Historia de los torreros de faros
Lógicamente, no podemos olvidarnos de una figura esencial en el funcionamiento de los faros, el torrero. Antiguamente, denominado atalayero y, posteriormente, «torrero», porque su labor la ejercían en torres. También se les ha llamado “fareros” o incluso “faristas”. En la actualidad, se denominan técnicos-mecánicos de Señales Marítimas. Esta figura está prácticamente extinguida debido a la automatización de los faros, pero hay que recordar que durante varios siglos estos hombres y mujeres fueron importantísimos, ya que, sin ellos, los faros no habrían tenido ninguna utilidad.
La profesión de torrero solía pasar de generación en generación a pesar de la singularidad del trabajo. Estaba mal remunerada y, sobre todo, no era apta para todo el mundo, puesto que era un trabajo muy exigente y requería de una dedicación exclusiva. Los torreros eran aquellas personas que vivían en los faros y que tenían como misión principal encargarse del correcto funcionamiento de éstos. En los orígenes de esta profesión, sus tareas eran completamente diferentes a las que desempeñan hoy en día debido sobre todo a la electrificación de los faros, primero, y a la automatización, después. Así, pasaron de tener que controlar los depósitos de combustible y recortar la mecha de los capillos y limpiar las lentes entre otras muchas actividades a supervisar periódicamente un programa que dirige el funcionamiento del faro.
La literatura y el cine han idealizado durante décadas esta profesión, pero por desgracia, lo que nos transmiten no se parece en nada a lo que de verdad padecían los torreros y sus familias. Hablamos de aquellos torreros que desempeñaban su trabajo en faros aislados o en alta mar.
En algunos países era un requisito imprescindible para poder optar a un empleo en los faros que se hubiera pasado unos años trabajando como marinero. Por lo general, la gente que solía trabajar en los faros había nacido en la costa y, por ende, conocían la mar.
Una cualidad, que en la actualidad no tiene prácticamente importancia, es que muchos de los antiguos torreros sabían nadar, puesto que en los faros ubicados en el mar la única forma de acceder era en bote y muchas veces, la mar no estaba en calma. Además, si se producían naufragios en las proximidades de los faros, éstos debían socorrer a los náufragos y sin saber nadar poca cosa se puede hacer para rescatar a alguien.
Continuará…