Ser Faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (5ª parte)

Finaliza el interesantísimo relato de Jordi de Mallorca dentro de la sección denominada “Sueños de un farero”.

SER FARO

Todos queremos ser faros, pero pocos tenemos la fortaleza, el compromiso y la capacidad de dar luz en momentos delicados. Hay que ser muy fuertes para atravesar la oscuridad, la tormenta y la niebla sin dudar. Hay que ser muy fuertes para brillar con luz propia, muy valientes para hacerlo a cara descubierta y muy valiosos para no pisar a nadie por el camino sin ensombrecer a nadie. Por naturaleza el ser humano es envidioso, egoísta, mediocre, vanidoso, narcisista, manipulador… Copiará conductas con tal de agradar al que le interesa, dejará de lado los sentimientos, se volverá un psicópata si hace falta por alcanzar unas metas que en muchas ocasiones ni se merece.

En mi cabeza quiero ser faro. También creo que ahora mismo no me lo merezco, que me viene grande esa tarea y quizás sea otro imposible, como aquello de ser feliz, pero quiero pedir ese deseo para mí. Quizás tenga que dejar de perseguir y dejarme encontrar, como hacen los faros. Ellos están allí, soltando su luz. No depende de ellos su buen o mal uso. Dan todo lo que tienen sin pedir nada a cambio. Una simple advertencia constante que si es ignorada trae consecuencias. Me quiero arriesgar, quiero afilar mis pensamientos y con ellos mis palabras para que algún día pueda ponerlas en el lugar adecuando y con la persona indicada. Sin cansarme, sin esperar nada de nadie. Será difícil, pero no imposible.

Quiero ser luz para vencer a la oscuridad, alejarme de personas que son pura fantasía, aprender, equivocarme, fracasar, dejar de escribir y empezar a vivir para sentirme vivo. Creo que se trata de eso. De dejarse de tonterías y dejarse vivir. Mi único miedo es hacerlo solo y que mis actos caigan al vacío del mar. Pero me tengo a mí, con eso será suficiente.

Jordi de Mallorca

Ser Faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (4ª parte)

Continuamos con el relato de Jordi de Mallorca en la sección denominada “Sueños de un farero”. Hoy os mostramos la cuarta parte. Desgraciadamente, este relato va llegando a su fin pero sigamos disfrutando.

SER FARO

Hay más grupos, con más ideas y más complejos, pero no quiero extenderme. Los hay que pueden hablar horas y horas y horas. Lo hacen saltando de un tema a otro sin terminar de cerrar el anterior. Es como ir abriendo cajones de forma frenética sin sacar nada de ellos. Suelen apropiarse de pensamientos ajenos. La propia crítica les irrita bastante. Siempre llevan su verdad por delante y no están abiertos al cambio. Lo más destacable de este segundo grupo es que a pesar de hablar mucho, no dicen nada, no hay profundidad en el discurso y enseguida ya saltan a otro tema. Suelen llevar el ritmo de la conversa y si les das cuerda no tienen tope, no van a parar. Yo he estado en este grupo muchas veces.

Algunos creo que lo hacen por aburrimiento, por falta de amistades y por falta de empatía. Se sumergen en un tema, no tienen con quien hablarlo y luego explotan delante del primero que pasa por allí o pone la oreja sin que nadie haya preguntado por ello. Eso es un grave error. Lejos de agradar lo que se consigue es el efecto contrario. A nadie le gusta saludar con un tímido hola y recibir la cuarta entrega del señor de los anillos en una llamada, en un mensaje o en un audio infinito.

Tanto el primer grupo como el segundo son peligrosos. Un simple hola se puede convertir en horas de conversa vacía y yo detesto eso. Por eso hay que aprender a decir que no y poner límites. Nuestro tiempo es lo más valioso que tenemos. Detesto hablar de los demás, de política, de deporte, del tiempo, de economía y de tantas otras cosas que son cíclicas y que no llevan a ninguna parte. Hablemos de la vida. De lo raro que es todo esto. De si hay vida antes de la muerte. Hablemos de nosotros sin caer en el egocentrismo. Compartiendo. ¿Pero con quién? ¿A quién le damos esa llave tan importante?

