.
  • 17:00 Se persona en las instalaciones del faro el capitán del barco, Bill el Largo, el cual pide permiso para ocupar durante unos días el faro junto con su tripulación. Desconozco sus aviesas intenciones pero de momento me fio.

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  • Aclarado el enigma. Se trata de una exposición temporal llamada “Faros, Naufragios y Leyendas”. Estará visible a todos los que os acerquéis al faro de Mesa Roldán hasta el próximo día 31 de enero.

Intentando normalizar Acción de Gracias

Seguimos inmersos en la pandemia y, aunque ya tenemos vacunas, seguimos con restricciones. Los estadounidenses van a celebrar el día de Acción de Gracias -Thanksgiving-, pero, desgraciadamente, no podrán hacerlo como de costumbre, ya que las autoridades les recomiendan que eviten las aglomeraciones. Es algo que también nos aconsejan aquí.

La imagen más tradicional de Acción de Gracias

Esperamos que el año que viene se normalice todo y que volvamos a disfrutar como antes. Por eso lo mejor es que sigamos siendo prudentes y respetando las normas. Mientras tanto, desde este blog losfarosdelmundo.com queremos felicitaros este cuarto jueves del mes de noviembre por el día de Acción de Gracias -Thanksgiving, -Dia de Ação de Graças-.

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Snoopy se suma a la fiesta del Día de Acción de Gracias

Las mil caras de Formentor por Carlos Carrión Sánchez (2ª parte)

Os presentamos el resto de fotografías que conforman la palabra FORMENTOR. Se trata de un mosaico de imágenes del faro confeccionado por nuestro amigo Carlos Carrión Sánchez, un fotógrafo aficionado, que nos cuenta su fascinación hacia el “faro de Formentor”.

Las mil caras de Formentor

-M- Amanecer en el faro

-E- Startrail sobre el faro de Formentor

-N- Estrellas sobre el faro

-T- Trazas azules detrás del faro

-O- Estela hacia el faro

Os dejamos el mosaico que hizo Carlos Carrión con sus fotos de Formentor para que lo recordéis.