Bonus track de «Portland Head» por Fran Sanabre

Primer domingo de septiembre y hay cosas que no cambian, puesto que nuestro amigo Fran Sanabre @faroabandonado continúa deleitándonos con sus relatos. En esta ocasión nos narra el origen de

Portland Head

Hay una cosa que no dije sobre Portland Head, algo que pasó en la niebla. No tiene nada que ver con la historia, pero merece la pena contarlo, así que volvamos a mi pesadilla. Volvamos a Boston.

¡Mi primer spin off, yuju! Si quieres, primero puedes leer esto para ponerte al día.

https://www.losfarosdelmundo.com/portland-head-por-fran-sanabre/

Vale. La niebla, ¿no? Ahí estaba yo, caminando por el mundo sin saber a dónde y sin llegar a ninguna parte, perdido. Llevaba días así. El hambre y la sed golpeaban duro y mi cerebro, traicionero, me hablaba de la muerte en aquella soledad eterna.

Lo de la niebla fue muy largo, demasiado. Para la próxima me matan rapidito, por favor. Por suerte sí que encontré a algunas personas allí, en el vacío, aunque de poco sirvió, nadie me ayudaba. Lo bueno es que me dejó una anécdota simpática.

Entre las pocas que vi, una de aquellas personas estaba de pie ante un lienzo sobre un caballete. Era un tipo de mediana edad, alto, alopécico, de ojos claros y mirada triste, con una tímida sonrisa queriendo escapar por la comisura de sus labios.

Comencé a hablar sin parar, dando voces y gesticulando, pero sólo obtenía silencio por respuesta. Quizá alguna educada sonrisa o una condescendiente caída de ojos. Me dió agua y algunas galletas.

-¿Qué pintas? -pregunté.

Sin decir palabra, señaló a mi espalda: ¡El faro!

Corrí hacia él. A riesgo de perderlo de vista en mitad de la niebla (y así fue), me di la vuelta para preguntar a mi nuevo amigo por su nombre.

-Edward -respondió-, y ahora vete, por favor, necesito estar solo.

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Lighthouse and buildings. Edward Hopper (1927)