En el fondo me gustaría formar parte de un tercer grupo. De aquellos que hablan poco, pero que cuando lo hacen es porque de verdad tienen algo que contar. Nutren, saben lo que dicen, lo que quieren y rara vez se equivocan. Lo tienen muy claro. Ese tercer grupo es oro. Yo creo que existen, pero se esconden para que no los atrapen los del primer y segundo grupo. Tiene su lógica. Si eres valioso, irán a por ti. Por otra parte, si sabes tu valor jamás vas a desperdiciar tu tiempo y tus ganas y aquello que te ha costado tanto conseguir con individuos vacíos. Si estás lleno de amor, de respeto, de confianza y de buenas acciones, sería absurdo quemar lo que más quieres con aquellas personas que son un agujero negro…

Continuará

Ser Faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (3ª parte)

Continuamos con el relato de Jordi de Mallorca en la sección denominada “Sueños de un farero”. Hoy os mostramos la tercera parte de un relato que sigue cautivándonos. Esperamos que os guste tanto o más que las anteriores.

SER FARO

Se podría decir que el guion de la vida está mejor escrito que cualquier libro, serie o película porque nos sorprende. Aprendamos de ello. Me apetece romper el hielo, ver patrones y sobre todo aprender para no caer en las mismas trampas de siempre. Hay que dejarse sorprender. A fin de cuentas si supieramos nuestro destino nos volveríamos locos.

A veces desearía ser el geógrafo del Principito. Alguien que sabe un poco de todo sin necesidad de desplazarse y en parte me siento así. Al igual que el personaje, a mí también me falta moverme del sitio, explorar otros mundos, tener otras conversas que no sean conmigo mismo y así dejar de intoxicarme con mis pensamientos viciados y en bucle. Quiero absorber otras ideas y nutrirme de otros mundos. Quiero dejarme sorprender y si hay que volverse un poco locos, lo acepto.

Siempre tengo muchos prejuicios al conocer a alguien nuevo. Les hago una radiografía de poca resolución. Con apenas un esbozo ya hay un descarte. Por norma general, ese esbozo suele llevarme cerca de hora y media de conversa. Considero que ese es el tiempo necesario que utiliza una persona normal para definirse como ser humano antes de caer en repeticiones o subirse por las ramas. Los hay que sacan un trauma a los 20 minutos de monólogo. Para mí son individuos rotos. Sobre todo si sucede en un primer contacto. Suelen ser victimistas. El mundo va en contra suya. Por supuesto los hay que sacan todo su arsenal en pocos minutos, no se pueden aguantar y en pocos silencios la persona ya no tiene mucho que contar volviendo una y otra vez al punto de partida y remarcando lo evidente. Lo más lógico que se puede hacer en este primer grupo es alejarse de ellos. No suelen buscar soluciones ni cambios. Solo se centran en los problemas. Desean que por arte de magia los demás los entiendan y que el mundo cambie por ellos. Es un imposible que yo no voy a aceptar…

Continuará

Ser Faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (2ª parte)

Continuamos con el relato de Jordi de Mallorca en la sección denominada “Sueños de un farero”. Hoy os mostramos la segunda parte. Esperamos que os guste porque mañana habrá más.

SER FARO

Dicen que uno recibe lo que da, que recoge lo que siembra y que atrae lo que es. ¿Por qué tanto silencio? ¿Por qué esta ausencia de amistades? ¿Por qué tan pocas ganas de salir adelante? ¿Por qué la poca gente que me rodea está tan reventada? ¿Por la ausencia de deseos propios? ¿Es por eso? ¿Por qué no hay ni deseos ni metas? ¿Por qué mis deseos son siempre para los demás? ¿Es por eso? Es cierto que soy muy complaciente con los demás. Que no paro de dar vueltas como esas lentes Fresnel en mitad de la noche. Que hago tiempo y lo doy todo a quien me da un mínimo de atención. Cambio migajas por oro. Enseguida contesto. Cojo el teléfono a cualquier hora, en cualquier situación. Hago todo lo que me hubiera gustado encontrarme cuando estaba en el mayor y más profundo de los pozos. Justo cuando no había nadie. Y todo esto no funciona en este mundo. La gente pasa hasta de ella misma. Es así. Se evaden, se inventan mil quehaceres con tal de no pensar ni enredarse en otras vidas.

