Las Luces del Largo 4. Faros del Mundo

Os presentamos la cuarta entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Una de las fotografías que ilustra este libro. Skerryvore lighthouse

4.- FAROS DEL MUNDO

(AnnaMaria “Lilla” Mariotti)

Hace muchos muchos Reyes Magos, una chica de ojos marrones le regaló este ejemplar de “FAROS DEL MUNDO” a una versión mucho mucho más joven de mí mismo que vivía perdida entre tebeos de Corto Maltés y pintas de Guinness. Fue mi primer libro de faros. Y bien pudiera haber sido el último, porque es un precioso compendio con fotos espectaculares de los más hermosos faros del planeta y, desde luego, más que suficiente para calmar la curiosidad de cualquiera con cierto interés por el tema… Pero ya sabéis cómo funcionan estas cosas: se había plantado una semilla. La gente lo ve en tu estantería, -destaca bastante por sus dimensiones (37,1 x 21 cms)-, y lo tiene en mente a la hora de hacerte un regalo (“creo que le gustaban los faros, ¿no?”); viajas y visitas nuevos faros y librerías lejanas con libros de faros locales que te llaman a gritos, -a veces en idiomas que ni siquiera entiendes-, y no puedes negarte. Y antes de que te des cuenta, resulta que tienes una colección en ciernes y eres “el colgado ese de los faros”. Ya es inevitable. Da igual que los Dropkick Murphy’s acaben de sacar disco o que se haya publicado lo último de Raule, te caerá un libro de faros como regalo de cumpleaños o de lo que sea: la colección crece. Y uno, contento.

17 años después debo admitir que, en su momento, sólo hojeé las páginas deleitándome en las fotografías, -muchas de mi idolatrado Philipp Plisson-, sin prestar demasiada atención a los datos técnicos ni a la introducción sobre la Historia de los faros de Annamaria Mariotti. No sabía que, con el tiempo, visitaría algunos de ellos ni que en un momento dado llegaría a realizar un viaje en furgoneta para ver 60 faros en 25 días. El gran formato del libro se presta un poco a ello, a dejarse llevar, pasando página tras página de forma indolente, como quien ojea un catálogo de sueños o de antiguas conquistas. Las fotos de la Torre de Hércules, Bishop Rock, Cabo Byron o Kéréon, -por citar algunos-, lucen de una manera bárbara gracias al tamaño del libro y se pueden paladear en un sillón orejero como un buen whisky. Algún tiempo después, más familiarizado ya con la terminología de lámparas de aceite, lentes de Fresnel y cúpulas de vidrio, supe apreciar mejor la maravillosa edición, el esfuerzo puesto por la autora en la recopilación, la belleza de muchos de los planos de construcción reproducidos en este libro y, por supuesto, las hermosísimas instantáneas. Visiones aéreas, contrapicados, planos nocturnos, faros batidos por las olas, puestas de sol de infarto, rayos zigzagueantes… En fin, una chulada si os gustan esa clase de cosas. ¿Y a quién no le gustan esa clase de cosas?

Así que, si queréis calmar un cierto interés por el tema con un único y hermoso volumen o si queréis regalar algo a alguien en quien pueda germinar esta semilla, ésta sería mi recomendación. Si hubiera de ponerle un único “pero”, diría que está excesivamente centrado en Europa y Norteamérica, entiendo que por los motivos comerciales obvios, faltando representaciones de faros más “exóticos” que justifiquen del todo el título del libro… (Qui jistifiquin dil tidi il títili dil libri…). Pero ni me importó en su momento ni me parece forma de terminar una “reseña».

¡Salud!

Portada del ejemplar de Edgar Max

Ganador de la V edición del concurso «Feliz Faro Nuevo»

Confiamos en que Sus Majestades los Reyes Magos os hayan traído todos los regalos que les pedisteis. Nosotros hemos pensado que un buen regalo sería anunciaros quién es el ganador de la V edición del concurso «Feliz Faro Nuevo».

