Menuda sorpresa nos llevamos anoche cuando recibimos las fotografías que nos envió Miriam Segaró del faro “faro de Santoña”, conocido coloquialmente como “faro del Caballo”, dado que se encuentra en la punta del Caballo, en el monte Buciero.
Como sabéis, Miriam se halla de vacaciones junto a su pareja, Diego. Ella nos mandó fotografías de la “baliza de Punta Roncudo” (Galicia) y nos prometió dos cosas: la primera que iba a visitar un faro que no deja indiferente a nadie y la segunda, que nos contaría la importancia de las escaleras. Ellos son grandes amantes de la naturaleza a los que les encanta realizar grandes caminatas y al llegar al destino suelen descalzarse y hacerles una foto a sus zapatillas de deporte, zapas, para que sean éstas las auténticas protagonistas.
Miriam nos ha dicho que lo que más le representa son los faros y los girasoles (lleva esos dos objetos tatuados en su cuerpo). También ha hecho hincapié en la importancia que tiene la luna para ellos.
Con respecto a la primera promesa, las expectativas se han cumplido, puesto que creíamos que tanto Miriam como Diego se iban a trasladar a la Torre de Hércules, pero nada más lejos de la realidad. Ya que se han desplazado a Cantabria y han visitado este pintoresco faro.
El “faro del Caballo” se halla a 18,5 metros sobre el nivel del mar. Ese dato podría ser irrelevante de no ser porque para acceder a él Ese dato podría ser irrelevante de no ser porque para acceder a él hay que recorrer cuatro kilómetros andando para luego descender por los 763 escalones de piedra que tiene su escalera. ¡Ojo! Que luego hay que ascender por esa escalera y andar la misma distancia. Pero la recompensa merece ese esfuerzo y mucho más, por lo que nadie se queja. Se encendió el 31 de agosto de 1863 y se desactivó en 1993. Finalmente, en 1994, la Autoridad Portuaria derribó la vivienda de los fareros, dejando en pie tan solo la torre. Actualmente, la torre está en un estado bastante deplorable. Como curiosidad podemos decir que, tanto las escaleras de acceso al faro y como el entorno del mismo fueron restaurados por los reclusos del Centro Penitenciario «El Dueso».
Sobre la segunda promesa que nos hizo, la de las “escaleras”, nos ha comentado que, para llegar a un faro, debes recorrer un camino y subir unas escaleras… todo lleva su tiempo para poder iluminar el camino.

Muchas gracias, Miriam.


































