El faro. «Sueños de un Farero» por Jordi de Mallorca (2ª parte)

En esta entrega finalizamos este relato tan personal de Jordi de Mallorca, incluido dentro de la sección denominada «Sueños de un Farero». Esperamos que os guste tanto o más que a nosotros.

-El Faro-

El siguiente paso era romper el silencio. Parece fácil, las normas son claras. Tienes un minuto para contar lo que quieras sobre el tema del día. Lo hice con una condición. Contaría las cosas sin un disfraz, sin engaños. En ese minuto sería yo. Sé que es solo un programa de radio… entretenimiento… pero tenía ganas de romper el silencio. Siempre nos dicen que uno atrae lo que lleva dentro, que uno recoge lo que siembra. Quizás por eso hay tantos temores a mostrarse tal y como somos. Quizás por eso solo queremos que se conozca una pequeña parte de nosotros. Preferimos una buena mentira a una mala verdad ¿por qué no dejar que el tiempo, las ganas y el destino nos junten con aquello que somos? ¿por miedo? ¡Qué importa eso! La recompensa es mucho mejor que esa barrera mental impuesta por la sociedad.

Así que minuto a minuto fui soltando todo aquello que llevaba dentro. Sin esperar nada a cambio, sin pretender ser alguien que no soy. Lo hice por el placer de ser yo y de aportar algo en un lugar donde me recibieron con los brazos abiertos. Justo como hora. Allí se ha mostrado la parte oscura y la parte luminosa, se ha cantado, se ha reído, se ha llorado, se ha odiado y se ha amado. También se agudizó el ingenio dando una segunda vida al despiece de un velero. Convirtiendo una varilla de aluminio y un pomo de latón en una pluma estilográfica. Era un pequeño gesto de amor hacia alguien que aprecias porque sin querer, dio voz y luz a quien por norma no la tiene y dio el valor que se merece a esas pocas palabras que hoy me han traído hasta aquí.

Es bonito ver que con tan poco, uno llega tan lejos. Es una sorpresa que la misma persona pase de ser una sombra, a alguien habitual y que lo llamen “Farero”. Solo con unas pocas palabras: “Lo que se dice en el Faro… se queda en el Faro”. Con tan poco y con todo a la vez. No estoy diciendo que vayas contando tu vida por ahí, no estoy diciendo que lo tires todo por la borda. Se trata de algo más simple. Se trata de ajustar el rumbo, de darle la importancia justa a los pequeños gestos, a esos cambios de viento, o a los pequeños pasos del día a día. Te darás cuenta que lo que importa de verdad no es el destino, sino lo que estás navegando.

Hacer ese ejercicio me ha llevado a lugares muy bonitos. Con la excusa de despejar mis pensamientos he pedaleado bajo la luna, bajo el sol, bajo la lluvia… He coleccionado cientos de atardeceres y me he dejado llevar tanto por mis pensamientos, que a veces, me he perdido en la noche. Pero estoy tranquilo porque me acompañan Candela y Cometa «hasta las estrellas» para encontrar el camino de vuelta. Eso me ha juntado con pequeñas lucecitas de todas partes del mundo que tienen un mantra en común: “Te quiero, te aprecio, te amo, gracias”.

Uno se da cuenta que debe amar sin medida, porque no la tiene. Una se da cuenta que es muy bonito decir un te quiero, un te amo o un te aprecio de corazón sin que haga falta una moneda de cambio. Uno se da cuenta que un minuto parece muy poco, pero para quien lo necesita, para quien merece ser escuchado, es toda una vida.

Dulces sueños

Jordi de Mallorca

El faro. «Sueños de un Farero» por Jordi de Mallorca (1ª parte)

Han pasado muchos meses desde que publicamos las fotografías de Jordi de Mallorca en el faro de Cap Blanc y aunque tenemos más fotografías suyas, de su bicicleta y de más faros de Baleares, hoy os traemos una nueva sección denominada “Sueños de un Farero”. En esta sección, Jordi nos ilustra sus relatos con vídeos. Nosotros vamos a compartir aquellos en los que nos habla de faros, pero os recomendamos encarecidamente que los veáis todos porque son muy interesantes y, sobre todo, muy personales. Están escritos con mucho sentimiento.

Os dejamos el enlace a su Facebook y a YouTube.

-El Faro-

Es probable que algunas de las personas que lean este texto ya me conozcan un poco y también puede ocurrir que no sepas nada de mí, que sea una novedad o una bonita coincidencia. En ambos casos, sé que es imposible resumir una vida en pocas palabras, pero de aquí en adelante me gustaría llevarte de la mano por un viaje de tres años entre ondas de radio, faros, acantilados, luces, sombras, amor, respeto, cariño y ganas de romper el silencio.

Los faros hoy en día cumplen una función más simbólica que real. Siguen teniendo esa belleza de marcar el límite entre el cielo y el mar, entre la luz y la oscuridad y pase lo que pase, son un punto de referencia. Por todos es sabido que su luz ya quedó obsoleta, que los fareros ya no existen y los pocos que quedan, son solo un recuerdo de lo que fueron. Pero desde hace tres años la palabra farero tiene otro significado. Desde hace tres años su luz llega a través de las ondas.