Así, os comunicamos que el ganador de esta edición es… Eduardo Padial. Hemos utilizado su felicitación para encabezar esta entrada. En ella, Eduardo ha puesto un faro para que guie a los tres Reyes Magos.

Queremos comentaros a todos aquellos que nos habéis enviado una felicitación que aunque no la veáis publicada en esta entrada, tenemos presente quienes habéis participado y contactaremos con todos vosotros para enviaros el calendario prometido.

Otras felicitaciones que hemos recibido, pero sin imágenes han sido:

  • Be the Light!!!
  • Deseo que un faro ilumine tu hogar y la paz sea tu luz. ¡Feliz Navidad!
  • Merry and Bright 2022!
  • Let your light shine, share kindness, radiate love and let others know you care. Happy New Year!                    Traducida viene a ser algo así.
  • Deja que brille tu luz, comparte amabilidad, irradia amor y deja que los demás sepan que te preocupas. ¡Feliz año nuevo!
  • Leave a light on for Santa!!!
  • May your new year be filled with intrigue and mystery, love and above lighthouses. Happy New Year!                 Traducida viene a ser algo así.
  • Que tu nuevo año esté lleno de intriga y misterio, amor y emociones de faros. ¡Feliz año nuevo!

En nuestra próxima entrada compartiremos el resto de felicitaciones recibidas. Muchísimas gracias a todos por participar.  ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Alma by Ana joyas

Que mejor día para presentaros estas joyas que hoy, vísperas del día de Reyes. Así que si queréis hacer un buen regalo o autoregalaros algo contemplad las maravillosas joyas que ha confeccionado nuestra amiga Ana, inspiradas en algunos de los faros más emblemáticos que tenemos en nuestras costas.

El verano pasado tuve la suerte de conocer a través de nuestros amigos de Obsequia Regalos Inusuales @Obsequiaregalos a Ana. Su trabajo me pareció fascinante y sobre todo original. Así que tras ver sus creaciones le propuse hacer una entrada conjunta para publicarla en este blog. Como ya sabéis, Ana aceptó encantada y publicamos cómo surgió su interés o fascinación por los faros y las joyas o viceversa.

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Llavero de faro con velero

Hoy, seguimos mostrándoos su colección de joyas, pero antes compartiremos con todos vosotros los momentos más significativos de la entrevista que le hicieron en Radio Televisión Castilla y León <cyltv.es> a finales de abril.

Ana cuenta que empezó a desarrollar su faceta creativa porque tenía la necesidad de encontrar algo que la hiciera recordar aquellos momentos en los que era feliz y se acordó que su etapa más feliz en esta vida era la de su infancia. Además, sin pensarlo dos veces, vio que esos recuerdos de felicidad estaban asociados al mar. Esas sensaciones placenteras se producían durante sus vacaciones de verano puesto que ella es de Valladolid y la posibilidad de ver el mar quedaba reducida a esa estación del año. El lugar elegido por sus padres era Cabo de Palos, huelga decir que allí existe un impresionante faro.

Sus primeros recuerdos de bienestar era encontrar tesoros en el mar. Ana añoraba la sensación de dicha que le producía encontrar un erizo de mar, una concha entera, etc. A raíz de esos recuerdos, empezó a realizar sus primeras creaciones y en ellas pretendía reflejar la alegría que produce encontrar un tesoro. Y lo consiguió. En primer lugar fueron los erizos de mar para posteriormente realizar anillos, collares, llaveros, pendientes, pulseras, y por supuesto la joya de la corona (por lo menos para los amantes de los faros) creaciones inspiradas en faros.

Entre sus modelos, Ana ha escogido faros tales como: Biarritz, Cabo de Palos, cabo de Berbería <far de Cap de Barbaria> y Formentera.

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Tres de sus medallas que incluyen faros
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Molde para realizar un colgante

Todas estas joyas están a la venta y si las queréis adquirir podéis contactar con Ana a través de su Instagram      IG: @almabyanajoyas

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Ana también tiene una página web en la que se pueden contemplar todas sus creaciones.             www.almabyana.com

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Medalla de faro con gaviotas

Esperamos seguir contando con la colaboración de Ana y la animamos a seguir incluyendo faros en su dilatado repertorio. Os mantendremos informados de sus nuevas creaciones.

