Una llave. «Sueños de un Farero» por Jordi de Mallorca (2ª parte)

Con esta entrada terminamos de compartir el relato de Jordi de Mallorca titulado “Una llave”. Como sabéis publica sus reflexiones y sus vídeos en una sección denominada «Sueños de un Farero». Acompañadnos al -far de Cap Blanc- faro de Cabo Blanco, para conocer el final de este absorbente relato.

-Una llave-

Pierdo el conocimiento con las primeras luces que para mí resultan ser las últimas del día. Lo alargo toda una eternidad. La noche se hace día. No quiero irme cuando estoy bien, porque sé que jamás volveré a vivir ese momento con esa persona. Por eso doy tiempo, por eso escucho. Por eso a veces presto más atención de la que debería y me olvido de mí. No me da miedo vivirlo, ni tiene explicación y quizás es mejor así. Agradezco lo bueno y lo no tan bueno. Quien estuvo, lo hizo en el aquí y el ahora y eso es lo que importa. Nunca me prestaron atención y cuando me la prestan para mí es algo especial. Yo tengo esa llave que me permite cerrar por fuera cuando sea necesario, cuando sienta que ya no hay nadie al otro lado, cuando sienta que lo especial era solo imaginación.

Me dicen muchas cosas: que sea más abierto, que tenga más amistades, que me mueva más, que abra otras puertas, que cierre otras, que haga y aquí entra en juego esa segunda y no menos importante llave imaginaria. Me han dicho que abre un corazón. Es solo uno y muy especial. Al principio no sabía muy bien ni donde guardarla, ni cómo usarla, pero la llevo conmigo, es ligera. Es algo muy, muy especial. Abre el corazón de una vida que vuela de aquí para allá, que brilla mucho, que a veces se apaga, pero luego se vuelve a encender y lo hace con más fuerza que antes. Tiene sus dudas, como todos, sus miedos, sus puntos débiles y fuertes. Y yo tengo esa llave que abre ese corazón cuando lo sienta. Soy muy indeciso y me dan eso que vale tanto. Todavía no la he utilizado. La tengo ahí, guardada y al alcance de la mano, por si en uno de esos momentos se cruza en mi camino y decide que es aquí y ahora cuando debe abrirse ese corazón. No sé muy bien lo que lleva dentro, pero se me antojan cosas bonitas.

Seguiré abriendo tantos faros como pueda, cerrando tantas puertas como sea necesario, perseguiré sin cansarme las primeras luces del día, me fijaré en cada atardecer como si fuera el último y seguiré huyendo de mí mismo el tiempo y las veces que hagan falta. Seguiré a lo mío, sacando fotos al vacío del horizonte para una gran minoría, pediré deseos a las estrellas, abriré la puerta de casa al llegar de alejarme de la nada hasta que se caiga a pedazos mi vida aun sabiendo que detrás de ella nadie me espera, pero que, si cruzo otra puerta con menos miedo y más ganas, sabré que sí hay alguien que me recibe con un abrazo sincero y un corazón abierto. Lo bueno de tener una llave imaginaria es que nunca la voy a perder. Es más, guardo una copia en mi corazón porque sé que allí dentro no existe el olvido.

Jordi de Mallorca

Una llave. «Sueños de un Farero» por Jordi de Mallorca (1ª parte)

Jordi de Mallorca ha compartido en la sección denominada «Sueños de un Farero» tanto vídeos como relatos. Hoy, toca mostraros un relato titulado “Una llave” en el que Jordi además de redactar una historia apasionante ha cuidado hasta el último detalle en su presentación, puesto que se ha desplazado al -far de Cap Blanc- faro de Cabo Blanco, con una llave y la ha fotografiado.

Dada la extensión del relato, hemos decidido junto con Jordi en dividirla en dos entradas.

-Una llave-

Nadie te obliga a nada. Nadie te obliga a darlo todo, a ser tú delante de auténticos desconocidos o seguir tirando de ese circo que me monté donde no hay ni público. Lo tuyo es tuyo y a veces te ves envuelto en momentos y lugares con los que no pensabas, con los que no contabas, con los que compartes tus adentros, que no sabías ni que tenías.

Una llave parece poca cosa, es un trozo de metal con unas formas peculiares, que ocupa poco, que abre mucho y que en buenas manos es un bonito regalo. Por ahora tengo dos llaves. Una la guardo en mi bolsillo de la suerte. Así lo llamo a ese compartimento izquierdo de mi maillot. Está ahí porque el lado izquierdo me recuerda a la irracionalidad, a lo inesperado, a lo intangible. En esos tres compartimentos descansan el móvil, algunos geles, documentos que afirman que soy yo, por si se me olvida quien soy, y las llaves de casa.

El móvil deja de existir unas once horas a la semana, salvo en contadas ocasiones donde se usa para plasmar un momento de luz, un azul turquesa, una puesta de sol o un suspiro que pueda transmitir algo a quien esté al otro lado. Sé que es una batalla perdida, que con cada gesto o pantallazo es un vivir de cara a los demás, que el aquí y el ahora, los aromas, la luz y los colores son intransferibles por una minúscula ventana, pero algo es algo. Los papeles, los geles y el manojo de llaves que abren la puerta de mi casa son solo un lastre en el viaje.

Lo que importa de verdad son esas dos llaves que desde hace un tiempo se vienen conmigo a todas partes, haga sol, llueva, haga frío, viento… da igual. Siempre, siempre, siempre se vienen conmigo. Una de ellas es tangible, la otra es un poco más especial. La tangible me han dicho que es la llave de “El Faro”. Me la dieron en Madrid, donde existe un faro sin mar y que vino de manos de una farera que habita en ese faro. Yo suelo acostarme tarde y siempre digo aquello de “cierro por fuera”. Tengo esa mala costumbre de quedarme un rato más y que me ha ido acercando a gente muy peculiar, con luz propia y que nunca apaga a los demás.

Continuará…