Se por activa y por pasiva que quien quiere estar, está. Soy el vivo ejemplo de esto. Ni en trabajos que me ocupaban gran parte de mi día decía que no tenía tiempo. Solo apartaba a aquella gente que no sabía lo que quería en sus vidas y es justo lo que siento que están haciendo conmigo. Así que yo mismo me estoy respondiendo. Cuando hemos tenido una meta, una razón de ser, por absurda que parezca, no solamente nos hemos sentido mejor, sino que también hemos atraído a otro tipo de gente. Con más valor. Con otras ideas. Aquello resultaba atractivo. Ahora que tenemos tiempo de sobra, que lo quemamos sin razón y que no hay un faro en la distancia, eso mismo resulta ser una actitud esquiva y errónea.

Habrá que cambiar el rumbo. Ya lo hicimos varias veces. Sabemos de qué va todo esto. No va de aparentar. No va de desvivirse para llenar a otros. Debemos querernos a nosotros y llenarnos de amor. ¿Pero cómo? ¿Cómo se hace eso? ¿Dónde se encuentra esa motivación que hace que te levantes de la cama, sin excusas y sin pereza? Hay que hacer cosas, sí, tener deseos y metas a medio, corto y largo plazo. ¿Pero cuáles? Ahora mismo no tengo ni idea. Parece que se me da bien escribir, dibujar, remover emociones enquistadas y hablar por hablar, pero a solas.

A escondidas no se llega a ninguna parte. La mejor de las esculturas deja de tener sentido si queda escondida bajo una tela en el taller. Debemos darnos a conocer, pero no a lo loco. Debemos escribir, pero sin llegar a lo personal. Que siempre quede una pátina de misterio. Contar, pero no del todo. A la gente le gusta completar frases e historias. Por eso nos gustan más los libros. Completamos a los personajes, les damos la fantasía justa para que todo aquello cuadre. Cuanto más fantásticas sean las historias, mejor…

Continuará

Ser Faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (1ª parte)

Nuevo relato de Jordi de Mallorca en la sección denominada “Sueños de un farero”. Seguimos con unas historias muy personales en las que Jordi nos habla desde lo más profundo de su corazón. Este relato es muy amplio, así  que hemos acordado con el beneplácito de Jordi para dividirlo en cuatro partes que además vamos a publicar durante cuatro días seguidos.

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SER FARO

La ansiedad va y viene, no nos deja dormir y luego por la mañana nos deja tranquilos para volver sin aviso por la tarde. Es así de cabrona e imprevisible. Te quita el placer de disfrutar de esos pequeños momentos ante una puesta de sol donde los lentes de un faro van a tomar la acción de la noche. Estás para otras cosas.

De vuelta a casa, caminando se hace camino y no paro de pensar. Pienso, pienso y pienso y ese pensamiento se transforma en una presión en mi cabeza y aparece una flotabilidad en todo el cuerpo difícil de gestionar. Mi pecho se vuelve pesado y mi cabeza jamás descansa, da vueltas, como la lente de ese faro, pero en mi caso sin un motivo aparente. Hablo a solas todo el tiempo. Tengo conversas imposibles, conversas que se que jamás tendré con nadie.

Hace poco me soltaron un: “tú lo que quieras, aquí estoy para lo que haga falta”. ¿Cuál es mi sorpresa? Que cuando soltamos cuatro palabras del millón que llevamos encima, aquellas personas que decían estar para arrimar un hombro, desaparecen. De nuevo andamos a solas. Si hablamos y contamos, lo hacemos de más. Entonces estamos muertos. Si callamos y desaparecemos como ermitaños nos estamos tirando tierra encima. Nos mandan a la psicóloga para que “arreglemos lo nuestro”. Supongo que lo nuestro se arregla hablando, abrazando de corazón y besando. Qué curioso que cuando más necesitamos cariño no hay nadie que nos ampare. Nunca lo hubo y parece que nunca nos hará falta.

Me han llamado neutro y yo soy de extremos. Me siento la última opción antes de naufragar. Cuando la gente está aburrida de aburrirse, entonces cree en mí.

Es curioso que lo hagan siempre en momentos delicados, con cierta desesperación. Me he acostumbrado a ello. A recibir el llanto y la rabia como el que recibe unos buenos días con la mejor de las sonrisas. Hace años que no recibo unos buenos días de corazón, sin ese caballo de Troya que nos meten con calzador, aparecen individuos con problemas que no son problemas y otras emociones que ya cansan a estas alturas…

Continuará

Recopilación de vídeos de «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (2ª parte)

Seguimos disfrutando de la sección denominada «Sueños de un farero», hoy compartimos con todos vosotros los nuevos vídeos de Jordi. En ellos nos cuenta pequeños monólogos y sus reflexiones a pedales, siempre relacionados con el tema de «El Faro». En los vídeos aparecen: su inseparable bicicleta con Cometa y Candela, faros y alguna que otra torre defensiva de las muchas que hay por Mallorca, su isla.