Muchas gracias, Ana.

3 de enero efemérides sobre los faros (2ª parte)

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Enero

Día 3

-3 de enero de 1914. Se instala un farol sobre la torre de vigilancia ubicada a escasos metros de Amphitrite Point. La luz reemplaza a “Amphitrite Point lighthouse”, el faro que había sido derruido por un maremoto el día anterior. La torre de vigilancia se halla en Amphitrite Point, Ucluelet, -Ucluelet Peninsula- península de Ucluelet, isla de Vancouver, provincia de -British Columbia- Columbia Británica (Canadá).

-3 de enero de 1929. Naufragio del buque francés -Malakoff- tras estrellarse contra las rocas cerca del “faro de Artruch” <far d’Artrutx>, también conocido como “faro Dartuch”. Los torreros lograron rescatar a seis náufragos. El faro está situado en el cabo homónimo, isla de Menorca, Islas Baleares (España). En 1983 se creó la comunidad autónoma de las Islas Baleares, a la que pertenece hoy en día. Tras la normalización lingüística de 1986, el faro es denominado <far d’Artrutx>, el cabo <cap d’Artrutx> y la comunidad autónoma <Illes Balears>.

-3 de enero de 1994. El mecánico de faros Bernie Ruddy finaliza la reparación de la lámpara solar de “Point Perpendicular lighthouse”. Estaba rota desde el 27 de diciembre. Tras encenderla, Bernie desactiva definitivamente la antigua lámpara eléctrica. El faro se halla en Point Perpendicular, península de Beecroft, estado de -New South Wales- Nueva Gales del Sur (Australia).

-3 de enero de 2013. Se reúne por primera vez un Comité de doce miembros para elaborar un plan de reubicación de la histórica torre de ladrillo de “Gay Head lighthouse”. El faro se encuentra en Aquinnah, Martha’s Vineyard Island, condado de Dukes, estado de Massachusetts, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos).

-3 de enero de 2014. El periódico <La Voz de Galicia> anuncia que el martes día 7, la {ONCE} Organización Nacional de Ciegos Españoles, dedicará el cupón al “faro de Finisterre”. Se emiten cinco millones y medio de cupones con la siguiente leyenda: «faro del fin del mundo. Fisterra (Galicia)». El precio de cada cupón es de 1,50 €.

Feliz Año 2022

Un año más, y desde este blog Los Faros del Mundo, volvemos a desear que tengáis una feliz entrada de año. Este mensaje se ha convertido en una tradición por estas fechas. Así que sin más dilación, os deseamos un Feliz Año 2022.

Seguimos hablando del COVID-19, aunque ha habido mejoras con respecto al año pasado, puesto que la vacuna ha mermado la capacidad de desarrollo del virus. Pero desgraciadamente, éste muta y volvemos a la casilla de salida. Deseamos poder retomar la normalidad en breve. Hasta que eso no ocurra, sigamos disfrutando de los maravillosos faros que hay por todo el planeta.

Desde Happisburgh lighthouse en Inglaterra nos felicitan el año nuevo
El phare de la Coubre en Francia también se suma a la celebración
Feliz Año Nuevo

1 de enero efemérides sobre los faros (8ª parte)

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Enero

Día 1

-1 de enero de 1877. Se enciende oficialmente “Southwest Ledge lighthouse”. El faro se encuentra en New Haven, condado de New Haven, estado de Connecticut, región de Nueva Inglaterra (Estados Unidos). Es uno de los primeros faros construidos sobre una base cilíndrica de hierro.

-1 de enero de 1877. Se ilumina por primera vez “Menominee Pier lighthouse”. Es un faro de 5.º orden que emite una luz roja. Está ubicado en el muelle norte de Menominee, Upper Peninsula, condado de Menominee, estado de Míchigan (Estados Unidos).

