Los cristales de una Fresnel. «Sueños de un Farero» por Jordi de Mallorca (3ª parte)

Seguimos compartiendo el relato de Jordi de Mallorca incluido en una sección denominada Sueños de un Farero. Hoy os traemos la tercera parte de esta historia que sigue enganchándonos cada semana un poco más.

-Los cristales de una Fresnel-

A escondidas no se llega a ninguna parte. La mejor de las esculturas deja de tener sentido si queda escondida bajo una tela en el taller. Debemos darnos a conocer, pero no a lo loco. Debemos escribir, pero sin llegar a lo personal. Que siempre quede una pátina de misterio. Contar, pero no del todo. A la gente le gusta completar frases e historias. Por eso nos gustan más los libros. Completamos a los personajes, les damos la fantasía justa para que todo aquello cuadre. Cuanto más fantásticas sean las historias, mejor.

Se podría decir que el guion de la vida está mejor escrito que cualquier libro, serie o película porque nos sorprende. Aprendamos de ello. Me apetece romper el hielo, ver patrones y, sobre todo, aprender para no caer en las mismas trampas de siempre. Hay que dejarse sorprender. A fin de cuentas, si supiéramos nuestro destino nos volveríamos locos.

A veces desearía ser el geógrafo del Principito. Alguien que sabe un poco de todo sin necesidad de desplazarse y en parte me siento así. Al igual que el personaje, a mí también me falta moverme del sitio, explorar otros mundos, tener otras conversas que no sean conmigo mismo y así, dejar de intoxicarme con mis pensamientos viciados y en bucle. Quiero absorber otras ideas y nutrirme de otros mundos. Quiero dejarme sorprender y si hay que volverse un poco locos, lo acepto.

Siempre tengo muchos prejuicios al conocer a alguien nuevo. Les hago una radiografía de poca resolución. Con apenas un esbozo ya hay un descarte. Por norma general, ese esbozo suele llevarme cerca de hora y media de conversa. Considero que ese es el tiempo necesario que utiliza una persona normal para definirse como ser humano antes de caer en repeticiones o subirse por las ramas. Los hay que sacan un trauma a los 20 minutos de monólogo. Para mí son individuos rotos. Sobre todo, si sucede en un primer contacto. Suelen ser victimistas. El mundo va en contra suya. Por supuesto los hay que sacan todo su arsenal en pocos minutos, no se pueden aguantar y en pocos silencios la persona ya no tiene mucho que contar volviendo una y otra vez al punto de partida y remarcando lo evidente. Lo más lógico que se puede hacer en este primer grupo es alejarse de ellos. No suelen buscar soluciones ni cambios. Solo se centran en los problemas. Desean que por arte de magia los demás los entiendan y que el mundo cambie por ellos. Es un imposible que yo no voy a aceptar.

Continuará…