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1. Dedicar

2. Esperar

3. Etiquetas

4. Manga

La semana que viene os mostraremos en una nueva entrega de «Sueños de un farero» más vídeos de Jordi de Mallorca. No os los perdáis.

Recopilación de vídeos de «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca (1ª parte)

Tras mostraros los relatos de Jordi en la sección denominada «Sueños de un farero», hoy compartimos con todos vosotros sus vídeos. En ellos, Jordi graba sus ideas y reflexiones a pedales, relacionándolos con el tema de «El Faro». En los vídeos aparecen: su inseparable bicicleta con Cometa y Candela, faros y alguna que otra torre defensiva de las muchas que hay por Mallorca, su isla.

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    1. Deseos

    2. Diez

     3. Es ella

4. Pasar

Gracias Jordi. Seguimos tu trayectoria y por supuesto estaremos encantados de seguir compartiendo tus creaciones.

Polvo de estrellas «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca

Nuevo relato de Jordi de Mallorca en la sección denominada “Sueños de un farero”. Seguimos con unas historias muy personales en las que Jordi nos habla desde lo más profundo de su corazón. En esta ocasión queremos agradecerle la modificación que ha hecho para que su historia se ajuste al contenido del blog. Así, que de nuevo, -gracias Jordi-.

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Polvo de estrellas

Tener un lugar que nos salve del bullicio de la vida es un privilegio estos días. Esa burbuja permite que seas tú. La mía está en un faro. De noche y justo antes de acostarme, dejo que me acaricie el salitre del mar bajo un manto de estrellas. Unos largos minutos son suficientes para curarme las heridas hechas por una realidad que lo destroza todo a su paso. Aquí el tiempo y el espacio se funden en uno solo.

Cada día aprendo algo nuevo sobre esta rara inmensidad a la que me expongo. Debían tener mucha imaginación para ver cazadores, escorpiones, balanzas y carros a partir de pequeños puntitos luminosos. Todavía se me escapan los nombres de cada estrella, sus constelaciones y significados. Me abruma todavía más cuando miro al mundo real. Todo son datos precisos, magnitudes y conceptos difíciles de entender, pero no me importa, yo fantaseo con pasados remotos.

En esta soledad buscada existe una unión extraña y divina. La mente se abre y a pesar de estar en vidas y tiempos distintos, entendemos que al final lo más importante es el presente. No hay números ni ciencia que expliquen esto. Sin querer, hay una predisposición para viajar a otros mundos. En ellos hemos encontrado respuestas a preguntas imposibles y todo eso está ahí, en esa preciosa y brillante cúpula.

Puede parecer un error ir al mismo sitio y a la misma hora una y otra vez para encontrarse a uno mismo, pero te equivocas. Es un portal y al igual que en sueños, cada día es distinto. Habrá tantas preguntas, respuestas, deseos y emociones, como estrellas en el cielo. Estoy seguro que grandes personajes de la historia hicieron lo mismo. Dedicaron unas horas de sus cortas vidas a esclarecer sus mentes, mirando, soñando o imaginando al cosmos. Recordando que somos polvo de estrellas y que en esos ratos de conexión con ellas, es muy bonito decirles a la cara que nos amamos, que no estamos solos y que algún día volveremos a estar junto a ellas.

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El tiempo, los faros y los agujeros negros «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca

Os traemos un nuevo relato a esta sección de Jordi denominada “Sueños de un farero”. Esperamos que os guste tanto o más que a nosotros. Si no podéis esperar a la siguiente publicación os recomendamos ver en las redes sociales los trabajos de Jordi de Mallorca.

El tiempo, los faros y los agujeros negros

El tiempo no para, sigue a su ritmo y es relativo. Sentimos en carne propia como una misma tarea de diez minutos se puede convertir de forma absurda en meses. Decimos que no depende de nosotros, que nos falta tiempo, que la vida va muy deprisa… Si nos dejamos llevar, por una parte es así y por la otra vemos que nos disfrazamos de excusa para no ver una realidad que siempre estuvo allí. La solución está más cerca de lo que imaginas.