-Decreto del presidente argentino Nicolás Remigio Aurelio Avellaneda [número 11.289] de 1 de enero de 1879, refrendado por el ministro de Guerra y Marina, general Julio A. Roca, por el que se crea la “Oficina Central de Hidrografía”. Se convierte en el primer Servicio Hidrográfico argentino. Su función es la de controlar todo los relativo a la seguridad de la navegación.

-1 de enero de 1879. El torrero Neil Martin acompañado de sus ayudantes, Joseph T. Adams y Thomas Brock, son los encargados de encender por primera vez “Race Rock lighthouse”. El faro está situado en Race Rock, entrada de Long Island Sound, estado de Nueva York (Estados Unidos).

-1 de enero de 1880. Se ilumina por primera vez “Akaroa lighthouse”. Es una torre de madera de veintiocho pies [8,534 metros] de altura. Tiene una lente dióptrica de 2.º orden que emite una luz intermitente blanca. El faro se halla en -Akaroa Heads- promontorio Akaroa, Akaroa, península de Banks, región de Canterbury, South Island <Te Wai-Pounamu> (Nueva Zelanda). El coste del faro superó las 7.000 £.

Las Luces del Largo 3. Seashaken Houses

Os presentamos la tercera entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

Una de las páginas del libro en la que se aprecia la localización de algunos faros

3.- SEASHAKEN HOUSES

(Tom Nancollas)

Tened la biodramina cerca si se os ocurre comenzar este libro porque Tom Nancollas os llevará, cogidos del pescuezo, en un apasionante y personal viaje a algunos de los “faros de roca” más peligrosos y aislados de Inglaterra e Irlanda.

Lo de “apasionante” no va de balde, el tipo empieza fuerte: en las primeras páginas nos narra la destrucción del primer faro de Eddystone en la Gran Tormenta de 1703 y lo hace de tal forma que, aunque conozcas la historia al dedillo -una de esas que raya la leyenda por su grandiosidad y dramatismo-, no puedes evitar quedarte boquiabierto y apretujarte en la poltrona, agradecido de no estar faenando ahí fuera en esta noche invernal. Ya sabéis, es esa clase de libro que pide chimenea y café con unas cuantas gotas de ron y que parece que se lee mejor si el viento sopla de lo lindo y las contraventanas se estremecen.

Y lo de “personal” tampoco se queda corto. La narración destila pasión, un elemento que jamás debería faltar en un libro de estas características. No creo que ni el más ferviente aficionado al tema lograse leer con deleite 225 páginas que se limitasen a detallar las características técnicas y la historia constructiva de un puñado de edificios que jamás podrás visitar. Lejos de ser la perorata de un experto, el autor nos lleva de la mano en un viaje de descubrimiento que nos hace sentir que estamos aprendiendo juntos. Consigue contagiar al lector desde el comienzo, al menos en mi caso, como si un colega entusiasta insistiese en compartir contigo lo que más le gusta en el mundo y, además de contártelo en un bar, te llevase de viaje con él en barco y helicóptero a algunos de los más recónditos y maravillosos lugares del archipiélago británico. A lo largo del viaje hay Guinness y Whisky, burdeles decimonónicos, exorcismos, historia del IRA y, claro, faros. Todo un lujo.

Los “faros de roca”, por cierto, son aquellos que se alzan en un escollo en pleno mar para alertar de peligrosas rocas sumergidas. Hasta su construcción, los nombres de algunos de esos afilados bajíos eran mencionados con pavor por los marineros y temidos incluso por capitanes de mares lejanos; no en vano algunos de los más afamados han reclamado miles de vidas humanas a lo largo de centurias de navegación. La historia de los faros que pusieron fin a ese terror, las anécdotas personales del autor y las de las gentes que encuentra a su paso, -a través de la prosa fluida de Tom-, hacen que la lectura del libro sea un placer sencillo y gratificante. Consigue transmitir toda la extrañeza y la magia de esas “casas batidas por el mar”, esos edificios construidos, aparentemente, sobre las aguas y que son aún testimonio de la testarudez del hombre y su empeño en domar los océanos.

