Un faro tatuado en tu cumpleaños por Fran Sanabre

¿Es tu cumpleaños y te apetece hacer algo diferente? Pues si quieres una idea original, lee esta entrada porque a lo mejor tú eres el siguiente en tatuarte un faro.

Hace un par de meses fue el cumpleaños de nuestro amigo Fran Sanabre, y como él no es nada convencional, decidió hacerse un tatuaje farero para celebrarlo. Hay varios faros que le atraen, pero se decantó por tatuarse “Pigeon Point” en su muñeca izquierda. Se trata de un faro ubicado en la bahía de San Francisco, California, Estados Unidos.

Este faro está cargado de mucho simbolismo para él. Nos alegramos tanto de que se haya tatuado un faro como de que lo comparta con todos nosotros. El propio Fran nos comenta que no será el último faro que se tatué. Así que cuando decida volver a tatuarse otro os lo mostraremos.

En un rato podremos contemplar cuál es el faro que se ha tatuado Fran.
Instantánea realizada durante el tatuaje.
El resultado final. «Pigeon Point» tatuado en el antebrazo izquierdo.

Otro amigo, Gonzalo Codina, se ha atrevido a colorear el tatuaje. El resultado no puede ser más espectacular. Es más, podría ser una recomendación para ultimar en un futuro este tatuaje.

Gonzalo Codina nos ha sorprendido con esta coloración del tatuaje.

Postales fareras por Fran Sanabre

En las últimas semanas nos hemos habituado a ver en Twitter la fotografía de un buzón de Correos en el que alguien introduce postales fareras. Las postales siempre tienen un faro de las islas Canarias, más concretamente, de la isla de Gran Canaria. A los más observadores les sonará la muñeca izquierda del que deposita las postales, puesto que es un viejo conocido. Se trata de Fran Sanabre.

Con esta entrada al blog, pretendemos hacer un homenaje a alguien que todas las semanas se esfuerza en difundir el patrimonio farero de su isla, Gran Canaria, a través de postales con imágenes de algunos de los faros que hay en esa preciosa isla. Fran le escribe a personas del #TeamFaros y a sus amistades y a todos nos envía alguna postal de faros para que conozcamos los faros que iluminan las costas canarias.

Muchas gracias… seguimos esperando esa bonita frase: Desde Gran Canaria con amor… allá van.

«Málaga» por Fran Sanabre

Os presentamos otro relato escrito por nuestro amigo Fran Sanabre. En esta ocasión, nos transporta a -La Farola- con una historia desgarradora, pero juzgadla vosotros mismos.

Málaga

El 28 de agosto de 1936 se apagaba La Farola de Málaga y Carmen, llorando apesadumbrada, observaba la oscuridad desde el balcón de su casa. Con una mano secaba su cara y, con la otra, buscaba en el bolsillo una carta.

Mi amada Carmen:

Tres meses sin verte y me parecen años, quién nos iba a decir el día que me fui al servicio militar que la guerra tocaría a nuestra puerta. A mí y a otros soldados de Infantería de Marina nos han destinado al crucero Baleares. Ya no estoy en Cartagena, en el Tercio de Levante. Me tratan bien y surco los mares, como siempre habíamos soñado hacer tú y yo. Me gusta, pero me faltas tú, te echo de menos. No hemos entrado en combate, ojalá nunca lo hagamos. No quiero matar a nadie. Por seguridad no puedo decirte cuál es nuestro rumbo, aunque espero hacer escala en Málaga y poder besarte. Sueño contigo despierto y dormido, en el día que vuelva a tus brazos, en tu pelo, tus labios, tus ojos negros mirando al mar, esperándome.

Llevo tu foto en el bolsillo izquierdo, sobre el corazón, junto a la estampa de la virgen que me dio mi madre. Espero pronto ver la luz de La Farola de Málaga, donde nos besamos la primera vez, así sabré que estoy en casa. Te amo. Siempre tuyo: Antonio.

Carmen, la bella malagueña, estrelló la carta en su pecho y gritó de dolor mientras se ahogaba en llanto. Enloquecida, abandonó la idea de peligro y, decidida, se echó a la calle descalza, sólo con un vestido negro. Ya era de madrugada. Evitó ser vista y se movió como un gato por las calles secundarias al amparo de la sombra y los soportales. No se cruzó con ningún soldado de ronda, algo extraño, y llegó con facilidad a la base de La Farola. Deslizó una horquilla del pelo en la cerradura de la casa del farero y hurgó procurando no hacer ruido. Ya no le importaba nada. Casi una hora después la cerradura cedió y abrió la puerta. Nadie la había descubierto. Subió hasta la torre y encendió la linterna. Se coló hasta la pasarela y observó el mar, como si el Baleares fuera a estar allí, esperando. Luego miró al oeste, a la cuidad, y sonrió ante la belleza de Málaga. Suspiró con los ojos cerrados. Ya no volvería a abrirlos. A lo lejos se escuchó un disparo. Un beso de plomo de un francotirador alcanzaba a Carmen, que cayó sin vida desde lo alto. Todavía se la ve en el Muelle de Levante o en la pasarela de La Farola, siempre mirando al mar, esperando.

En 1993, el último farero de La Farola de Málaga, cerraba la puerta y echaba la llave. Una mujer lo sujetó del brazo. Era una joven malagueña que andaba descalza. Él ya conocía al fantasma. Se preparó para responder, como siempre que ella preguntaba:

  • Farero, ¿quién ganó la guerra?
  • Perdimos todos, Carmen.

Visión introspectiva de un faro por Fran Sanabre

Os presentamos una nueva e interesante colaboración. Contamos con la participación de Francisco Sánchez Abreu, aunque a él le gusta firmar con el acrónimo Fran Sanabre. De Las Palmas de Gran Canaria, como buen isleño no puede vivir sin el mar. Ama la literatura y escribe por diversión, con humildad y sin pretensiones. También ama los faros y un día juntó ambas pasiones en un breve relato. «¿Y si dieran de baja un faro en un remoto islote y dejaran abandonado al farero?» pensó. La idea le resultó trágica, pero en toda tragedia se atisba romanticismo. Y más, si hay un faro.

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Faro de Talacre en Gales

Mi Faro

Soy farero en un faro abandonado. Por esta vieja ruta ya no navegan barcos. No llegan provisiones, ya me han olvidado, y como lo que pesco y me remedio sin tabaco. Enciendo la luz cada noche, que ya no alumbra a ningún lado, que no cobija ni da amparo, que es fría, que muere, olvida… <<Por la mañana la apago>>, pienso desconsolado. No duermo, estoy delgado, ya ni leo, ni sueño, ni hago, ni maldigo y enrabieto, ni soy feliz ni enfado. Quiero olvidar a todos, mi familia, mi pasado, quiero olvidar porque duele, y duele que duela, y duele no ser más fuerte para no sentirme desgraciado. Ojalá fuera listo, ojalá hubiera estudiado. Ojalá no fuera un loco, no estaría solo, hablando solo, sólo porque ni libros me quedan que, de frío y locura, los he quemado. Escribo un mensaje en una botella que lanzo con fuerza al mar bravo, mar bravo que la devuelve a la playa donde mi faro. Náufrago a propósito por la vida que he tomado, pero a veces sueño que avisto la luz de un barco.

Fran Sanabre ha creado hace poco un blog llamado «Cuentos del Purgatorio». Desde esta página os animamos a que lo sigáis para poder disfrutar de sus relatos.

 https://cuentosdelpurgatorio.blogspot.com/