Nuestra energía, al igual que el tiempo es limitada. Deberíamos disfrutar de ese recurso tan escaso para no arrepentirnos. Hacer aquello que nos llene de verdad, nutrirnos con pequeños detalles que llenen el alma. En realidad es lo único que importa. Tenemos ese superpoder y muchos lo desperdiciamos.

¿Cuantos te quiero se han perdido en la nada? ¿Cuantos besos y abrazos se han quedado enquistados en el corazón? ¿Cuantas palabras llenas de amor se quedaron en la punta de la lengua? ¿Cuantas conversas profundas tuviste en los últimos años? ¿Muy pocas verdad? Todas ellas acariciadas por la brisa de un «no tengo tiempo» y en realidad no cuesta tanto hacer un paréntesis en la vida. Usemos ese superpoder, paremos el tiempo con un beso, un abrazo, un te quiero de verdad o un te amo con locura. Hablemos, besemos, abracemos y digamos lo que sentimos sin miedo. Paremos el tiempo ¿Por qué renunciar a ello?

Dejemos de complacer a los demás por egoísmo o por seguir sus ritmos. Usemos el tiempo para sembrar amor en nuestro jardín y entonces como si de un truco de magia se tratara veremos que todo lo que nos rodea será un reflejo de lo que somos. No podemos dar si no tenemos nada. Observa a esas personas que son como agujeros negros, como un jardín sin flores. Verás que no sembraron nada. Solo buscaron llenarse con alguien que cubra sus carencias, descuidando lo que debían hacer para que aquello siguiera floreciendo. En realidad dedicarse tiempo a uno mismo es algo que debemos hacer. Si nos descuidamos podemos terminar como uno de esos agujeros negros o jardines sin flores. Hoy en día regarse y cuidarse de puertas hacia dentro es raro, algo así como un lujo.

Algunas almas a pesar de estar en la distancia, son un faro, una luz que debemos seguir o cuidar. Tienen sus propios tiempos. Al contrario que los anteriores, incluso después de fallecer, se hacen inmortales. Su luz sigue encendida. Estén donde estén los sentimos muy cerca. Gente extraordinaria que vale la pena conocer y que por norma general no se quejaba, simplemente vivía, disfrutaba, cuidaba su jardín y enseñaban el camino a seguir por si algún valiente lo quería intentar. Aprendamos de ellos. No es fácil, pero tampoco es imposible.

Lo importante es darnos tiempo, regarnos, soñar, cuidarnos, estar aquí y ahora con quien tenga unos latidos parecidos a los nuestros. Dependerá de ti aprovechar el tiempo, desperdiciarlo, ir hacia la luz o hacia la oscuridad, arrancar flores o sembrarlas, ser un agujero negro o un faro en la noche. Depende de ti, de tu tiempo y de tus actos.

El faro «Sueños de un farero» por Jordi de Mallorca

Han pasado muchos meses desde que publicamos las fotografías de Jordi de Mallorca en el faro de Cap Blanc y aunque tenemos más fotografías suyas, de su bicicleta y de más faros de Baleares, hoy os traemos una nueva sección denominada “Sueños de un farero”. En esta sección, Jordi nos ilustra sus relatos con vídeos. Nosotros vamos a compartir aquellos en los que nos habla de faros, pero os recomendamos encarecidamente que los veáis todos porque son muy interesantes y sobre todo muy personales, escritos con mucho sentimiento.

Os dejamos el enlace a su Facebook y a YouTube.

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Los escritos de Jordi y su pluma con misterio…

EL FARO

Es probable que algunas de las personas que lean este texto ya me conozcan un poco y también puede ocurrir que no sepas nada de mí, que sea una novedad o una bonita coincidencia. En ambos casos, sé que es imposible resumir una vida en pocas palabras, pero de aquí en adelante me gustaría llevarte de la mano por un viaje de tres años entre ondas de radio, faros, acantilados, luces, sombras, amor, respeto, cariño y ganas de romper el silencio.