Quizá el mejor elogio que se pueda hacer del libro es decir que, tras cerrarlo, sientes que se ha creado en tu interior la necesidad de abandonar tu poltrona y realizar el viaje por ti mismo. Tras tomar suficientes tragos de ron, eso sí. O pastillas de biodramina.

Salud!

Portada del ejemplar de Edgar Max

Un faro es una joya por Ana

Os presentamos una entrada diferente a todas las que hemos publicado hasta la fecha. Es una amalgama de faros y metales convertidos en auténticas obras de arte tras pasar por la mente de Ana y posteriormente por sus manos. El resultado de tanta creatividad son unas joyas majestuosas.

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Desde pequeña voy a veranear a Cabo de Palos; yo soy de Valladolid. No sé si fue por eso, quizás al estar tan alejada del mar, cuando llegaba a él todo me fascinaba y me parecía exótico, mágico y salvaje… realmente todo lo que tiene que ver con el mar me sigue entusiasmando tanto como cuando era pequeña.

Viviendo los días allí con tanto calor, casi desnuda, descalza, todo el tiempo dentro del agua, viendo tanta vida dentro del mar, aprendiendo tanto ahí sumergida, se me pasaban las horas sin darme cuenta en contraste con mi ciudad… tan ciudad.

Sin duda, para mí, el mar es un paraíso. Además de todos los animales y las plantas que veía cuando buceaba, todas las noches había una referencia que veía desde la ventana de mi casa, una luz intermitente que brillaba por encima de todas las demás, la luz del faro de Cabo de Palos. Estaba lejos de donde yo vivo pero lo veía desde todos los sitios por donde me movía, de día y de noche. De pequeña subíamos al faro de excursión con mi familia. Y me contaron que era una escuela de fareros ¿podría existir un colegio mejor? No.

Cuando crecí pasaba las noches de verano con mis amigos, en la explanada de debajo del faro.

Y con el faro de Cabo de Palos fue con el que inicié este proyecto de joyería, en una época de crisis personal, buscando dentro de mí recuerdos que me hicieran feliz para salir de la situación en la que estaba. Lo primero que me vino al corazón fue el recuerdo del faro; pasé una noche entera modelando en cera; así surgió la primera medalla del faro de Cabo de Palos; la fundí en plata y después continué haciendo otro modelo pero desde otro punto de vista. A partir de ahí continúe con este proyecto que está inspirado en el mar y en sus habitantes.

Veo a los faros como un referente, una guía, una luz, el camino a seguir, la fortaleza, su constancia…son seres de otro mundo que contemplan el mar desde tierra firme, algunos desde tierras muy inhóspitas. Pocas cosas puedo encontrar más inspiradoras. Además del faro de Cabo de Palos, hice también el de Barbaria y he empezado el de Biarritz. Me gusta hacerlos en medallas o gemelos… en amuletos que puedes llevar contigo, me gusta que sean joyas, que es lo que son.

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Dos modelos diferentes de medalla con un mismo faro, el de Cabo de Palos

Todas estas joyas están a la venta y si las queréis adquirir podéis contactar con Ana a través de su Instagram      IG: @almabyanajoyas

Tambien tiene una página web en la que se pueden contemplar todas sus creaciones.             www.almabyana.com

Os mostramos un vídeo con una espectacular medalla del faro de Cabo de Palos.

Vídeo ANA

Por último, agradecerle a Ana su colaboración desinteresada y comentaros que ante la enorme cantidad de joyas que tiene en su repertorio hemos decidido realizar otra entrada. En breve la compartiremos con vosotros.

Carteles de Viñetas desde O Atlántico. 2011-2020

Seguimos compartiendo los carteles del festival de la historieta «Viñetas desde O Atlántico». Un festival que empezó a celebrarse en la ciudad de A Coruña en 1998 y que se desarrolla en el mes de agosto.

La “Torre de Hércules”, símbolo de la ciudad, siempre ha estado presente en este evento puesto que todos los carteles anunciadores la tienen que incluir. En esta serie de entradas relacionadas con el festival vamos a hacer un repaso desde 1998 hasta la actualidad. Sin más dilación, damos paso a las imágenes de los carteles correspondientes a los años comprendidos entre el 2011 y el 2020.