Es muy probable que alguno de nosotros en la vida caiga en algún pozo profundo llamado ansiedad, pánico, depresión y silencio. Yo llegué a ese punto donde todo es oscuridad, donde nadie te oye ni te abraza, no vaya a ser cosa que se les pegue algo. A partir de ahí aparece la indiferencia, la dejadez y de nuevo el silencio. En esas noches de insomnio uno tiene varias opciones. Dejarse llevar por la oscuridad o buscar la luz. Por casualidad, como tantas otras cosas en la vida, busqué en un dial un hombro al que arrimarme. Me dediqué un año entero a escuchar para entender, a conocerla, a darle tiempo a las cosas, a no forzar nada y de nuevo por destino, esas noches de insomnio se convirtieron en una bonita puesta de sol sobre el faro de Formentor con esas voces y esos hombros que ya formaban parte de mí.

Continuará…

«Raymond» por Fran Sanabre

Volvemos a contar con la colaboración de Fran Sanabre y de su mano vamos a conocer a Raymond. Si queréis saber quién es y su relación con los faros, seguid leyendo.

Raymond

Hay un lugar en la costa de Gales donde existe un faro abandonado, el de Point of Ayr, también conocido como el faro de Talacre. Os suena, ¿verdad? Os contaré más, pero no me sigáis hasta él, por vuestro bien. Iré solo. Sólo puedo acceder a él durante la marea baja por ese camino de piedra que se ve en la foto. Con la marea alta queda rodeado de agua y no es aconsejable quedarme allí aislado. Sube la marea y es de noche, tengo que darme prisa.

Construido en 1776 y dado de baja sobre 1840 (ni un siglo duró el pobre), ha estado abandonado mucho, mucho tiempo. El último farero, del que sabemos que se llamaba Raymond, murió en el faro. Raymond murió de fuerte fiebre y se ve que su espíritu quedó aquí atrapado en una eterna guardia. Pero nuestro fantasma el farero se siente solo y busca compañía a toda costa. A toda costa…

El fantasma se pasea por la pasarela de la linterna, deja sus huellas en la arena cuando la marea está baja e incluso ha encendido el faro. Pero es su soledad lo que hace que sea peligroso. Son varios los casos de visitantes que, tras estar en el faro de Talacre, sufren de altas fiebres. ¿Será cosa de Raymond? No sé, pero yo ya me voy de aquí, por si acaso. Ha subido la marea, toca nadar en la oscuridad.

Ya he dejado atrás el faro y siento que me quedan cosas por contar, que apenas os he hablado de este fantasma ni del viejo faro abandonado. Pero me tengo que marchar, estoy empapado, me duele la cabeza y me siento muy cansado.

… Creo que tengo fiebre.

Visión introspectiva de un faro por Fran Sanabre

Os presentamos una nueva e interesante colaboración. Contamos con la participación de Francisco Sánchez Abreu, aunque a él le gusta firmar con el acrónimo Fran Sanabre. De Las Palmas de Gran Canaria, como buen isleño no puede vivir sin el mar. Ama la literatura y escribe por diversión, con humildad y sin pretensiones. También ama los faros y un día juntó ambas pasiones en un breve relato. «¿Y si dieran de baja un faro en un remoto islote y dejaran abandonado al farero?» pensó. La idea le resultó trágica, pero en toda tragedia se atisba romanticismo. Y más, si hay un faro.

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Faro de Talacre en Gales

Mi Faro

Soy farero en un faro abandonado. Por esta vieja ruta ya no navegan barcos. No llegan provisiones, ya me han olvidado, y como lo que pesco y me remedio sin tabaco. Enciendo la luz cada noche, que ya no alumbra a ningún lado, que no cobija ni da amparo, que es fría, que muere, olvida… <<Por la mañana la apago>>, pienso desconsolado. No duermo, estoy delgado, ya ni leo, ni sueño, ni hago, ni maldigo y enrabieto, ni soy feliz ni enfado. Quiero olvidar a todos, mi familia, mi pasado, quiero olvidar porque duele, y duele que duela, y duele no ser más fuerte para no sentirme desgraciado. Ojalá fuera listo, ojalá hubiera estudiado. Ojalá no fuera un loco, no estaría solo, hablando solo, sólo porque ni libros me quedan que, de frío y locura, los he quemado. Escribo un mensaje en una botella que lanzo con fuerza al mar bravo, mar bravo que la devuelve a la playa donde mi faro. Náufrago a propósito por la vida que he tomado, pero a veces sueño que avisto la luz de un barco.

Fran Sanabre ha creado hace poco un blog llamado «Cuentos del Purgatorio». Desde esta página os animamos a que lo sigáis para poder disfrutar de sus relatos.

 https://cuentosdelpurgatorio.blogspot.com/