Los faros hoy en día cumplen una función más simbólica que real. Siguen teniendo esa belleza de marcar el límite entre el cielo y el mar, entre la luz y la oscuridad y pase lo que pase, son un punto de referencia. Por todos es sabido que su luz ya quedó obsoleta, que los fareros ya no existen y los pocos que quedan, son solo un recuerdo de lo que fueron. Pero desde hace tres años la palabra farero tiene otro significado. Desde hace tres años su luz llega a través de las ondas.

Es muy probable que alguno de nosotros en la vida caiga en algún pozo profundo llamado ansiedad, pánico, depresión y silencio. Yo llegué a ese punto donde todo es oscuridad, donde nadie te oye ni te abraza, no vaya a ser cosa que se les pegue algo. A partir de ahí aparece la indiferencia, la dejadez y de nuevo el silencio. En esas noches de insomnio uno tiene varias opciones. Dejarse llevar por la oscuridad o buscar la luz. Por casualidad, como tantas otras cosas en la vida, busqué en un dial un hombro al que arrimarme. Me dediqué un año entero a escuchar para entender, a conocerla, a darle tiempo a las cosas, a no forzar nada y de nuevo por destino, esas noches de insomnio se convirtieron en una bonita puesta de sol sobre el faro de Formentor con esas voces y esos hombros que ya formaban parte de mí.

El siguiente paso era romper el silencio. Parece fácil, las normas son claras. Tienes un minuto para contar lo que quieras sobre el tema del día. Lo hice con una condición. Contaría las cosas sin un disfraz, sin engaños. En ese minuto sería yo. Sé que es solo un programa de radio… entretenimiento… pero tenía ganas de romper el silencio. Siempre nos dicen que uno atrae lo que lleva dentro, que uno recoge lo que siembra. Quizás por eso hay tantos temores a mostrarse tal y como somos. Quizás por eso solo queremos que se conozca una pequeña parte de nosotros. Preferimos una buena mentira a una mala verdad ¿por qué no dejar que el tiempo, las ganas y el destino nos junten con aquello que somos? ¿por miedo? Que importa eso. La recompensa es mucho mejor que esa barrera mental impuesta por la sociedad.

Así que minuto a minuto fui soltando todo aquello que llevaba dentro. Sin esperar nada a cambio, sin pretender ser alguien que no soy. Lo hice por el placer de ser yo y de aportar algo en un lugar donde me recibieron con los brazos abiertos. Justo como hora. Allí se ha mostrado la parte oscura y la parte luminosa, se ha cantado, se ha reído, se ha llorado, se ha odiado y se ha amado. También se agudizó el ingenio dando una segunda vida al despiece de un velero. Convirtiendo una varilla de aluminio y un pomo de latón en una pluma estilográfica. Era un pequeño gesto de amor hacia alguien que aprecias porque sin querer, dio voz y luz a quien por norma no la tiene y dio el valor que se merece a esas pocas palabras que hoy me han traído hasta aquí.

Es bonito ver que con tan poco, uno llega tan lejos. Es una sorpresa que la misma persona pase de ser una sombra, a alguien habitual y que lo llamen “Farero”. Solo con unas pocas palabras: “Lo que se dice en el Faro… se queda en el Faro”. Con tan poco y con todo a la vez. No estoy diciendo que vayas contando tu vida por ahí, no estoy diciendo que lo tires todo por la borda. Se trata de algo más simple. Se trata de ajustar el rumbo, de darle la importancia justa a los pequeños gestos, a esos cambios de viento, o a los pequeños pasos del día a día. Te darás cuenta que lo que importa de verdad no es el destino, sino lo que estás navegando.

Hacer ese ejercicio me ha llevado a lugares muy bonitos. Con la excusa de despejar mis pensamientos he pedaleado bajo la luna, bajo el sol, bajo la lluvia… He coleccionado cientos de atardeceres y me he dejado llevar tanto por mis pensamientos, que a veces, me he perdido en la noche. Pero estoy tranquilo porque me acompañan Candela y Cometa «hasta las estrellas» para encontrar el camino de vuelta. Eso me ha juntado con pequeñas lucecitas de todas partes del mundo que tienen un mantra en común: “Te quiero, te aprecio, te amo, gracias”.

Uno se da cuenta que debe amar sin medida, porque no la tiene. Una se da cuenta que es muy bonito decir un te quiero, un te amo o un te aprecio de corazón sin que haga falta una moneda de cambio. Uno se da cuenta que un minuto parece muy poco, pero para quien lo necesita, para quien merece ser escuchado, es toda una vida.

Dulces sueños