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A Coruña, del 8 al 14 de agosto de 2011

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A Coruña, del 6 al 12 de agosto de 2012

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A Coruña, del 5 al 11 de agosto de 2013

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A Coruña, del 4 al 10 de agosto de 2014

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A Coruña, del 10 al 16 de agosto de 2015

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A Coruña, del 8 al 14 de agosto de 2016

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A Coruña, del 7 al 13 de agosto de 2017

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A Coruña, del 6 al 12 de agosto de 2018

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A Coruña, del 5 al 11 de agosto de 2019

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A Coruña, del 17 al 23 de agosto de 2020

De manera paralela se han hecho catálogos editados en rústica con ilustraciones e historias sobre el cómic. También os mostramos las portadas de esas publicaciones. Están realizadas con las imágenes de los carteles anunciadores del festival.

Las Luces del Largo 2. The Lighthouse Stevensons

Os presentamos la segunda entrega de Las Luces del Largo, una serie de “reseñas” realizadas por Edgar Max, dibujante y creador de Bill el Largo (de ahí el título). Edgar ha escogido algunos de los muchos libros que ha leído sobre faros y los va a comentar desde una perspectiva muy singular.

2.- THE LIGHTHOUSE STEVENSONS 

(Bella Bathurst)

Si amáis Escocia y los faros, éste es vuestro libro.

Ahí debería terminar la “reseña”, la verdad, pero voy a teclear algunas estomagantes impresiones más al amparo de la chimenea y la cerveza negra. En estas fechas podría haber elegido reseñar “Cuento de Navidad” de Dickens. Hay un párrafo en el que el fantasma de las Navidades del Presente se lleva volando a Mr. Scrooge para mostrarle cómo celebran las festividades en otras partes del globo y la primera parada es un faro aislado, construido en un escollo, que bien pudiera ser Eddystone o Bell Rock. La espectral pareja contempla cómo los dos fareros cantan devotos villancicos y brindan con grog en armoniosa hermandad. Es bonito. No lo he visto nunca en el cine, pero es una gran escena… El caso es que no voy a reseñar ese libro sino el de Bella Bathurst.

Os aviso que hay spoilers importantes a continuación: todos los personajes mueren, ninguno de los faros que construyen se derrumba, Escocia se une con Inglaterra. ¿Vamos?

Durante muchos años supe, de forma vaga, que los antepasados de R. L. Stevenson habían sido constructores de faros. Probablemente lo leí en algún sitio y desde entonces, simplemente, lo había asimilado como un detalle anecdótico que añadía un aura de romanticismo y aventura indomable a la figura ya mítica de Louis. Cuando visité Escocia y pude ver algunos de los faros que los Stephenson habían construido en las Shetland, casi doscientos años antes, entendí que todo ese salitre, esos paisajes desolados y esas gentes -todavía hoy pintorescas a mis ojos-, eran las que pululaban por muchas de las páginas del que fuera mi autor fetiche. Faros, mares salvajes, islas azotadas por el viento, whisky ahumado y legado vikingo se amalgamaron en mi cerebro en aquellos años forjando un imaginario que quise hacer propio. (De hecho, nombré a un personaje que me habría de acompañar largo tiempo en mis propias obras Bill “el Largo” en honor del Silver de Stevenson). Pero jamás profundicé en la auténtica aventura que fue la construcción de aquellos faros imposibles, como Muckle Flugga, hasta que no cayó en mis manos el libro de Bella Bathurst “The Lighthouse Stevensons” bastante tiempo después.

