Os traemos un nuevo e interesante relato de Jordi de Mallorca dentro de una sección denominada «Sueños de un Farero». En ella, como sabéis, Jordi escribe y graba vídeos. En estos relatos, Jordi plasma sus pensamientos y divagaciones, aquellos que normalmente surgen en las acciones cotidianas o mientras da pedaladas por su querida isla de Mallorca.
Bajo el mismo cielo
Al ser humano le gusta encerrarse en sus propios pensamientos y lo lleva haciendo desde que mira a las estrellas. Hacerse preguntas incómodas podría ser sinónimo de hereje. Que curioso que signifique “de libre pensamiento”.
Enjaulados. Así nos quieren. Que siempre haya alguien que decida y piense por nosotros. Es mucho más cómodo vivir en automático. En cierta forma, puede que nos ayude a sobrellevar lo de estar en medio de la nada o a lo de ser insignificantes. Tanto como nuestros pensamientos.
Por no pensar en ese vasto vacío creo que han surgido fábulas, cuentos o historias que en su culto se transformaron en religiones. Quien tenía dos dedos de frente entendía las referencias y los que iba justo de mollera quedaba inmersos en la sencillez del relato. En ambos bandos tratan de apaciguar la mente.
Imagina por un instante que no hay nada. Tampoco lo había antes de nacer. Esa certeza la tengo presente desde hace años. Vivimos en un absurdo. ¿Cómo lo digieres?¿Da angustia verdad?
Desaparecemos muy rápido. Somos el último recuerdo de quien nos piensa. Más allá del tiempo, aunque queden escritos, fotos o vídeos de nosotros, nuestra esencia, aquello que nos define, desaparecerá. Así de simple.
Sigo mirando a las estrellas y me hago preguntas. A veces desearía compartirlas con alguien y volvemos a caer en lo mismo. Parece que todo el mundo va con prisas a ninguna parte y luego tienen tiempo y dinero para entretenimientos perpetuos, metas infinitas y dejan a un lado lo más obvio. Que el reloj de arena no para y que este preciso instante, por más que vuelvas a girar la ampolla, jamás volverá.
¿Somos conscientes de ello o preferimos evadirlo? ¿Por qué nos perdemos en detalles que no importan? ¿Cuándo y con quien hablamos de lo que de verdad nos importa? ¿Tienen miedo? ¿Por qué cuesta tanto tener una conversación?
Quizás solo había que mirar a las estrellas y hacerse preguntas. No para obtener respuestas, sino para no dejar nunca de ser curiosos, de pensarse. Porque el día que dejamos de hacernos preguntas empezamos a morir lentamente.
Jordi de Mallorca. ![]()