Lo abordé con la inexplicable aprensión que me generan siempre las biografías, pero bastaron las dos primeras frases para que la venciera completamente: “The ferryman has a hangover. I have a hangover”. Vaya, me dije, ¡este es mi tipo de autora! Y probablemente mi tipo de biografía. Los párrafos siguientes me demostraron que no me equivocaba y, en verdad, las doscientas sesenta páginas se leen en un suspiro (de salitre). Bella entreteje magistralmente la historia de la construcción de algunos de los más emblemáticos y espectaculares faros de Escocia con los dramas y las victorias de una dinastía de ingenieros que se empeñaron en domeñar las costas salvajes de su amado país en aras de forjar un mañana mejor para todos. La autora nos sumerge de lleno en una época crucial para Escocia, (“the Scottish Enlightenment”), que redefinió las características de un país desgarrado entre los convulsos avances del progreso y la revitalización romántica de su pasado. Gracias a ella aprendemos como en una buena clase de historia, -casi sin querer-, acerca de un tiempo en que la ingeniería era sinónimo de aventura, tenacidad y audacia y las ideas de “bien común” y “progreso” no se habían abaratado aún en los tenderetes de los mercachifles de la modernidad.

Página tras página asistimos a las labores titánicas del precursor de la saga familiar de constructores de faros, Robert Stevenson, que consiguió aunar sus deseos de ascenso social y mejora del bien común a base de construir luces en las tinieblas contra viento y marea -of course- y también contra los titubeos de una administración inoperante, los recelos de muchos lores y aún el desprecio de una población costera que se beneficiaba de los naufragios desde tiempo inmemorial. Bathurst nos muestra al hombre, al héroe y al patriarca férreo que dispuso el transcurso de las vidas de sus hijos como una más de sus obras sin perdonar la flaqueza o el error en su prole.

La información técnica que se nos proporciona es fácilmente asimilable y jamás tediosa, los apuntes personales siempre pertinentes -sin lugar a juicios de moral o conducta por parte de la narradora, que más bien parece ser la bisnieta de aquellas gentes narrando de forma nostálgica y admirativa su historia familiar-, y las lecciones de vida inolvidables. Más allá del asombro de los propios logros constructivos en circunstancias imposibles y de las anécdotas que merecerían bellísimas páginas de cómic para ilustrarlas, sobrecogen los detalles humanos, como conocer la vida de Alan Stevenson (tío de Louis), un tipo con una sensibilidad artística y una inteligencia agudísima que le llevaron a ser amigo y defensor de los grandes poetas de su época, -Coleridge incluido-, y que renunció a sus propias pretensiones literarias en aras de satisfacer las ilusiones y esperanzas de su, en ocasiones, tiránico padre. También, por supuesto, es sobrecogedora la ambivalencia que intuimos en Louis, el gran ausente del libro, -el nieto renegado-, al saber que el éxito de sus piratas y la sombra de sus aventuras ficticias habían oscurecido para siempre el trabajo de dos generaciones de héroes auténticos que habían vivido por y para las luces del Norte.

Algunos de los pasajes más emotivos del libro son remembranzas que la autora toma prestadas de los apuntes de Louis, cuando éste escribe sobre las impresiones que los viajes de reconocimiento al norte le generaban, o sobre el abuelo al que no llegó a conocer. A él, a Robert Stevenson, el gran pionero y líder de la familia, le dedica estas líneas imaginando las sensaciones que debieron asaltarle en su lecho de muerte: “But there was something else that would cut him to the quick: the loss of the cruise, the end of all his cruising; the knowledge that he looked his last on Sumburgh, and the wild crags of Skye, and the Sound of Mull with the praise of which is letters were so often occupied; that he was never again to hear the surf break in Clashcarnock; never again to see lighthouse after lighthouse (all younger than himself and the more part of his own device) open in the hour of the dusk their flowers of fire, or the topaz and the ruby interchange on the summit of the Bell Rock”.

Tan hermoso que casi se escucha el embate de las olas y el rascar de la plumilla en el papel…

Finalizada la lectura de esta obra, mi enfoque ha cambiado de tal forma que podría llegar a ver la vida de R. L. Stevenson como el detalle anecdótico, el epílogo exótico, de la verdadera aventura.

En resumen, que si amáis Escocia y los faros, este es vuestro libro.

¡Salud! 

Portada del ejemplar de Edgar Max